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Discurso, en la ceremonia de entrega de la Medalla "Justo Sierra Méndez" a Ramón Iván Suárez Caamal / Ricardo Encalada Argáez

Ricardo Encalada Argáez fue el Mantenedor del evento, en enero de 2004.

 

CON SU PERMISO SEÑOR GOBERNADOR:
RESPETABLE PRESIDIUM.
SEÑORAS Y SEÑORES.

Decía el genial Beethoven: “UN POETA ES LA JOYA MAS PRECIADA DE TODA UNA NACION”.
¡Bienvenido, una vez más a tu casa poeta amigo
RAMON IVAN SUAREZ CAAMAL!

No sé a quien agradecerle o a quien reclamarle este honor que no me corresponde. Pero ante los hechos, heme aquí, en calidad de Mantenedor de esta ceremonia que refrenda el pensamiento de Martí –HONRAR, HONRA- y manifiesta ese espíritu campechano que con nuevos bríos y dejando atrás viejas anécdotas, reconoce hoy aquí, en su tierra, el esfuerzo y el valor de nuestra gente, que aún a la distancia, no olvida sus raíces y acrecienta más aún ese amor al terruño por la nostalgia que asalta a diario y que se combate con el refrendo constante de la manifiesta y orgullosa campechanía.

Al amparo de Justo Sierra, somos hoy testigos de un acontecimiento que, con una sola excepción, se ha repetido en este espacio cada 26 de enero, desde aquel 1981 cuando la Maestra María Lavalle Urbina recibiera por vez primera esta presea que lleva, en justicia, el nombre del ilustre Maestro de América.

Desde entonces, la fecha conlleva una tradición y el natalicio de Justo Sierra, se convierte así en fecha más exacta para honrar a quienes como don Justo, nacieron en esta tierra y dan –o dieron- muestras de su grandeza en lo humano y en lo universal.

No repetiré aquí lo que ya fue recordado hace algunos momentos frente al monumento al prócer por el Mtro. José del Carmen Soberanis González porque con eso y más, tratándose de don Justo, todos los discursos quedarán siempre parcos ante la grandeza de su obra. Resumiré acaso algunos conceptos del Lic. Manuel Samperio, de los biógrafos más completos sobre Sierra que lo define como “talento extraordinario, pensador universal, eximio literato de la lengua española, Maestro de América (cuya declaratoria se agradece a la Universidad de la Habana, valiendo la cita ante la presencia de amigos cubanos en este evento); gloria purísima de México y orgullo legítimo de Campeche…”.

Así, en tan pocas palabras –para estar a tono con lo de ahora- se resume la trayectoria de este campechano universal, fundador de la Universidad de México quien trascendió barreras políticas ante la excelencia de su intelecto, plasmado hoy en cientos de hojas de lo más preciado de la bibliografía mexicana, ahí donde destacan los textos de Sierra, el educador… Sierra, el poeta… Sierra el prosista, Sierra el crítico, Sierra el orador… Sierra el historiador, Sierra el político… Sierra el periodista y en sí, Sierra, el gran hombre.

Repararé, con la paciencia de ustedes, en un valor físico ligado eternamente al Maestro y que hoy, en marco más que propicio, quisiera significar, aún entendiendo ese respeto a la propiedad privada, con la que no es difícil de concertar.

La casona de Justo Sierra. Se que anticipan por donde irá el comentario. Y efectivamente. Por ahí. Esa casa histórica, ese botón que falta por cerrar en la fina estampa de nuestra más preciada campechanía, de ese legado arquitectónico que hoy presume al mundo su declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Esa casa que no es nueva en los llamados para su rescate, pero que sigue ahí a la espera del gobernante que quiera rubricar su nombre en la historia misma de Campeche, con el rescate de la casa donde naciera Justo Sierra Méndez.

