Se
inclinó el sembrador,
de su mano resbalan las semillas.
A
pesar de su agobio
silba una tonadilla
para llamar al viento
que trae a lomo cántaros.
Responden
la torcaz,
la golondrina.
Sembrador,
hincado, eres simiente del amor
que enarcará sus brazos en la aurora.
|