Lloran
los ángeles
sobre nuestros hombros
sus llantos bajan trepidantes
a las frondas
y los techos
hasta abrazar la ciudad
Lavan entre latigazos
la cara sucia de sus calles
hechas de hambre
mendigos
confusiones
y carnes vendibles
bajo enfermas bombillas
Putas
calles
cómplices de todo
y de todos
mancilladas sin remedio
con marchas
venteros ambulantes
coches y camiones
que tosen y nos dejan
rebanadas de tuberculosis
Calles que desgajan
nuestras prisas
para perderlas
en el anonimato
Al
volver los ojos atrás
puedo verlas creciendo el olvido
y perdiendo mis huellas
dejadas sobre piedras
Al
final de cuentas
ni las huellas
ni las piedras
ni las huellas de las piedras
guardan un lugar
en su memoria
su palabra
su alegría
y esta forma de amarla
que se invierte
al quedar reducido
sin rumbo
y sepultando mi risa
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