Sintió
que una mano lo empujaba con fuerza desvastadora dentro
de un cuerpo humano. Y saboreó angustiado el amargo
sabor de esa vida que se extinguía.
-Una
vez más -pensó entristecido el cuchillo de
plata- mi actual amo ha guiado mi vida para acabar con la
vida, pero, ¿que puedo hacer?, sin embargo me siento
culpable.
En
esos momentos el arma avanzaba veloz, prisionera de una
mano humana que lo blandía triunfal, alejándose
del lugar del crimen.
-Un
triunfo más -pensó el criminal- poco a poco
disminuiré la población mundial hasta lograr
el equilibrio perfecto con la Naturaleza.
Y
no pudo evitar que un gesto de felicidad se reflejara en
su rostro. Mientras tanto el cuchillo junto a su mano continuaba
reflexionando:
-Qué
útil fui antes en mi vida, la familia con la que
habitaba me apreciaba y ¡vivía feliz!, hasta
que este loco asesino que mata por placer y para colmo es
un genio evadiendo la justicia, me robó e hízome
su cómplice al obligarme a descuartizar a la familia
que tanto amaba.
Al
recordar esto, sintió que una furia brutal lo sacudía
con un violento temblor y deseó acabar con esa situación,
pero ¿cómo?, ¿cómo?.....
De
pronto, el cuchillo sonrió, cuando el asesino al
perder el equilibrio se precipitó hacia él
con el corazón por delante.
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