Son varias las citas sobre ese edificio histórico, que confirman, sin ninguna duda ni investigación de por medio, el lugar de nacimiento del Maestro. Don Manuel Samperio, el biógrafo que he citado con anterioridad señala:

“Allí, en el corazón de la urbe soñadora y romántica, abierta y cultísima en la casa del abuelo, número 2 de la calle de Hidalgo, con un frente en la plaza principal y al otro el mar azul, que a los ojos del niño “tomaba un relieve soberano” (en “Cuentos Románticos”) y que no había de olvidar jamás, vio la primera luz Justo Sierra Méndez el 26 de enero de 1848. En la rancia casona pasó los primeros diez años de su vida, esos en que despierta la inteligencia, apunta el carácter y se forma a veces, para siempre el corazón…”

De los llamados al rescate del inmueble, tendríamos que remontarnos a uno de los primeros, hace ya 56 años cuando los campechanos de 1948 celebraron con júbilo el centenario del Natalicio de don Justo. Precisamente en la revista “Ofrenda”, órgano oficial del Comité de Festejos, que dirigía don Lorenzo Martínez Alfaro se comentaba desde entonces:

“…La solariega casona santificada hace cien años por el nacimiento del Maestro, necesita ser rescatada a la especulación a que indignas codicias la condenaran, para establecer en ella algo más significativo: un museo justosierrano (o serrano), una escuela de civismo, un altar patrio, como lo exige la magnitud de la obra por él realizada”.

Pero hasta hoy, solo una tarja, que es pulida cada 26 de enero.

El homenaje completo a Justo Sierra, además de la medalla que lleva su nombre, sería promover ahí en su casa, entre las nuevas generaciones el pensamiento y la obra literaria del Maestro y los que como él pensaron que la palabra es arma poderosa para combatir los rezagos.

Viremos el discurso y centrémonos ahora en el segundo personaje de nuestro evento. En Ramón Iván Suárez Caamal cuya trayectoria resulta afín, en varios aspectos a la de Justo Sierra: los dos prosistas… los dos creadores de nuevas generaciones de talentos… los dos poetas… los dos ¡Maestros!... y claro ¡Campechanos!.

Ramón Iván se integra a esa lista de hijos probos de la entidad que por merecimientos propios logra a propuesta de numerosos amigos el reconocimiento.

Decía la Maestra María Lavalle Urbina al recibir en 1981 la medalla “Justo Sierra”: HONRAR, HONRA (valga el término por segunda ocasión)… honra porque quien reconoce y proclama excelencias en otro ser humano, en la emisión de su juicio, da muestras de grandeza, de generosidad, de nobleza… se alza, y con mucho por sobre el mezquino nivel del egoísta y también por encima de la condición del envidioso, que siempre infeliz, rumia con amargura su tristeza del bien ajeno”.

En la decisión 2004 del Comité Cívico Estatal, primera en la actual administración no hubo consignas ni inducciones. Se trabajó a carta cabal con las propuestas presentadas por la ciudadanía y así se calificó. El veredicto a favor de Suárez Caamal fue inobjetable, aunque habrá que reconocer que otras candidaturas registraron también elementos suficientes para lograr el triunfo.

En Ramón Iván se reconoce a un sector muy importante para Campeche, esa pléyade que surge desde las mismas entrañas del Camino Real y otras regiones del Estado; esos hombres de tierra y sol, descendientes de la raza maya que han demostrado con creces lo excelso de su numen poético, tan valioso como el más refinado poeta de la urbe más sofisticada.

Pero también este premio es, reconocimiento para una región que suma, en la historia de esta medalla, un segundo lauro… apenas hace un año celebramos aquí mismo la entrega de la “Justo Sierra” a la Sociedad Cultural “Aurora”, también de Calkiní, como de ahí es nuestro homenajeado de hoy.

Decía al principio de este discurso que no sé a quien agradecerle o reclamarle este honor. Y es que resulta difícil, hilvanar las palabras y las ideas, tratándose del premio más significativo que conceden los campechanos y del poeta nato más importante y en vida, del Campeche de hoy. No soy quien para expresar, en la magnitud de esta ceremonia los dones académicos y literarios del galardonado. Lo que resta del día sería insuficiente para enumerar aquí los méritos literarios y humanos de Ramón Iván; sus premios que suman casi el centenar, su trayectoria de docente y aportaciones a la lengua, sus multiplicados libros, los galardones que ya no caben… Ello resultaría además cansado y el tiempo apremia.

No soy ni escritor ni poeta para significar los atributos de este hombre. Pero, a quienes tengo que agradecerle esta oportunidad, les diré campechanamente que no contaban con mi astucia.

La voz del mantenedor ha querido sostenerse con el pensamiento de los amigos de Ramón quienes gustosos accedieron a expresar, en pocas palabras, su sentir en torno a talentos y trayectoria de nuestro amigo. A ellos toca condensar en cuatro o cinco líneas la titánica labor cultura de Ramón Iván; resumir ese impresionante currículum de sombra conocido por los campechanos.

