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Tengo
exclusiva. Atrapado por los cabellos de soledad, en una
silenciosa vereda del tiempo, recibo la visita de don Quijote.
Al principio, tuve la duda de que fuese tan insigne personaje
el que llamase a la puerta del corazón. La primera
impresión, despista. Parece un mister universo en
vez del caballero de la triste figura. La persona cuánto
más se dona, adquiere un don, resplandece por dentro
y por fuera.
Todo
es fruto de una vocación. Decidió fijar residencia
en la cañada de un verso, hacer el corazón
con el corazón del planeta -me dice- Quiere manar
y emanar un nuevo cielo. Es lo que más le preocupa
y ocupa. Desvestir odios y vestir amor, le desvela. Los
actuales e injustos molinos de la desigualdad, para don
Quijote, son fuego en llama que nos llevan al desespero
de un monte sin luna, a la áspera desesperanza de
un diluvio salvaje, donde los ricos se meriendan a los pobres
como divertimento.
En
vista del estado salvaje a que se someten algunas personas,
discriminadas hasta la saciedad por esta sociedad creciente
en desamores y pocas lunas, don Quijote ha dado furia a
la inspiración, con un enternecedor pareado, la mar
de vitalista: Con pobreza financiada, /pesa menos la pisada.
Al Ingenioso Hidalgo, hoy poeta por la gracia del aire y
la complicidad de Dulcinea del Parnaso, le enfurecen los
bichos de dos patas que hacen juegos de manos para descuartizar
inocencias.
Vencido
el miedo y convencido de que un acceso sostenible a la microfinanciación
ayuda a mitigar la pobreza, ha dispuesto generar vientos
propicios que propicien auxilios verdaderos. Lo primero,
que los niños asistan a la escuela y se resistan
de tomar armas para cortar el aire, que el mejor negocio
de todos es el de la vida que nos queda por vivir. A renglón
seguido, que los mayores se nieguen a ser víctimas
desafortunadas en un mundo que es de todos y de nadie.
La presencia de don Quijote es poesía para la vida
y fortaleza para los sueños. Lenguaje que entienden
todas las naciones. Habla que cautiva y debieran cultivar
todos los pueblos. El cuento, que no es cuento; cuenta que,
el soñador, ni descansa. Redacta microcréditos
a toda vela, para esos pobres que precisan venderse a unos
enviciados y viciados opulentos ciudadanos.
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