NARCISO
-Me
fascinan tus ojos en cuanto que tranquilos son presagiadores
de tempestad -decía Narciso- porque me veo en ellos.
Ella
dejó caer la guillotina de los párpados y la imagen escapó
a lomo de delfín sobre una lágrima. Narciso murió ahogado por
la desilusión. Todos los espejos se le hacían añicos en cuanto
les hablaba.
PERSEO
Miró
la Medusa a Perseo con ojos de tristeza queriendo inflamarle
el corazón de piedad.
SOBORNO
El
pez gordo cayó al fin en las redes de la justicia. No lo pudieron
freir. Resbaladizo, les untó las manos a los jueces.
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