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Singular respeto / Andrés González Kantún*

 
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Como todas las tardes, padre e hijo fraternalmente acostumbraban a ver la televisión en la sala de estar.

Cierto día llamaron a la puerta  y el papá fue a abrir seguido del pequeño. Su sorpresa no tenía límites; era un contemporáneo de estudios.

—¡Hola, Gato! ¡Cuánta alegría me da verte!  ¡Adelante! ¡Ésta es tu casa!  ¡Qué esperas, pasa!

Días después se repitió la visita, pero en esta ocasión fue el niño quien abrió.

De la manera más natural saludó al recién llegado:

—Amigo mío, bienvenido, Gato, Gatito, pásale. Esta es tu casa.

Cuando quedaron solos,  el padre recomendó al pequeño:

—En la próxima ocasión en que regrese mi amigo debes llamarlo por su nombre, el cual es Juan.  Si yo le llamo con ese apodo es porque nos llevamos muy bien cuando éramos estudiantes. En cambio tú, apenas lo conoces, y además eres un niño. No lo olvides, debes guardarle respeto y llamarlo por su nombre,  ¿de acuerdo?

De acuerdo, papá.

Más temprano que tarde se suscitó otro encuentro.

El pequeño, al advertir la presencia del amigo, quiso seguir las recomendaciones de su progenitor, pero se le había olvidado el verdadero nombre.

Y estuvo pensativo durante un buen rato, hasta que reaccionó, dibujándose en su rostro una picaresca sonrisa y  de manera correcta, según él,   invitó:

—Hola don Gato. Pásele, don Gato. Esta es su casa. Pásele.

El papá no pudo contener una explosiva carcajada por la salida tan ingeniosa y llena de ingenuidad de su hijo.

 
*Andrés Jesús González Kantún nació en Calkiní; es profesor y narrador de historias y costumbres. / Fuente: Un viaje folklórico por el solar nativo. Andrés Gomzález Kantún; Edición del Ayuntamiento de Calkiní, Campeche, 2007. 82 pp.