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En
mi sangre hay una bestia,
lenta y honda,
escurridiza bestia.
Anfibio,
avanzo a la superficie.
Navego,
naufrago en las mentiras del mundo.
Nada
hay como avanzar en el aire,
leer a Vallejo con la mano en la cintura,
ahogarse en sus lágrimas,
dejar que la noche penetre poro a poro
en los andenes descuidados del hombre.
Algo
en mí llueve.
Las
entrañas me crujen.
A todos nos crujen las ganas de dejar esta muerte.
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