Un
hombre ha fallecido,
que no tañan las campanas,
que las angustiosas gargantas
no desgarren el ambiente
con sus gritos infernales.
La
muerte, sí la muerte,
la muerte ha estado aquí;
no importa,
no importa cuantos recen,
no importa cuantos griten,
que callen,
que callen para siempre...
No
quiero más lamentos,
no quiero que su imagen
se impregne en mi memoria
de estas penas de mortales,
necios, tontos y beniales.
Sólo
quiero recordarlo
sonriente, franco y limpio
como siempre había sido...
Mi
padre, mi padre no ha muerto,
vivirá eternamente;
que importa que su cuerpo
se pudra entre gusanos,
si su alma como faro
ilumina ya el sendero,
y penas nos trazó.
La
muerte oh la muerte,
qué ser tan misterioso,
despiadado e inescrutable lo llevó.
Mas
yo no temo a nada,
la muerte se burló
de todos sus anhelos,
de todas las esperanzas
y sueños que alentó.
Mas
no pudo la maldita
evitar que germinaran
las semillas que él sembró.
Como no podrá nadie
arrancar de mi memoria
los consejos y enseñanzas
que cuando niño me dio.
No
le alcalzó la vida
para su obra de amor,
de amor a todo ser viviente
a quienes se dedicó.
Desde
el magisterio,
honesto, austero y gentil
por donde él pasó,
siempre su huella dejó
de trabajo y enseñanza
de coraje y dignidad.
Idealista
fue mi padre,
duro la vida le dio
mas él nunca arrendró,
e impecable por el sendero,
su caminó prosiguió...
Inquieto
y trashumante era,
voto a Dios que sí;
intelectual consumado,
artista y científico a la vez,
periodista, literato, poeta
y qué sé yo más qué...
¡No!
la muerte fue burlada,
no se lo llevó, porque él está
en nuestros corazones
y mientras me queden hálitos de vida,
su obra no habrá muerto.
Gozará
con mis triunfos,
sufrirá con mis derrotas,
alentará en todas mis obras,
creará mi poesía y arrullará mi prosa...
Y
por todos los tiempos
su mensaje de esperanza
será grabado en la mente del humano
como un canto a la vida,
esa a quien tanto admiró
y la muerte como usurera le quitó,
en la flor de su esplendor
y cuando tanta falta hacía
a los que atrás nos dejó...
No
tienen porque llorar,
no hay nada que lamentar,
el destino así lo quiso;
su paso por la vida,
la vida me dio,
su huella en el camino
a muchos guió.
Que
sufran los cobardes,
que lloren los histéricos,
que rece el ignorante,
que muera de dolor el pobre diablo.
Que
el que realmente quiera
dar honra a su memoria,
recuerde sus consejos,
olvide sus congojas
y siga su camino,
que ya vendrá su hora...
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