Horizonte de inmaculado matiz,
ara de inspiración del mortal,
sosiego de mis pensamientos,
auspicio de mi hora fatal.
Declina sin más el día,
leves suspiros mi presencia delatan,
una que otra gaviota sobrevuela
a la par de mis pasos en las escolleras.
Cada golpe de las olas
rompe el letargo del tiempo
de las interminables horas,
horas mundanas del hombre.
Aliento tras aliento
en armoniosa despedida,
conmutan en el cielo
por estrellas encendidas.
Se ha callado la noche,
se ha callado la mar,
las gaviotas se han marchado
para no tener que llorar.
Es la media noche,
yaciente sobre las escolleras,
mi desnudo y mustio pecho
esperando de las infinitas estrellas
soltar sus dagas diamantadas.
Agonía fatuo sin religión.
Sin sufrimiento ni dolor,
sin recuerdos ni nostalgias.
Sólo es holocausto al amor. |