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La
libertad sembrada por el escritor mexicano Sergio Pitol,
recogida por los muros de la Universidad , que tampoco
es lo que es, también ha decrecido,
previo rescatarla de la literatura, quizás porque
no se encuentre en otro sitio, nos recuerda que lo de hacer
esto o aquello sólo existe en las letras. El reino
de los pillos ha tomado reinado y lo primero que han metido
entre rejas ha sido la bondad del decente.
El
derecho del más fuerte es la mayor tajada de
libertad que se nos muestra. Las dominaciones económicas
hacen corral en un mundo de gallineros. Realmente siento
pánico ante la legión de esclavos posesivos
que sólo aspiran a poseer. Les importa un rábano
tu libertad, se la tragan maliciosamente. Por eso es tan
importante promover seres humanos libres en una sociedad
prisionera, presionada, aprisionada, apresada por los bárbaros
de la argucia.
No
se hace libre a las personas cuando el camino es una
trampa continua y constante. Miré los muros de la
patria mía, como el poeta lo hizo tras el espejo
del alma, y vi el contrasentido de la actuación
con la palabra dada; divisé que la cultura deshumaniza,
que hay leyes que atacan a la dignidad humana, enredos
políticos que aborregan, conquistadores que te llevan
al huerto donde la reineta es el embuste.
Si
no hay verdad entre lo que se dice y hace, la libertad
tampoco nace. Donde no hay humedad no puede salir un manantial
de versos. También les tengo miedo a esos liberadores
de talante individualista que a golpe de puño levantan
su libertad, pero no cuentan con la libertad del vecino,
tan necesaria como la suya. Nos queda la literatura y poco
más, porque la libertad de conciencia ya se han
encargado de herirla, los dioses falsos de la retórica
con altar en cada esquina, mediante adoctrinamientos y
artimañas.
Se han perdido tantas razones de libertad que de todas las
especies me quedo con la natural, aquella que tienen las
flores por donde no transita persona humana. Pido, pues,
tolerancia para ser libre en un mundo de esclavos. Espero
que don Quijote y Sancho, tan humanos y tan divinos, me dejen
utilizar el disfraz de su verbo para no morir sin palabras
y con los labios simulados. Santa libertad, la verdadera,
quedo a tus pies para salir volando. |
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