El corazón de Ah' Canul - 8
 
No. 8
Las cortinas (Fragmento)
Silvestre Leonardo Maas Canché
 

El sudor recorre mi rostro, baja por mi espalda hasta llegar a mis pies, este traje de lona me asfixia, las costras de mi cuerpo no me dejan en paz. No es posible salir a las calles de esta ciudad sin un traje como éste que nos protege de cualquier posible bacteria en el aire; lo bueno que siempre cargo con un hoyo en el bolsillo de mi pantalón para cuando se necesite, uno nunca sabe; no logro entender como es que al principio de esta epidemia la gente creyó protegerse con un simple cubre bocas y unas cuantas pastillas para la gripa; fue en ese momento en que se realizó la primera cortina de humo.

Una cortina de humo se le denomina a la forma en que se le da prioridad, se generaliza a gran escala, se le da promoción a una situación sin importancia, para ocultar, opacar, menospreciar una situación grave, una cortina puede protegernos de la luz que entra por la ventana, pero una cortina de humo nos permite ver algo de manera parcial, puedes distinguir algunos metros pero una vez adentro del humo todo es confuso y no sabes con exactitud que hay adelante, obtienes una verdad a medias; tal fue el caso de esta enfermedad que fue denominada despectivamente la gripe mexicana. Como olvidar ese 28 de abril, las noticias en el periódico y en la televisión daban grandes alertas sobre esta enfermedad, se suspendían las labores, se dramatizaba la cantidad de muertes, se hablaba de una pandemia mundial, se mandaba a la gente a enclaustrarse en sus casas a no hablar con nadie; “esto como medida de prevención” y en cuestión de segundos se soltaba de manera breve la noticia de que el senado había dado luz verde a la legalización de la marihuana; en otro momento esto hubiera sido una bomba, pero como la gente trataba de salvar su vida contra la enfermedad, la noticia de que cualquier persona pudiera andar por la calle con 2.5 gramos de marihuana en sus bolsillos a nadie le llamó la atención, la cortina de humo había funcionado.

Ahora que voy caminando por estas calles y veo escombros, tiendas saqueadas e incendiadas, gente muriendo lentamente por el uso excesivo de las drogas y por las bacterias en el aire, puedo darme cuenta de que el hombre es un gran kamikaze, está decidido a entregar su vida y autodestruirse, pero a diferencia de los japoneses estos kamikazes mexicanos mueren sin un objetivo que valga la pena, mueren por el simple gusto de morir, por querer llevarse el crédito de ser parte de la fauna urbana, esa fauna que igual muere de soledad como de congestión alcohólica, que igual mata por una tortilla que por un cigarro, que igual se motiva a seguir respirando por una bonita casa como por una grapa de cocaína.

Ahora sin analizar mucho puedo ver que los enfermos no son los drogadictos o los contaminados con la bacteria, los enfermos somos toda la sociedad que se ha vuelto inmune a la compasión, que se ha acostumbrado a vivir con el dolor de los semejantes sin sentir el menor deber de ayudar, esta sociedad egoísta de la cual soy parte, esta sociedad que no vive el hoy sino que vive el mañana. Mi papá me dijo una vez –no te preocupes por el ayer, eso le pertenece a Dios, lo que hiciste ya no tiene remedio, preocúpate por el hoy para poder vivir el mañana.

Recordando parte del ayer puedo darme cuenta como fue que empezó el proceso de descomposición del cuerpo social, se voceaba por las calles y en las noticias que no se saludaran de mano ni de beso, entonces la gente perdió contacto físico con los que lo rodeaban, a pesar de que la crisis bacteriológica se había controlado; fue en ese momento en que a nivel nacional se implementó la segunda cortina de humo.

La gente se acostumbró a no saludar de mano o de besito en la mejilla, pero como el hombre siempre va más allá de las circunstancias implemento la situación de no saludarse ni de hola, esto para no contagiarse de ese cáncer llamado amistad, o de esa bacteria llamada idealismo, o de ese virus llamado codependencia social; pero al contrario sin darse cuenta el hombre empezó a crear un ácido apático que eventualmente fue destruyendo las defensas para la vitamina llamada…amor, también se logró controlar lo último que le quedaba al hombre…sus sueños.

Eran tiempos de campañas políticas y de pugnas sociales por el poder, se utilizaban toda clases de trucos para ganarse el electorado, desde un sándwich de jamón y queso hasta un litro de pintura, desde una camiseta de algodón hasta trabajos de pilotos (aviadores) en esos momentos todo pintaba bien, pero se solicitaba a la sociedad estar al margen de cualquier evento público y de aglomeraciones sociales, era preferible quedarse en casa a ver smakdawn, el doctor House, o mujeres asesinas, o quizás ver bandamax o el partido de las chivas, eso sí valía la pena...