La
tortuga que conoces
no es hoy como hace mil años
ni tenía en ese tiempo
una cazuela de barro.
Un pequeño la encontró
entre las hojas llorando,
le dio el niño a la tortuga
una casa por regalo.
Y en un códice aparece
que un tlacuilo mexicano
le pintó compadecido
las grecas del carapacho. |