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Hamacas y Sueños, un poemario de Francisco Ucán Marín / Fernando Veas Mercado

 
Portada
 

El poema que abre Mi hamaca azul nos habla de un objeto  que para la gente del sur es casi desconocido.Para los de la cultura Maya fundamentalmente es un símbolo muy rico.  En efecto, en la hamaca no sólo se descansa, también se duerme, se sueña, se hace el amor, se nace y se muere. La hamaca significa primitivamente árbol; va hacia lo alto y hacia la tierra: ramas, raíces. La hamaca es el espacio primigenio, abandonado por el hablante. Su evocación origina ese discurso.

Mi hamaca azul está vacía
Le duele cada cuerda,

La hamaca contiene todo lo que es el hablante

cada espacio
cada triángulo tiene una historia,
cada soga ha sido tatuada
de sal, mar y recuerdos

Y también:

Mi hamaca azul cada vez,
Tiene sueños más locos

Sólo una imaginativa recuperación podría hacer recuperar ese tiempo-espacio feliz en el que no existía el frío y se podían imaginar proyectos que, de alguna manera aún podrían realizarse como lo expresa la estrofa tercera sin lograrlo: 

Sueña que vuela
Me busca
Y me encuentra en el hielo eterno,
Envisiona conquistar el mundo,
En iglúes o desiertos.

La hamaca ha conservado todos los anhelos y ha albergado todos los deseos; también todos los temores; ha quedado marcada por lo bueno y lo terrible:

Tiene manchas imborrables de lo sueños del ocupante:

De café, sangre y pitahaya.
Con el paso de los años
Ha adquirido la forma perfecta,
Ha dormido con dragones y monstruos,
Con alegrías y tristezas.

La hamaca ha sido el sitio sagrado en el que el hablante ha sufrido y soñado, imaginado y vivido; la hamaca ha sido su confidente y su refugio:

He llorado en sus cuerdas, ahí he vertido mis fantasías,
 mi inocencia,
 mi juventud
y mis sueños.

pero ahora todo eso no es más que un recuerdo, la hamaca está dolida y el hablante se percata y lamenta que su alejamiento, tal vez para realizar sus sueños, o porque la vida le ha lanzado lejos,  la haya entristecido. La hamaca ha sido fiel; ahora, están separados, el hablante se ha alejado de esa realidad que contribuyó a constituir y de la que ahora lamenta haberse cortado

Mi hamaca azul está triste,
Le duele cada cuerda,
¡Oh Dios!, ¡Cuánto la he abandonado!

El origen de ese sentimiento de defección,  ha sido partir en pos de una nueva vida a regiones aparentemente cálidas pero en realidad, oscuras y frías:

He puesto nuevas formas a mi vida,
Círculos rojos,
Cuadros negros
Y líneas de hielo
Que han reemplazado las curvas de sus sueños.

Esos sueños son, o han sido los que el hablante ha tenido en la hamaca que lo ha cobijado como un vientre materno.  Reflexión que verifica y lamenta una ausencia ; añoranza de un sitio cálido en el que ya no se puede zambullir con ilusión, carencia que alcanza su más triste dimensión en invierno:

Mi hamaca azul está triste,
Le duelen sus mil huesos
Y el invierno...se acerca a mí
Ella sufre, tiene miedo.

El hablante se identifica plenamente con su hamaca, ella es él y él es ella. La nostalgia del recuerdo invade una  vida organizada en torno a  nuevos intereses.  Hay una especie de reconocimiento por parte del hablante de haber sido infiel a un modo de ser que parece perdido y de ahí ese desconsolado final marcado por el dolor y el pavor.  Sólo una imaginativa recuperación permitiría recobrar ese tiempo-espacio feliz en el que no existía el frío y se podían imaginar proyectos que, de alguna manera aún podrían realizarse. 

Pero este hablante sabe que las posibles alegrías no durarán mucho como lo apreciamos en Piñata, que le lleva a una espera.  Se aguarda, nada permite suponer que se trata de una persona o de un pasado completo. Lo único que sabemos es lo que anota el 4º. Verso:  “ Y me siento cansado”

Tal vez sea la alegría, el ideal, una mujer, por el poema que sigue, Espacio de mujer.  La ausencia del ser amado no se llena con nada, todo esfuerzo parece inútil, ni siquiera la naturaleza, la realidad no es bastante amplia y lo asalta la duda, el último verso de la 5ª. Estrofa dice: “no sé si tu también me esperas.”  Y si es así,   sólo pretende sobrevivir día a día,  escribiendo.: “Mi plan es sobrevivir el día de hoy  llenando mi espera con letras.”  Pero todo el poema se configura como una metáfora de esa relación con el mundo que representa la hamaca.