Del Carmen a Calkiní y de aquí mismo, de esta ciudad capital, desde luego los conceptos florecieron. Por eso decía, Ramón Iván, que la voz del mantenedor ya no es una. Es quizá la expresión de muchas voces e intelectos que hubieran querido ocupar esta tribuna para expresarte testimonios nuevos por demás significantes. Son tus amigos, maestros, poetas, escritores, soñadores y enamorados de esta tierra que han querido transmitirte un mensaje en estos precisos y preciosos momentos en que la emoción impacta tu corazón.

-Daniel Cantarell, de Ciudad del Carmen te dice: “SOLO TRASCIENDE EL QUE HA LOGRADO COMPRENDER Y VALORAR SU TIEMPO, Y ESE ES EL CASO DE RAMON IVAN SUAREZ CAAMAL, CAMPECHANO CUYA OBRA LITERARIA SE MIDE EN LA DIMENSIÓN DE SU PROPIA CALIDAD HUMANA: MIENTRAS MAS HUMILDE, MAS GRANDE ES. SU PRODUCCION ES COMO EL ESPIRITU QUE NAVEGA EN LAS PODEROSAS AGUAS DE LA ORIGINALIDAD: A MAYOR INSPIRACIÓN: MAS UNIVERSALIDAD”.

-Ramiro Suárez Huchín, de Calkiní: “RAMON IVAN SUAREZ CAAMAL ES LA PLUMA EMPEÑOSA Y BRILLANTE EN CUYO EJERCICIO TIENE EL INSTRUMENTO PROPIO PARA EXPLORAR EL MUNDO INTERIOR Y EXTERIOR, TRANSFORMÁNDOLOS EN MATERIA Y ESPÍRITU. ES COMO EL DÍA QUE SE REINVENTA GENEROSO, TERNUROSO Y SOLIDARIO, SINTIÉNDOSE VIVO A TRAVES DE SU PALABRA FLORIDA”.

-Sergio Witz: “RAMON IVAN SUAREZ CAAMAL ES NO SOLO EL AMIGO GENEROSO, SINO EL POETA QUE TRANSMITE UN SENTIMIENTO DE OPTIMISMO Y FE EN LA CREACIÓN LITERARIA. UN POETA QUE CREE EN LA PALABRA COMO SALVACION DEL SER HUMANO”.

-Enrique Pino: LOS MERITOS DE SUAREZ CAAMAL SON INDISCUTIBLES: POETA, PERIODISTA, AUTOR DE LA LETRA DEL HIMNO DE QUINTANA ROO, GANADOR DE IMPORTANTES PREMIOS LITERARIOS, PROMOTOR DE LA CULTURA, ECOLOGISTA, EXCELENTE MAESTRO Y UN SER HUMANO QUE HA HECHO DE LA HUMILDAD EL EJE CENTRAL EN EL QUE SE DESPLAZA SU INTELIGENCIA Y SENSIBILIDAD. HA SIDO Y SIGUE SIENDO EL ABONO INDISCUTIBLE DEL ALMACIGO PENINSULAR QUE HA HECHO CRECER LA VOCACION POR LAS LETRAS DE DECENAS DE NIÑOS Y JOVENES…”.

-Ramón Santini Pech (en su columna de hoy publicada en Tribuna): “UNA VEZ MAS SE ACREDITA QUE EN CAMPECHE, DESDE HACE MUCHOS, SUCUMBIÓ EL MITO DE LAS ELITES. AQUÍ, LA UNICA NOBLEZA VÁLIDA ES LA DEL ESPÍRITU… EN RAMÓN IVAN SE ESTIMULA LA CALIDAD Y EL ESFUERZO DEL LITERATO, PERO TAMBIEN EN EL SE IDENTIFICA AL TENAZ FORJADOR DE GENERACIONES NUEVAS. ¡FELICIDADES POETA!

- Alejandro McGregor: “RAMÓN IVAN: (EN UN EPIGRAFE) EL HOMBRE/ QUE SE VOLVIO/PALABRA. SI ALGUIEN HA HECHO DEL OFICIO LITERARIO UN CONSTANTE FLUIR DE CREACION, ES SIN DUDA EL POETA DE CALKINI, RAMON IVAN SUAREZ CAAMAL. TODA SU RAZON DE SER HA ATENDIDO AL ENCUENTRO CON EL DIVINO LENGUAJE. TODO PARA EL HA SIDO EL TRABAJO DE CONSTRUIR Y REPULIR LOS ELEMENTOS DE UNA POETICA Y UNA NARRATIVA… MAS ALLA DE SUS NATALES CALKINI Y BACALAR, RAMON IVAN ASPIRA AL UNIVERSO, PORQUE ES EL HOMBRE QUE SE VOLVIO PALABRA…”.

