Cuando
se evalúa la labor de los profesores que no ponen
en práctica los últimos conocimientos
de la pedagogía para hacer de sus alumnos personas
analíticas, críticas y reflexivas se les
da un "despectivo" calificativo, "profesores
tradicionalistas".
El
que estas líneas escribe es producto de una educación
frontal, rígida y memorista, no puedo afirmar
que también libresca porque eran escasos los
libros que podía leer en mi época de estudiante
formal y si bien al ejercer la docencia me he adentrado
en las innovaciones pedagógicas, me siento orgulloso
de las enseñanzas de mis maestros "tradicionalistas"
que superaban sus deficiencias metodológicas
con valores que en gran parte de los maestros "modernos"
se encuentran ausentes: responsabilidad, más
que vocación; voluntad, más que conocimientos;
presencia social, más que protagonismo; práctica
áulica eficaz, más que títulos
de relumbrón.
Los
profesores "tradicionalistas" se preparaban
para ejercer la docencia con más calidad asistiendo
a seminarios de zona escolar y, en el mejor de los casos,
al Centro de Capacitación del Magisterio que
les certificaba el título de Profesor de Educación
Primaria que de hecho ya tenían en la práctica
y con el cual llegaban a la jubilación; profesores
que se capacitaban en la escuela y para la escuela.
Los
maestros "modernos" buscan fuera de la escuela
diplomados o maestrías que fortalezcan sus competencias
para elevar la calidad de su labor docente, pero, irónicamente,
los diplomas y títulos adquiridos propician sus
ascensos y, en consecuencia, el abandono del aula, sitio
único en que se conoce y reconoce la labor del
maestro que escribe su título con mayúscula.
Ante
este comparativo surge una interrogante ¿Qué
profesor es mejor, el "tradicionalista" pobre
en conocimientos pedagógicos pero con una alta
calificación en valores o el profesor "moderno"
rico en conocimientos pedagógicos pero reprobado
en valores?
Hoy
es preciso, en muchos casos, escoger entre ellos dos,
sin embargo, con visión de futuro y voluntad
política el sistema educativo podría formar
los profesores de calidad que el pueblo reclama: Docentes
con maestrías en pedagogía y "doctorados"
en valores.
"Que
la alianza por la educación diga la última
palabra". |