Verano
de tarde lluviosa,
las aves agazapadas entre las copas
de los viejos árboles de ramón.
Las calles se hallan silenciosas,
los almendros y robles del parque
testigos de mi decepción.
Oscuras
nubes han empatado
la tarde con la noche.
Mi cita primera, plantada ha quedado.
Truenos que cimbran mi corazón,
arterias del cielo que se muestran
en serpentinas luminosas;
adolecen mi pecho, donde no cabe razón,
empapa la lluvia mi rostro,
cala mi espíritu la negación.
Mi alma adolescente se rebela
a la magnificencia divina.
Recuerdos son hoy,
en esta tarde que huele a tierra mojada.
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