-Mario Aranda (quien por cierto fue de los primeros en proponer en diversas ediciones a Ramón Iván para el premio): “MERECES CON CRECES LA MAS ALTA PRESEA, QUE SE CONTEMPLA PARA LOS HUMANISTAS CAMPECHANOS. PREVALECE TU POESIA PRESTIGIOSA Y VASTA ASI COMO TU DON DE GENTES. HACE 40 AÑOS QUE SOMOS BUENOS AMIGOS: ESTOY MUY ORGULLOSO DE TUS MULTIPLES MERITOS. MI TRIBU SE UNE A TU JUBILO, AL DE SUEMI, HIJOS Y PARENTELA. DIOS TE BENDIGA SIEMPRE”.

Valgan estos testimonios, como aquellos de ilustres plumas nacionales que le han dedicado a Ramón Iván conceptos bien ganados.

Insistiré acaso, en dos aspectos fundamentales que agigantan el tamaño de nuestro amigo. Si bien su sencillez –se ha dicho- es parte de su grandeza, habrá que subrayar su pasión y trabajo, fecundo y constante en el impulso a los nuevos creadores literarios. Son los talleres en Calkiní, en Yucatán, en Bacalar (que Ramón Iván ha solventado) y que mejor define el periodista Juan José Morales cuando señala: “Suárez Caamal también es autor de tres hazañas concatenadas: haber logrado que adolescentes de secundaria y preparatoria se entusiasmen por la poesía sin considerarse cursi, aburrida o asunto de ancianos y homosexuales, haberlos hecho escribir poesía y haberlos convertido en poetas”.

O, como más brevemente lo definiera uno de sus talleristas egresados, Omar Ortega que ahora dirige la revista SONARTE: “SUAREZ CAAMAL: FRABRICANTE DE POETAS”.

Quedan en el tintero oleadas de conceptos sobre la obra de Suárez. El tiempo nos impide por ahora la extensión necesaria para reseñar al poeta. Sólo que si de un poeta se trata, tendremos en los mínimo que dar cabida a alguno de sus versos.

Brevemente diré que conocí a Ramón Iván en la recobrada aventura de los Juegos Florales de la UAC. Esa Institución también premiada con esta presea y que a través de su Rectora avaló desde la primera intención la candidatura de Ramón Iván. En la historia de los Juegos Florales Universitarios –y por supuesto en muchos más- el nombre del calkiniense es constante. Unas veces como galardonado, otras como mantenedor, otras como jurado, otras como promotor. “EN EL INSOMNIO ESCRIBO” (Mención Honorífica en los Juegos Florales de 1987) y “CUANDO TE LLAMO SELVA”, poemario galardonado en 1989 fueron algunas de las obras de Ramón publicadas por la UAC. En la segunda, al prologar la obra el yucateco Joaquín Bestard Decía (vale aquí recuperar esas palabras) “En el mundo actual, violento, agitado y confuso, a veces se le da poca importancia al espacio dedicado a la cultura; usamos el pretexto de la falta de tiempo, porque vivimos corriendo entre una serie de rutinas inconscientes, arrastrados por la vorágine que ese Dios ciego llamado Progreso y sus hijos Materialismo y Deshumanización nos imponen, aún en estos actos cotidianos de la vida, la magia de las cosas que en nuestra indiferencia vamos destruyendo…”

“Maravilloso –decía Bestard- es nacer poeta y sin embargo es el ser que sin querer o a propósito más herimos con nuestros silencios y desprecio, nuestra manera de evitar el contacto con sus versos y porque nos molesta que nos diga lo que no queremos escuchar, nos muestre lo que no queremos ver…”

Por fortuna este ya no es el caso de Campeche. La historia misma de esta presea registra los reconocimientos a la tercia de ases de la Literatura actual que con ésta, han recibido la distinción, aunque el capítulo de Humberto Herrera, aún sin el acto protocolario de la medalla, se entiende finalmente como uno más en la lista de los seleccionados.

