seis
Gnomo,
nibelungo, duende, alux...
No importa cómo se llamen esas criaturas
que habitan las cuevas de la memoria,
siempre: juguetones y pequeños.
Que si tu sonrisa esconden
debajo de una sombra,
que si la hamaca te sacuden
y caen en racimos tu confabulaciones,
que si ocupan a veces nuestra casa,
no importa
porque ésta siempre nos recordará
como a sus primeros habitantes.
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