A
mis abuelos
Todos
los años espero su regreso aunque sea sólo
por unos días.
Cuando
se acerca la fecha preparo la ofrenda, arreglo la casa y espero,
espero pacientemente, pero nada, dan las 12:00 del día, la hora en que bajan a comer y mi ofrenda sigue ahí,
dan las 6:00 de la tarde que es cuando se van y decido retirarla.
Otra
vez no llegó y me pregunto en donde se habrá detenido,
qué habré hecho mal para merecer tanta ausencia,
repaso una vez más todos los momentos de la madrugada
que partió y por más que escarbo en los recuerdos,
no existe nada de lo que me arrepienta.
La última vez, fui a verla como venía haciendo
desde hace tiempo, la encontré tal y como la dejé la
noche anterior, con esa mirada tan apacible que quien no supiera,
no imaginaría el dolor físico que cargaba, sólo
dormida -me decía-, el dolor no me hace daño, por
eso trataba siempre de dormir y el sueño hacía
las veces de consuelo, en el se encontraba con quienes había
amado, estos le platicaban de su nuevo hogar y ella despertaba
maravillada anhelando el día de ir aunque sabía
que quizá no nos veríamos por un largo tiempo,
lo cual a mi me entristecía, pero a ella parecía
no importarle y sólo quería soñar, yo ya
no trabajaba a gusto, mientras desgranaba el maíz, mientras
urdía, sólo pensaba en ella, en sus palabras, que
atormentaban mis días, por un lado trataba de entender
su sufrimiento, de sentir sus dolores, pero no podía,
sólo pensaba en sus ansias por ir al que llamaba nuevo
hogar y en la soledad que me hundiría cuando suceda.
Una
noche, en que la última de mis sonrisas se había
evaporado, cuando me vio dijo: ¿Andas preocupado?- No
pude ocultarlo y comencé a sollozar, ella supo la respuesta
por mis gemidos y dijo:-Todo esto que ves alrededor será tuyo,
cuando yo ya no esté- La respuesta me sorprendió,
no sabía si llorar más para hacerle entender mi
dolor, ¿de qué servía la tierra si ella
no estaba? Luego añadió: ¿No es esto lo
que te preocupa verdad? Entonces me atreví a contestarle:
No, me preocupas tú. No te preocupes por mí, yo
estoy lista para irme, pero antes déjame darte algo que
nadie nunca te podrá quitar: Te prometo que al llegar
a mi nuevo hogar, buscaré a tu padre y velaremos tus pasos
y los de tu descendencia para que nada malo se interponga en
su camino, con esta promesa podrás comprobar que existe
cielo y existe Dios…y ahora que lo pienso fue verdad, no existe
otra explicación del porqué sigo vivo después
de que aquella enfermedad me habitara y todos se apartaran de
mi voluntaria e involuntariamente por miedo al contagio o como
siendo tan pobres siempre existió comida en nuestra mesa.
La
madrugada que escogió para partir se iba sin despedirse,
pero la alcancé sin proponérmelo. Recuerdo que
el gallo cantó a deshora y me levanté de prisa
para dejarle el desayuno antes de irme a trabajar como venía
haciendo desde que sus pies se negaron a seguir andando por
la tierra que tanto amaba, pero noté con extrañeza
que aún faltaba para el alba, mi esposa despertó y
dijo:¿Qué pasa? ¿Porqué estas de
pie tan temprano? Y pareciera como si su pregunta me diera
de pronto todas las respuestas y pensé en ella, salí corriendo
a su casa, cuando llegué traté de no hacer ruido,
pero mi corazón latía con tanta fuerza que temí despertarla,
me acerqué despacio y fue cuando vi su rostro sonriente
y pensé: cómo le haces para sonreír a
pesar del dolor, temeroso toqué su piel suave y tibia,
vaya-susurré avergonzado-
aún está aquí y yo que supuse que se había
marchado. Regresé a casa y le dije a mi esposa: Me despiertas
al alba para llevarle la comida y me dormí tranquilo
pensando en su rostro, no sé cuánto habré dormido,
me despertó un llanto tan tenue que pensé que
soñaba,
era mi esposa que con su mirada dijo: Se ha marchado. No es
posible -grité- si la vi y sin esperar la respuesta,
volví a
correr y correr hasta llegar a su casa, cuando entré,
estaba acostada, toqué su cuerpo rígido, su piel
fría, pero aún tenía esa sonrisa, vaya
-pensé-
siempre te fuiste sin avisar.
Por
eso hice todo lo indicado para que su viaje al nuevo hogar
transcurra sin tropiezos y pueda regresar cada que las ánimas
obtengan permiso, pero hasta ahora no ha sucedido, se acaba una
vez más el dos de noviembre y no vino, lo sé porque
la comida aún conserva su aroma, no importa, ella nunca
prometió regresar, yo supuse que lo haría, aún
así el próximo año haré lo mismo
hasta el día que regrese a visitarme o me toque a mí partir
al nuevo hogar. |