Acosados
para el juicio final,
defendemos esta sencilla luz
contra el rencor de la ciudad pequeña,
que envejece sin ganar la batalla.
Yo
sigo tu música,
no importa cómo sea el otro amanecer,
si un pequeño ataúd
o algún rincón del paraíso,
pues descubrí bajo tu falda el universo.
Ellos
no segarán tus flores.
Aquí amaneceremos
con el amor cerrándonos los puños
hasta que octubre
llovizne en su pureza nuestra rabia. |