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Los
vicios del aire en el aire vienen.
Los vicios del mar en la mar viven.
Los vicios de la tierra en la tierra anidan.
Lo diabólico es que se adueñen del hombre,
le vacíen el alma, y el hábito del mal
obre hasta perdernos en un vuelo sin corazón.
Cada
caminante ha de saber
qué camino ha de tomar, qué camino ha de vivir.
Nadie
se llame a engaño, pues, ¡todo vino
por el hombre y al hombre vuelve!,
porque cada andar es una arteria de trinos,
unas veces despierta primaveras
y otras adormece la virtud de ser la rosa.
Todo
es camino para sí con los demás,
con los demás para sí,
en este ruedo de luces, en esta rueda de sombras.
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