Llueve
y las embarcaciones encallan
en la amplia mañana de tus ojos
donde se asoma un reino de gaviotas.
Las frutas crujen en tus manos
como
olorosa leña
y una raíz hunde
el mito de los duendes que poblaron
extrañas latitudes del silencio.
Bajo
un lluvioso flamboyán
sales desnuda,
tu
rostro tiembla
enmudeces,
desaparecemos en la neblina...
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