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Reflexion ... ando
 

El bueno, el malo y ...el inocente

24 de noviembre de 2019

 

Por más pensamientos revueltos o rebuscados, siempre se encontrarán argumentos sólidos para revertirlos, e incluso en un momento más íntimo y sensual, para desvestirlos, tratando con ello de disfrazar o desviar la realidad; no pasar debajo de una escalera o correr en el lado contrario a donde podría ir un gato negro, por la mala suerte que trae como consecuencia, es algo que se toma como culpable ante las inseguridades que uno mismo va generando en su persona, pero qué decir de las consecuencias negativas que a cada paso se van encontrando, la inseguridad, la corrupción, la prepotencia, la violación a los derechos más elementales, la no existencia de la justicia con la demostración de la inequidad de su impartición, en fin, un sinfín cuando el pensamiento está secuestrado por el miedo y los valores están en eternos viajes de placer para no despertar a los monstruos de la decisión y la verdad.

La moralidad ha sucumbido ante los hedores pestilentes de un Shreck, humano y lleno de sentimientos (aunque sean de culpa y de frustración), que en su princesa ve esa rara fusión que le permite aceptar todo aquello que pudiera suceder en su derredor, sin importarle en lo más mínimo, y vivir cual Isla , lejos de todo y de todos, haciendo a un lado la definitiva decisión de convertirse en el hombre para dejar de ser el juguete de todos, en este hermoso mundo de juguete de algunos; ¡porque tal vez al entender a qué se juega, se pudiera notar la gran  ausencia de juguetes para todos! Entonces sí hay que pensar que las cosas tienen una visión de manipuleo que presenta las realidades que cada uno necesita creer para seguir con la cabeza gacha, los ojos cerrados, los brazos caídos y el estómago fruncido. Si gente como Isabel Miranda de Wallace argumentó en 2016 en una entrevista que “los derechos humanos sirven para destruir hogares al no permitir la verdadera educación de los hijos, con la libertad de antaño; y la justicia es utilizada para liberar y defender criminales”, ¿entonces cuál sería la concepción que se le habría de dar a todo lo que en esta convivencia va sucediendo?

¿Cómo entender la realidad que permita el despertar de las armas dormidas en la serena quietud del fracaso anticipado, so pena de convertirse en un delincuente de ágil lengua, desvergüenza comprobada, pero a cambio opulencia y placeres sin fin? ¡Se prefiere la ignominia aplaudida y bien calificada entre sus iguales, que aunque pocos, se saben dueños del ejército mayoritario sabedores que el miedo no anda en burro, porque aniquilando a uno, los tienes quietos a todos. ¡arre burro arre!

Esto trae a colación lo sucedido en un palenque de gallos, cuando alguien que quería ganar a lo seguro le pregunta a un provinciano cual gallo era el bueno, entre el blanco y el giro, ¡respuesta inmediata! ¡el blanco!, que además se veía imponente, ante un giro desgarbado y enclenque; apuesta inmediata y pelea de compromiso, que a dos brincos de los gallos, el giro mete certero tajo al blanco y lo mata. Enseguida el fuereño busca para reclamar y la respuesta obtenida fue, “me pregunto por el bueno, ¡yo no le mentí, porque el giro es el gallo más malo de la región.”! Entonces ¿quién es EL BUENO, EL MALO Y…EL INOCENTE?

 
 
Texto: Enviado por Gaspar Ariel Herrera Farfán, el 24 de noviembre de 2019