Nacido
en Lisboa en 1942 Antonio Lobo Antunes estudió la
carrera de Medicina y sirvió en el ejército
de Portugal durante la guerra de Angola. Esta fue una experiencia
vital que marcaría su destino en el futuro pues a
su regreso a la metrópoli se estableció de
nuevo en Lisboa y tras abandonar su profesión de
psiquiatra se dedicó a una intensa carrera literaria.
Hoy es considerado como un brillante escritor y un firme
candidato al Premio Nobel de Literatura. La interesante
colección de títulos que ha ido dando a la
imprenta testifican en su favor. Su primera novela, publicada
en 1979, “Memoria de elefante” fue recibida por la crítica
y los lectores con gran entusiasmo y ello daría paso
a títulos como “La muerte de Carlos Gardel”, “Manuel
de inquisidores”, “Conocimiento de infierno”, “Tratado de
las pasiones del alma”, el inquietante libro “Esplendor
de Portugal” y “Exhortación a los cocodrilos”, obra
por la que se le concedió el Gran Premio de la Asociación
Portuguesa de Escritores en el año 1999. Otros premios
que constan a su favor son el de la Unión Latina
de Escritores (2003), el Premio Jerusalem en 2005 y el Premio
de Literatura Europea de Austria.
La
presentación de “Yo he amar una piedra”, que ha sido
publicada de manera lujosa por Círculo de Lectores,
en colaboración con Mondadori, que gestiona los derechos
de las obras de Antonio Lobo Antunes y en correcta traducción
de Mario Merlino, nos posibilita tener de primera mano referencias
en torno a sus libros y a su labor de escritor, al tiempo
que conocemos la impresionante capacidad e imaginación
de un autor de gran interés Ignacio Echevarría
hacía referencia a una frase inserta en la propia
novela, “¡Qué difícil es contar!” y
se preguntaba “¿Qué cuenta Lobo Antunes?”,
para referirse a continuación al “prodigio insólito
que representa éste autor en el panorama de la literatura
mundial”, grácias al hábil “relato de unas
vidas minúsculas”.
-¿Cuál
es la temática de su novela “Yo he de amar a una
piedra”?.
-Tengo
siempre gran dificultad en clasificar como novelas los libros
que escribo. Siempre me parece que estoy contando un sueño:
creo que únicamente cuento sueños, visiones.
Yo trabajé como psiquiatra en el Hospital Miguel
Bombarda de Lisboa, y después de dejar de trabajar
sigo acudiendo allí para escribir. En mi despacho
tengo siempre la puerta abierta y veía pasar a una
señora mayor que se perdía por el pasillo.
Un día me contaron su historia que me pareció
muy interesante. Se trataba de una campesina que de niña
vivía con sus padres en el campo, en una zona pobre
del interior de Portugal. Ella se enamoró de un muchacho
de su pueblo, al que veía desde su casa todos los
días. Pero como era una zona muy pobre sus padres
le enviaron a Lisboa a trabajar con unas tías costureras,
a quienes encomendaron también que vigilaran a la
joven para que conservara su virginidad. Poco después
también el muchacho llegó a Lisboa para trabajar
y se seguían viviendo cuando ella iba a llevar la
ropa que arreglaban tus tías a los clientes. Pero
la chica enfermó y la llevaron aun hospital al centro
del país. El la escribía pero a la joven no
le daban las cartas. Al dejar de tener noticias de la joven
él pensó que había muerto y se casó
con otra. Años después la muchacha regresa
a Lisboa curada y se vuelven a encontrar. A partir de ese
momento y durante cincuenta años se veían
los miércoles por la tarde. El la lleva a Sintra
a ver las flores, luego se ven en el Algarbe cuando él
paso allí los veranos con su familia, mirándose
en la playa y en la calle, después amplían
sus días de amor y comienzan a verse los sábados
además de los miércoles, pasando las tardes
enteras en un hotel que no tiene más atractivo que
su mutua compañía pues las ventanas dan a
los tejados y a las calles solitarias de la ciudad. Ya tenían
84 años cuando él seguía comprando
regalos para la mujer y dando disculpas a sus hijos y a
sus nietos acerca de la destinataria. Un día el enamorado
se siente indispuesto en el hotel y muere en brazos de la
mujer, quien acude al yerno del hombre para sacar el cadáver
discretamente de allí y no producir un escándalo
ante la familia. La mujer no puede siquiera acudir al entierro,
quedándose completamente sola y desamparada. Todo
ello le produce una gran depresión y por eso acude
a la consulta del Hospital Miguel Bombarda.
-¿Esa
las historia, pues?.
-Bueno,
es la base para construir una historia. Ella contaba que
muchas veces ni siquiera hacían el amor en el hotel,
se quedaban toda la tarde cogidos de la mano. Empecé
ordenando ese material hasta que los personajes iban surgiendo
a la superficie y se convertían en algo real, como
las personas que están cerca. Siempre mientras escribo
la sensación es la misma: que estoy caminando por
la niebla y que poco a poco esa niebla se va desvaneciendo.