Los 21 versos del poema Pánico por un fin inevitable,  expresan la angustia no sólo por la degradación del medio en la ciudad sino también de sus consecuencias a nivel humano: la división y la pérdida del amor. Pero en solamente dos versos del poema Verso reptil  nos muestra el esplendor de la naturaleza: “¿Qué más puedo decir de aquellas iguanas amorosas/ que viven y mueren en la selva maya tatuándole a los árboles poemas?”   No, no hay nada más que decir.  Lo mismo sucede en el poema  Metamorfosis anfibia: “Llueve y esculpe dos piedras. / Las piedras viven,/  saltan,/ cantan/ y se transforman/ en regordetes sapos.”   Si el hablante no se ha adaptado y echa de menos su hamaca, la naturaleza cambia, viven, se renueva en un proceso infinito. Por eso, el hablante se vuelve al mundo natural para encontrar algo valedero que no haya sido todavía ahogado.  Y aunque esos dos poemas no reflejen más que una realidad habitual anterior, en el momento de la evocación  pertenecen a un mundo que ahora no es el de todos los días. La lluvia es un fenómeno sencillo cuyas: “Alegres gotas transparentes/ que saltan traviesas,/ que hacen más feliz/ esta vida seca.”  El amor, limitado por un medio en el cual la naturaleza es sofocada,  parece incluir la esperanza aunque el fantasma de la ciudad siempre presente un perfil inquietante. Pero el sentimiento amoroso, como la naturaleza no puede ser medido ni tampoco vanamente interrogado.

Octubre, que cierra el poemario es alegre, optimista, es la constatación que el tiempo se nos va y que cada momento es único y maravilloso, todos los elementos cotidianos contribuyen a esa alegría. Pero de pronto surge la reflexión sobre la sobrevivencia. La esperanza que debe ser alimentada por los recuerdos y la experiencia de nuestro tránsito pero también de nuestros anhelos.

 Todo parece andar bien, si es así:
 Los niños corren,
Con balero y trompos
Las niñas, con rehiletes y timbombas

Los sapos y los cocodrilos son felices.
Yo también, el manglar también.

El hablante se integra a la unidad vital de personas y naturaleza, no puede haber realidad hermosa, sueños, sin esa unidad, sin amor. Sin embargo,  la ciudad parece amenazar esa armonía con su “horrendo maquillaje blancuzco”. Pero eso aparece como una corta visión que nubla  y el mundo sigue y se podrá vivir y morir en esa unidad.    

 Para mí, son estas notas las que mejor caracterizan este poemario, Si pensamos un poco en la Ecopoetry o en la ecopoesía a lo Parra, tal vez encontraremos algunas similitudes. Es una poesía ecológica, en el sentido que encontramos en Gary Snyder,  Fernando Aguiar y tantos más en otras lenguas y cuyo antepasado más remoto parece ser Matsuo Basho, que ya en el siglo XVII escribió con sus discípulos esos hermosos poemas cortos compilados en La luz de los bambués y El manto de lluvia del mono que, tal vez,  han influido en Ucán Marín.  Los textos de Ucán Marín implican una visión e interiorización lírica de la realidad.  Creo que esta capacidad de hacer este tipo de  arte es una característica de nuestros tiempos en esos poetas y personajes que  han renovado el humanismo y la poesía. Gregory Bateson no es ajeno a todo esto y, por ese lado, la poesía de Ucán Marín se puede desplegar en amplias superficies llenas de  un sentido que va más allá de la pura escritura en sí para abarcar al ser humano como una posibilidad de desarrollo de lo que hay en él,  ligado a la naturaleza. La comprensión y protección del medio nos llevará naturalmente a un mejoramiento moral del ser humano. En esto, no sólo me apropio de lo que Ucán Marín dice en algunos de sus poemas, sino también de los postulados de Snyder que trabaja en ello desde hace ya unos cincuenta años.

Poetas como Francisco Ucán son una forma de conciencia que por lo menos pueden denunciar lo que Snyder llama:

Una guerra contra la tierra

que, desgraciadamente, si sigue

  no quedará un lugar
 Para que se esconda el coyote.

Esperemos, pues que  Francisco continué su poesía  ya que  creo que le conviene muy bien lo que dice Gary Snyder de los autores como él:

 En cuanto a los poetas
Los Poetas Tierra
Que escriben pequeños poemas
No precisan ayuda de nadie.

Gatineau, 21 de Noviembre, 2007.

 
Fuente: Texto enviado por Francisco Ucán-Marín.