El
sudor recorre mi rostro, baja por mi espalda hasta llegar
a mis pies, este traje de lona me asfixia, las costras
de mi cuerpo no me dejan en paz. No es posible salir
a las calles de esta ciudad sin un traje como éste
que nos protege de cualquier posible bacteria en el
aire; lo bueno que siempre cargo con un hoyo en el bolsillo
de mi pantalón para cuando se necesite, uno nunca
sabe; no logro entender como es que al principio de
esta epidemia la gente creyó protegerse con un
simple cubre bocas y unas cuantas pastillas para la
gripa; fue en ese momento en que se realizó la
primera cortina de humo.
Una
cortina de humo se le denomina a la forma en que se
le da prioridad, se generaliza a gran escala, se le
da promoción a una situación sin importancia,
para ocultar, opacar, menospreciar una situación
grave, una cortina puede protegernos de la luz que entra
por la ventana, pero una cortina de humo nos permite
ver algo de manera parcial, puedes distinguir algunos
metros pero una vez adentro del humo todo es confuso
y no sabes con exactitud que hay adelante, obtienes
una verdad a medias; tal fue el caso de esta enfermedad
que fue denominada despectivamente la gripe mexicana.
Como olvidar ese 28 de abril, las noticias en el periódico
y en la televisión daban grandes alertas sobre
esta enfermedad, se suspendían las labores, se
dramatizaba la cantidad de muertes, se hablaba de una
pandemia mundial, se mandaba a la gente a enclaustrarse
en sus casas a no hablar con nadie; “esto como
medida de prevención” y en cuestión
de segundos se soltaba de manera breve la noticia de
que el senado había dado luz verde a la legalización
de la marihuana; en otro momento esto hubiera sido una
bomba, pero como la gente trataba de salvar su vida
contra la enfermedad, la noticia de que cualquier persona
pudiera andar por la calle con 2.5 gramos de marihuana
en sus bolsillos a nadie le llamó la atención,
la cortina de humo había funcionado.
Ahora
que voy caminando por estas calles y veo escombros,
tiendas saqueadas e incendiadas, gente muriendo lentamente
por el uso excesivo de las drogas y por las bacterias
en el aire, puedo darme cuenta de que el hombre es un
gran kamikaze, está decidido a entregar su vida
y autodestruirse, pero a diferencia de los japoneses
estos kamikazes mexicanos mueren sin un objetivo que
valga la pena, mueren por el simple gusto de morir,
por querer llevarse el crédito de ser parte de
la fauna urbana, esa fauna que igual muere de soledad
como de congestión alcohólica, que igual
mata por una tortilla que por un cigarro, que igual
se motiva a seguir respirando por una bonita casa como
por una grapa de cocaína.
Ahora
sin analizar mucho puedo ver que los enfermos no son
los drogadictos o los contaminados con la bacteria,
los enfermos somos toda la sociedad que se ha vuelto
inmune a la compasión, que se ha acostumbrado
a vivir con el dolor de los semejantes sin sentir el
menor deber de ayudar, esta sociedad egoísta
de la cual soy parte, esta sociedad que no vive el hoy
sino que vive el mañana. Mi papá me dijo
una vez –no te preocupes por el ayer, eso le pertenece
a Dios, lo que hiciste ya no tiene remedio, preocúpate
por el hoy para poder vivir el mañana.
Recordando
parte del ayer puedo darme cuenta como fue que empezó
el proceso de descomposición del cuerpo social,
se voceaba por las calles y en las noticias que no se
saludaran de mano ni de beso, entonces la gente perdió
contacto físico con los que lo rodeaban, a pesar
de que la crisis bacteriológica se había
controlado; fue en ese momento en que a nivel nacional
se implementó la segunda cortina de humo.
La
gente se acostumbró a no saludar de mano o de
besito en la mejilla, pero como el hombre siempre va
más allá de las circunstancias implemento
la situación de no saludarse ni de hola, esto
para no contagiarse de ese cáncer llamado amistad,
o de esa bacteria llamada idealismo, o de ese virus
llamado codependencia social; pero al contrario sin
darse cuenta el hombre empezó a crear un ácido
apático que eventualmente fue destruyendo las
defensas para la vitamina llamada…amor, también
se logró controlar lo último que le quedaba
al hombre…sus sueños.
Eran
tiempos de campañas políticas y de pugnas
sociales por el poder, se utilizaban toda clases de
trucos para ganarse el electorado, desde un sándwich
de jamón y queso hasta un litro de pintura, desde
una camiseta de algodón hasta trabajos de pilotos
(aviadores) en esos momentos todo pintaba bien, pero
se solicitaba a la sociedad estar al margen de cualquier
evento público y de aglomeraciones sociales,
era preferible quedarse en casa a ver smakdawn, el doctor
House, o mujeres asesinas, o quizás ver bandamax
o el partido de las chivas, eso sí valía
la pena... |