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Reflexion ... ando
 

Vencedores sin vencidos

5 de enero de 2020

 

Siempre se ha opinado que las diversas historias siempre son narradas, escritas o platicadas por los vencedores, razón por la cual a más de ser aceptadas son impuestas sin más condiciones que la obligación de hacerla una Ley inmediata que ata sentidos, maniata inquietudes y amordaza conciencias. ¿Cuántos se consideran vencedores y ante qué ejército de vencidos han hecho la gloria de su grandeza y de su inmortalidad?, ¿Cabría la comparación de víctimas y victimarios en una cinta cronológica que demuestra una repetición de historias sin que surja la enseñanza que convertida en experiencia pudiera revertir cualquier situación adversa, tras un análisis somero y exhaustivo del comportamiento de los protagonistas y de la manipulación descarada de todos los resultados?

Si se habla de una enseñanza libre, abierta y argumentada, porqué entonces se ha enterrado a la indagación histórica, generadora de juicios y transformadora de actitudes, que habría de permitir una visión “diferente” desde un marco sociopolítico que haga despertar esa memoria colectiva que plácidamente se ha puesto a descansar en una amnesia provocada y aceptada, con la esperanza de despertar algún día con el cetro y la corona que permita el cambio tan ambicionado en medio de todos los beneficios del poder. Las instituciones, más aún las “Tepochcallis”, no requieren más que el adoctrinamiento para seguir produciendo por montones, ese dócil material que serviría a las causas impostergables del progreso de quienes así han manejado por siempre la historia y sus grandes y maravillosos momentos. ¡Juan Pech jamás estará en la lista de posibles beneficiarios para sacarse la lotería de antemano vendida, aun faltando años para el proceso y, con seguridad, como una buena oración aceptada, así será por los siglos de los siglos; y para prueba un botón, ¿cuántos siglos han pasado y las cosas no han cambiado para quien solo se flagela y vive envuelto en la tela que a diario mata esperanzas llorando su desconsuelo?

¡No hay vencedor sin vencido ni vencido sin verdugo!, le echan la culpa a la Ley, que si la Constitución, que si las cláusulas santas, que las reformas que espantan, que si son muchos partidos, que el dinero mal habido pero que todos persiguen como un sueño inalcanzable; en fin, culpables sin culpas, son culpas que están perdidas en medio de la tempestad del miedo, a quien jamás se ha demandado por robar identidades y generar por montones, personalidades anónimas, que a diario buscan culpables en medio de la pirañezca subsistencia en un mundo egoísta, sin razón ni sentido, pero con la diaria competencia de destruir como única causa y aplaudir y complacer como medio tranquilizador que permita seguir, sin saber quién sé es, que se quiere, o hacia donde se va. ¿Cómo favorecer un clima en que se permita el afecto cuando la parte humana jamás se ha alimentado en la humildad y como consecuencia en el respeto y la honestidad?, ¡Cuándo un chapulín de campo podrá aspirar a la cima de un árbol si este siempre está resguardado por grillos que sin piedad, a los audaces que así se atrevan, en cuestión de segundos, mentiras y argucias aprendidas en sus propias universidades, los convertirán en carne de cañón, de presidio o de platillo, ofrecido a los de su misma especie que así lo destruirán!

¡No hay historia sin hechos, pecados sin pecadores, ¡VENCEDORES SIN VENCIDOS!

 
 
Texto: Enviado por Gaspar Ariel Herrera Farfán, el 5 de enero de 2020