Haz clic
 

Aguzados los sentidos/ Andrés González Kantún*

 
Portada
 

Tal parece que el tiempo se había detenido en ella y se le veía fragante y ágil en lo físico y chispa en el pensamiento, características que cautivaban a todos aquellos que la llegaron a conocer.

Su diaria rutina de pedigüeña la obligaba a un ejercicio constante, incluso le había aguzado formidablemente los sentidos.

Tenía la costumbre de acudir cronométricamente, cada fin de quincena, a una oficina del gobierno municipal para solicitar apoyo, el cual se le daba puntualmente, acto que le hacía creer de que era un derecho implícito adquirido como ciudadana calkiniense, aunque en realidad una ayuda de quien viniese es una decisión de voluntad propia, no una obligación.

Una mañana, como siempre, llegó presurosa a la oficina de un funcionario de puertas abiertas para solicitar la consabida ayuda, pero el buen samaritano no contaba en ese momento con dinero fraccionado, sino billetes de gran denominación, así que le comunicó, a la anciana que volviera más tarde. Pero ésta, desconfiada por la edad, le propuso una magnífica solución:

-Señor, no se preocupe, si usted quiere ayudarme déme aquel billete y le aseguro que no le molestaré en lo que resta del año (cuatro meses); ¿qué le parece?

la respuesta del aludido fue una amplia sonrisa, provocada a raíz de aquella salida dada por la anciana, y en pago a su ingeniosidad se le entregó el billete, aunque ella no cumplió con lo convenido.

Y a la siguiente quincena, más exacto que el calendario maya, ya estaba de vuelta en la oficina del burócrata.

 
*Andrés Jesús González Kantún nació en Calkiní; es profesor y narrador de historias y costumbres. Tiene en preparación un libro de relatos y crónicas municipales / Fuente: Texto proporcionado por Andrés Gomzález Kantún; septiembre de 2007.