Un libro no se hace con ideas, se hace con palabras. Los
libros que más me gustan son aquellos en los que
no veo al autor, donde el autor está ausente. Así
es como el libro se torna algo vivo. El autor no es importante.
William Faulkner opinaba que los libros debían ser
publicados sin el nombre del autor: lo importante es el
libro no el autor. Hace poco estuve en casa de un señor
mayor que tiene una gran librería y ala preguntarle
cómo había llegado a reunir tantos libros
él decía “yo creo que los libros se multiplican
entre ellos, que nacen pequeños y van creciendo poco
a poco”.
-¿Cómo
escribe usted?.
-Tengo
la impresión de que las palabras son piedras. En
un buen día puedo escribir media página. Lo
difícil no es escribir sino corregir. Hay que esperar
a que llegue cierta distancia y pueda verse todo lo que
queda en el papel. El único mérito del escritor
es el trabajo, su trabajo. Cuando escribes un libro tienes
la impresión de que no es algo incompleto. Queda
la sensación de que lo podías haber hecho
mejor si hubieras trabajado más. En los grandes escritores
existe una gran humildad. “Un delirio es un edificio lógico
hecho a partir de una primera premisa dada”, dicen los médicos.
Escribir es únicamente un trabajo.
-“¿Yo
he de amar a una piedra?”, es un libro autobiográfico?.
-Todos
los libros son autobiográficos y el libro más
autobiográfico es “Los viajes de Gulliver” de Jonathan
Swift. Cuando alguien se queda privado de la memoria se
queda sin imaginación, El escritor no inventa nada,
simplemente habla de lo que ha vivido. Yo creo que el escritor
es como las viudas pobres, que pueden tener una casa con
muchas habitaciones pero viven solamente en una de esas
habitaciones: les da miedo salir de su habitación.
Pero el escritor tiene que salir de la casa, abrir las ventanas,
que entre el aire. Para mí los bestselleres existen
porque tienen espejos y no ventanas. Le dan al lector lo
que el lector quiere. Uno de los libros que más me
gustan es “Las almas muertas” de Gogol. Con él tienes
siempre la impresión de caminar por donde te gusta,
es como cuando en siglos pasados se hacían mapas
de las nueves tierras y se decía “aquí hay
leones”. Era para que por allí no se pasara, no se
penetrara en los lugares de peligro.
-¿De
dónde partió el título de “Yo he de
amar a una piedra?”.
-Cuando
yo tenía once o doce años empecé a
escribir lo que llamaba “Obras completas de António
Lobo Antunes”, y escribía poesía. Encontré
en una librería un libro de versos de Pedro Salinas
y al leerlo entendí que nunca podría escribir
cosas así. Alos 30 años intenté hacer
mi primer libro y no publiqué hasta que tenía
36. Cuando voy escribiendo no tengo un título para
el libro, es algo que surge mucho después En el caso
de este libro título surgió después
de oír a un cantante que empezaba así “Yo
he amar a una piedra”: Me sucede lo mismo con mi nombre.
Cuando era niño me miraba al espejo y no me veían
cara de António, pensaba que mis padres se habían
equivocado con este nombre. Así que poco a poco el
libro y el título comienzan a tener una relación
muy estrecha. Creo que los títulos de los libros
son como un milagro, algo sobrevenido.
-¿Existe
alguna frontera entre la poesía y la imaginación?.
-A
“Las almas muertas” Gogol lo llamó poema en homenaje
a Puskhin. Yo llamé poema a algo que escribí
cuando la madre de mis hijas estaba muriendo y vivíamos
una relación tan feliz como dramática. En
mi familia se hablan muchos idiomas. Yo de pequeño
comprendía que no éramos todos iguales, aunque
tengamos vidas muy parecidas con nuestras ambiciones, nuestros
sueños.
-Se
dice que “Yo he de amar a una piedra”es un libro donde se
habla de de remordimiento, de amor, de fracaso, de la terrible
guerra de Angola, pero queda en su autor después
de ver el libro publicado?.
-En
mi caso la vida se queda sin sentido sino escribo, sea éste
libro u otro libro.
-Vd.
que ha ganado tantos premios, suena como firme candidato
al Premio Nobel. ¿qué opina sobre ello?.
-Los
premios no tienen nada que ver con la literatura, aunque
sean muy agradables sobre todo si aportan dinero además
del prestigio. Si pidieran mi opinión sobre el Nobel
hoy mi autor preferido es Sánchez Ferlosio. Decía
William Saroyan: “He empezado a escribir para estar cerca
de las mujeres guapas, pero estas van con hombres bajitos
que tienen buenos coches”.
-¿Cómo
han tratado los críticos a sus libros?.
-Bien,
los críticos y los periodistas en general han sido
muy generosos con mi obra.
|