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Últimamente
se destapan campañas de todo tipo, no se si para
quedar bien o para emplear fondos que nos sobran. Lo cierto
es que estas maniobras oportunistas suelen ser más
bien un lavarse las manos, en vez de un emplearse a fondo.
En esto, las administraciones actuales, suelen ser punteras
en contradecirse. Unas dicen que debemos prevenir el consumo
de alcohol entre jóvenes. Otras permiten venderlo
en cualquier esquina, sin importarle edad, ni estado. El
negocio es el negocio. El control brilla por su ausencia.
Soportamos un descaro continuo. Las retransmisiones televisivas
de contenidos inadecuados, en franjas horarios infantiles,
están a la orden del día. No digamos ya los
espectáculos bochornosos que nos ofrecen algunos
invitados que han conseguido una borrachera de fama a cualquier
precio. Algunos vendieron el cuerpo a cambio de unas migajas
(muchas veces para conseguir esas adicciones) y se han quedado
sin alma. Esto no es serio, oiga. Quiten la tentación
y después hablamos.
Se
dice que la prevalencia de consumo de alcohol entre la población
escolar ha aumentado tanto que roza la matricula de honor,
cuando es todo un deshonor y una vergüenza. Vivimos
en la distorsión continua. Da la sensación
que algunas administraciones públicas quieren ostentar
tanto poder, que apuntan a convertir al Estado en el salvavidas,
en el único educador. La familia se distorsiona continuamente.
Sobre todo a través de la tele. El/ o la titular
del ramo podrá hacernos llegar todas sus preocupaciones
habidas y por haber sobre el incremento del consumo intensivo
de alcohol entre los más jóvenes durante los
fines de semana, la tendencia a consumir alcohol junto con
tabaco y otras drogas ilegales, y el aumento del consumo
habitual entre menores, pero si luego se vulneran ciertos
principios rectores de convivencia, los remos como que no
avanzan. Al fin y al cabo, el botellón es un problema
de familia y de educación.
Coexisten
demasiadas líneas oficiales y oficiosas que nos confunden,
con sirenas educativas para la ciudadanía que son
más destructoras que instructoras. Eso de vivir,
dejar vivir, respetar, cuidar, cultivar la vida de todo
hombre, en toda circunstancia, es más cuento de abuela
que cuento de niño. La enfermo-adicción será
la nueva cruz de las generaciones venideras, sino atajamos
este caos de tablones mentales que nos ofrece la calle,
los voceros de risas falsas y las ventanas de un poder que
nos esclaviza con falsas palmaditas que para nada nos alivian
el estrés que padecemos. De todas estas cruzadas,
si acaso me quedo con la sabia docencia del director de
la Real Academia Española, Víctor García
de la Concha, cuando dijo que los profesores de Instituto
han de ser “optimistas profesionales” y reclamó una
“escuela nueva” que, entre la tradición y la modernidad,
críe hombres “moralmente sólidos e intelectualmente
fuertes” para lograr un mundo más justo. Esta si
que es una buena biografía del maestro para esa acción
de re-humanización y humanización de unas
raíces de vida que se han sacado del tiesto. Las
otras campañas, aquellas que ni se las cree el que
la siembra, son como esparcir piedras entre flores. Ay señor,
señor…qué paciencia.
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