Narrativa

La espera / Dulce Heredia Lira

 

A mis abuelos

 

Todos los años espero su regreso aunque sea sólo por unos días.

Cuando se acerca la fecha preparo la ofrenda, arreglo la casa y espero, espero pacientemente, pero nada, dan las 12:00 del día, la hora en que bajan a comer y mi ofrenda sigue ahí, dan las 6:00 de la tarde que es cuando se van y decido retirarla.

Otra vez no llegó y me pregunto en donde se habrá detenido, qué habré hecho mal para merecer tanta ausencia, repaso una vez más todos los momentos de la madrugada que partió y por más que escarbo en los recuerdos, no existe nada de lo que me arrepienta.

La última vez, fui a verla como venía haciendo desde hace tiempo, la encontré tal y como la dejé la noche anterior, con esa mirada tan apacible que quien no supiera, no imaginaría el dolor físico que cargaba, sólo dormida -me decía-, el dolor no me hace daño, por eso trataba siempre de dormir y el sueño hacía las veces de consuelo, en el se encontraba con quienes había amado, estos le platicaban de su nuevo hogar y ella despertaba maravillada anhelando el día de ir aunque sabía que quizá no nos veríamos por un largo tiempo, lo cual a mi me entristecía, pero a ella parecía no importarle y sólo quería soñar, yo ya no trabajaba a gusto, mientras desgranaba el maíz, mientras urdía, sólo pensaba en ella, en sus palabras, que atormentaban mis días, por un lado trataba de entender su sufrimiento, de sentir sus dolores, pero no podía, sólo pensaba en sus ansias por ir al que llamaba nuevo hogar y en la soledad que me hundiría cuando suceda.

Una noche, en que la última de mis sonrisas se había evaporado, cuando me vio dijo: ¿Andas preocupado?- No pude ocultarlo y comencé a sollozar, ella supo la respuesta por mis gemidos y dijo:-Todo esto que ves alrededor será tuyo, cuando yo ya no esté- La respuesta me sorprendió, no sabía si llorar más para hacerle entender mi dolor, ¿de qué servía la tierra si ella no estaba? Luego añadió: ¿No es esto lo que te preocupa verdad? Entonces me atreví a contestarle: No, me preocupas tú. No te preocupes por mí, yo estoy lista para irme, pero antes déjame darte algo que nadie nunca te podrá quitar: Te prometo que al llegar a mi nuevo hogar, buscaré a tu padre y velaremos tus pasos y los de tu descendencia para que nada malo se interponga en su camino, con esta promesa podrás comprobar que existe cielo y existe Dios…y ahora que lo pienso fue verdad, no existe otra explicación del porqué sigo vivo después de que aquella enfermedad me habitara y todos se apartaran de mi voluntaria e involuntariamente por miedo al contagio o como siendo tan pobres siempre existió comida en nuestra mesa.

La madrugada que escogió para partir se iba sin despedirse, pero la alcancé sin proponérmelo. Recuerdo que el gallo cantó a deshora y me levanté de prisa para dejarle el desayuno antes de irme a trabajar como venía haciendo desde que sus pies se negaron a seguir andando por la tierra que tanto amaba, pero noté con extrañeza que aún faltaba para el alba, mi esposa despertó y dijo:¿Qué pasa? ¿Porqué estas de pie tan temprano? Y pareciera como si su pregunta me diera de pronto todas las respuestas y pensé en ella, salí corriendo a su casa, cuando llegué traté de no hacer ruido, pero mi corazón latía con tanta fuerza que temí despertarla, me acerqué despacio y fue cuando vi su rostro sonriente y pensé: cómo le haces para sonreír a pesar del dolor, temeroso toqué su piel suave y tibia, vaya-susurré avergonzado- aún está aquí y yo que supuse que se había marchado. Regresé a casa y le dije a mi esposa: Me despiertas al alba para llevarle la comida y me dormí tranquilo pensando en su rostro, no sé cuánto habré dormido, me despertó un llanto tan tenue que pensé que soñaba, era mi esposa que con su mirada dijo: Se ha marchado. No es posible -grité- si la vi y sin esperar la respuesta, volví a correr y correr hasta llegar a su casa, cuando entré, estaba acostada, toqué su cuerpo rígido, su piel fría, pero aún tenía esa sonrisa, vaya -pensé- siempre te fuiste sin avisar.

Por eso hice todo lo indicado para que su viaje al nuevo hogar transcurra sin tropiezos y pueda regresar cada que las ánimas obtengan permiso, pero hasta ahora no ha sucedido, se acaba una vez más el dos de noviembre y no vino, lo sé porque la comida aún conserva su aroma, no importa, ella nunca prometió regresar, yo supuse que lo haría, aún así el próximo año haré lo mismo hasta el día que regrese a visitarme o me toque a mí partir al nuevo hogar.

 

Fuente: Texto enviado por su autora; octubre de 2006.