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Reflexion ... ando
 

No se cura con buenas intenciones

27 de octubre de 2019

 

Una sociedad que espera el milagro de alcanzar las promesas y gracias, es como la letra muerta de acuerdos, convenios y compromisos que giran con el viento y se pierden en los espacios prohibidos de la credibilidad; las leyes sin aplicación son el pan nuestro de cada día, junto con las amenazas y el terrorismo mental que aniquila las emociones y sumerge en el fuego lento del miedo y del temor a quienes son poco agraciados, pues lo único con que cuentan en realidad, es con su capacidad desvalorada y su preparación encerrada en la caja de experimentos de los sabios de momentos políticos, que sacian su ignorancia con la destrucción de instituciones y organizaciones ante la satisfacción de “superiores”, que disfrutan de su paraíso momentáneo, olvidándose por desconocerlo en su totalidad, del conjunto de valores que se requieren para el servicio público, alejándose por ello en una distancia como de aquí a la luna, de algún día poder alcanzar una “ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD”, como estableciera Max Weber.

¿Quiénes son los que verdaderamente participan en la vida social?, ¡Claro!, ¡el pueblo!, ¡esos habitantes que viven las necesidades y conocen las siete cabezas del monstruo de la pobreza y la miseria que los ha perseguido de padres a hijos, por generaciones completas, y que han sido mudos testigos, o mejor aún, inánimes espectadores de la corrupción, la turbulencia fétida que envuelve y lanza al espacio sideral a la democracia, al uso indebido de funciones con el consabido tráfico de influencias, la negligencia en la atención y solución satisfactoria de situaciones atendidas por la injusticia con el disfraz perfecto de una justicia manipulada y a todas luces en beneficio tan solo de unos pocos que con jactancia y burla, vociferan el  tener agarrado al mismísimo malo por los testículos, sabiéndose por ello intocables y más poderosos que el mismísimo miedo!

Se ha olvidado que cuanto más corrupta es una sociedad, más lentamente crece; pero también se ha comprobado que quien menos importa es esa sociedad que todo permite y todo avala, y que por ello tiene como consecuencia, todo aquello que se merece, por ser ella misma quien se coloca la soga al cuello, al aceptar y permitir se baile un zapateado jaliscience sobre su dignidad y respeto. Todo se ha convertido en un comportamiento cotidiano adoptado ya como parte de los usos y costumbres del conglomerado humano, ante la entera satisfacción de reyezuelos y emperadores a los que en términos metafóricos se pueden mencionar como portadores del virus que enferma al cuerpo social y a las instituciones públicas.

Promesas lanzadas al vacío cuando el compromiso es acabar con esa corrupción y deshonestidad, para caminar hacia una verdadera transformación; palabras huecas cuando se comprueba que el referente empírico de la enfermedad pública es la corrupción, que representa a cada ser que es capaz de engañar a sus hermanos, burlándose de sus necesidades y de su confianza. ¡Qué hay que hacer para que se entienda que la adquisición de un pensamiento societario y humano, siempre será visto como el más grande valor que envuelva la esencia de un trabajo productivo, vigilado en sus resultados y evaluado en su aceptación ciudadana!, ¡Ética a mí para envolver los sueños ciudadanos que en su realidad reclaman que: “NO SE CURA CON BUENAS INTENCIONES!

 
 
Texto: Enviado por Gaspar Ariel Herrera Farfán, el 27 de octubre de 2019