El corazón de Ah' Canul - 9
 
No. 9
Voy a escribir una canción (Fragmento)
Silvestre Leonardo Maas Canché
 

El fuego que derrite la cera es el mismo fuego que endurece el barro, eso es el libre albedrío, es el don que tenemos de escoger entre lo bueno y lo malo. El sol cae todos los días sobre enfermeras amorosas y asesinos seriales, la lluvia moja lo mismo al campo como a la ciudad, las oportunidades de sobrevivir a una enfermedad como el cáncer es igual para los ricos como para los pobres, Dios no hace diferencia en los hombres.

Todos escogemos lo que queremos hacer día con día, algunos escogen inventar la dinamita, encontrar planetas nuevos, preparar huevos fritos, pintar un cuadro, tener un hijo, leer un libro, esa es la característica del libre albedrío, yo escojo como mi actividad para el día de hoy escribir o tratar de escribir una canción.

¿Qué necesito para escribir una canción?, primero que nada, necesito un tema, una motivación y algo de inspiración.

Pero iniciaré con la motivación, quizás de allí salga el tema, lo difícil es empezar;... a ver… cierro los ojos… me dejo llevar por la oscuridad que me brindan mis párpados… trato de ver mis ideas… sigue la oscuridad ante mi, no puedo ver más que una poca transparencia a través de la piel de mis párpados… quiero ver mi cerebro hacia adentro pero no se puede…mmm…mmm…y de repente surge mi motivación:

Para lograr mi objetivo (escribir una canción) debo imponerme una meta lo suficientemente alta, sobre mis expectativas más positivas, una rayita más arriba de lo que se puede esperar, tirar la idea hacia la luna para alcanzar una nube, o tirarla hacia el avión que pasa volando para darle a la copa más alta del árbol más alto del cerro más alto, aspirar a algo fácil cualquiera lo haría, ¡yo no soy un cualquiera!, yo soy mejor que el vecino, mejor que mis padres, mejor que yo mismo visto claro desde la butaca introspectiva del espectáculo llamado vida.

El primer obstáculo a vencer es mi propia mente, ya que es la que crea los miedos, miedo a los resultados, miedo al que dirán, miedo al triunfo, y por supuesto miedo a aceptar que tenemos miedo. La colección de ideas que tiene el hombre lo colma de un cúmulo de experiencias que lo hacen madurar mentalmente, en ocasiones recordar es grato y olvidar es difícil, pero, si nos sobreponemos a las malas experiencias y solo retomamos momentos alentadores podremos aprender de nuestros errores, en caso contrario nos toparemos con el arroz de todos los días…el desaliento, que no es un alimento digno del rey que anhelo ser; Tomemos un tiempo y observemos a toda esa gente en las paradas de los camiones, en las filas de los bancos, son montones ¿Cuántos de ellos quizás quisieron ser bomberos, futbolistas profesionales, maestros?, ¿Cuántos lo lograron?; yo no quiero engrosar la estadística de los que no lo lograron.

Ya me encuentro motivado creo que puedo ganar algunos pesos con mi terapia parchada, agradeciendo el lapso de la anarquía mental que me permite hacer lo que quiera con mis ideas, aflorarlas, destruirlas, moldearlas, hacer con ellas todo lo que en la vida real no se puede, que linda es mi mente cuando me permite refugiarme en eso…mis ideas.

Ahora buscaré un tema para la canción…mmm…mmm…pueden ser los árboles, cantarle al aspecto verde del mundo, o tal vez cantar sobre un viaje a algún lugar del planeta, cantarle a la política también es válido, cantarle a las madres, al amor, al desamor, a la luna, puedo cantarle al horizonte de indiferencia que se observa muy cercano a nosotros en las diferentes facetas injustas de la vida, la cual va erosionando nuestra piel con la amargura de lo cotidiano; pensándolo mejor puedo cantarle a todo lo que me venga en gana; también puedo escribir una canción que no necesariamente tenga que cantarse, puedo escribir una prosa y cantarla al compás que me marque mi corazón, acomodándole una melodía que me dicte la razón…todo puede ser posible en este mundo de caricatura social.

El tema elegido es todo aquello que permita expresar felicidad, tristeza, amargura, calor, frío, inventar tonterías es lo mío, como dice el poema “robarle inspiración a la tristeza”, aunque tenga que romperme la espalda y ponerme de cabeza ante las eventualidades de la letra que narra el ir y venir de los sueños y de los ideales, ¿cuáles? todos los que nos forjaron como personas, como individuos únicos, aunque estos ideales hayan venido de Marx, de Freud, de Cabañas, del Che Guevara, de Malcon el de en medio o de Chespirito eso no importa, es por el bien de nuestra autenticidad.

Dejando en claro que no hay un tema específico, además de que ya estamos motivados, dejamos el espacio a la inspiración…respiro hondo… dejo descansar mi espalda en el regazo de la paz mental…cierro los ojos a la lógica y abro la mente a la música interior, esa que se expresa en la flor y en el sonido del viento, y me olvido del tiempo en la arena de la playa en donde las partituras musicales hacen llorar a todo corazón necesitado del desahogo y de la brisa espesa y salina del mar.

A lo lejos, por el hemisferio cerebral empieza a llegar la letra y una hermosa melodía que me hace pensar en las diferencias sociales…