Entre las ediciones auspiciadas por la UAC, en lo personal una me llamó poderosamente la atención: “CASA DISTANTE” donde el poeta recrea sus raíces, su infancia. Es sin duda para quien esto lee una de las obras más significativas en la producción poética de Ramón Iván y para que ustedes aprueben el estimado, quisiera compartir solo algunos fragmentos de esos poemas nostálgicos y serenos de Ramón, cuando por ejemplo habla de su casa:

Un cuarto daba al otro cuarto,
las puertas interiores defendían
sus fronteras. Hubo un ropero
que parecía otra puerta. Su llave
abría el mar entre baúles…

O de cuando surgió el llamado “NO VENDAN LA CASA”
-dice mi madre-
si lo hacen,
¿qué será de sus fantasmas?

De la tía “Monis”
…llueve y vas al patio por carbón
si hurté tu moneda de plata
fue para tener la luna en mi bolsillo

o la casa de la Tía:
… no bajan aquí los cuervos que alimentaron al eremita.
En cambio olor a mazapán y alfeñiques
hablan de la confitería de sus manos
y del horno cuyo corazón ardía por las tardes…

o de la abuela Lala:
“Chichí” Lala, adusta, prepara el chocolate
nos enseña a amasar con aserrín y cera
corazones para domar el fuego.

Y las calles del recuerdo:
Aquí aposenté mi infancia
Cada vez que el sueño me cosía los párpados
Detrás de la puerta herida por aguijones
O en espacio de sus gruesos muros
Y los techos que casi rozan los astros.

O del circo que llegaba al pueblo:
NO ME GUSTAN LOS CIRCOS,
el único acto aplausible es el de mago
cuando del sombrero saca a la realidad por las orejas.
Me entristecen la sombrilla remendada de su carpa…
Circos de carne y hueso, más hueso y sólo hueso
llegan, clavan estacas, tensan sogas, alzan toldos
y la ballena emerge para tragarse
a los niños que entramos sin boleto.

O AQUEL POEMA que aquí sí leeré completo, no se angustien que es breve, de cómo el poeta retrata esta parte de su infancia, de cuando…
SE ADELANTARON LAS MARIPOSAS DE JUNIO…
Cuando fui a casa de mis tías;
buscaban una rama
estas hojas nerviosas,
estas flores de papel.
En Nunkiní viven,
tres horas en andas de la recua.
Avanzan al trote los caballos
sobre los destinos paralelos de los rieles;
a Nunkiní nos vamos,
a su idioma indio,
a sus ojos de pita,
a nuestra sangre.
Tía Margot borda su pañuelo,
quizá lo confunde con las mariposas
que se adelantaron a las lluvias;
Tía Felina habla de los duendes
que viven bajo tierra,
(Tía Felina caza mariposas cuando habla).
Tía Yoya, tras sus espejuelos,
ríe y nos da una hojaldre
en el pan de su bienvenida.
¿Qué hace un niño en el pueblo de sus tías?
Cortar ciruelas, perseguir al gato,
mirar el tiovivo, subir a sus corceles:
A Nunkiní nos vamos,
a sus ojos de pita,
a su pájara lengua,
pájara pinta leguapintada;
calor del horno
donde tío Pico dora tutis,
roscas, patas, pan de piedra.
Las nubes son de harina,
hostias los pétalos de las flores,
hostias las alas de las mariposas
que se adelantaron a las lluvias.
A Nunkiní nos vamos
volando en volandas,
cuatro corceles todos de madera,
cuatro de vidrio,
cuatro las libélulas
a ras de los recuerdos
que llegan con las lluvias.

No quiero concluir sin antes citar un fragmento de la prosa de Ramón Iván Suárez Caamal en su vehemente y permanente campaña a favor de la palabra.

Hace apenas 3 meses en su discurso como Mantenedor de los Juegos Florales de la Universidad, Suárez Caamal sentenciaba: “La poseía es un remanso del espíritu en nuestro nuevo siglo, caracterizado por los cambios vertiginosos, los avances tecnológicos acelerados y por la violencia y el terrorismo que son pan cotidiano.

Y en estos días de globalización, porqué no, globalicemos la poesía para que todas las personas tengan acceso al maná de la palabra”.

Para finalizar agradezco a los amigos que impulsaron esta propuesta. A los escritores, poetas, periodistas, maestros y cientos de campechanos más, que no vacilaron en sumar su entusiasmo para reconocer a este talento campechano. Y así concluyo con mi ferviente aplauso para Ramón Suárez Caamal, aplauso al que sin duda se unirán todos ustedes.

 

Fuente: Texto proporcionado por Ricardo Encalada Argáez, en el año 2005. El discurso fue insertado en esta web, respetando el contenido original.