El corazón de Ah' Canul - 8
 
No. 8
La mujer y el amor a sí misma
Estela Hernández Sandoval
 

Hace algunos años escuché que una niña preguntaba a su madre el porqué su hermano tenía genitales diferentes a los de ella. Su respuesta fue que en el principio de los tiempos no había tal diferencia pero que como la mujer se había vuelto mala Dios la castigó y de un hachazo cortó sus genitales de tajo y a partir de ahí todas las mujeres del mundo nacieron con tal pérdida y agrego yo, con una culpa ancestral.

Aún hoy en pleno siglo XXI persiste este sentimiento de culpa religiosa en muchas mujeres que hace se coloquen existencialmente en un terreno de minusvalía y renuncia al respeto de sí mismas.

Ya no importa quién inventó esas fábulas que durante mucho tiempo marcaron el destino de la mujer, lo que sí importa es que ella haga uso de su reflexión, del pensamiento crítico que posee y deje de hacer labor contra sí misma, que al tener hijos e hijas no le enseñen a ellos que se merecen todo, que deben ser servidos hasta en sus más mínimos deseos y a ellas, que están ahí para complacer, para atender a sus hermanos, a su padre, y, al casarse, a su esposo y a sus hijos.

Esa es la gran tarea femenina: aprender a amarse a sí mismas, es vital construir y consolidar profundamente este aprendizaje, ya que sin amor propio es imposible realizarse como persona.

Religión, corrientes de pensamiento de época, han enviado mensajes denigrantes a la imagen de la mujer, así han quedado registrados algunos de los que presentamos una breve muestra:

..."La mujer es toda malicia, ella cubre al hombre de oprobio y vergüenza"
Eclesiastés, Cap. LXII: Versículo 14.

"La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres"
Aristóteles.

Declaraciones como éstas, paralelamente acompañadas de una educación devaluatoria similar, formaron en la mujer un sentimiento de menor valía y si se sentía o se creía inferior al hombre, su autoestima era, lógicamente, baja, pues de esas fuentes se nutría.

Sin embargo, en uno y otro campo, en diferentes confines, surgieron mujeres, que de uno u otro modo comenzaron a sobresalir, demostrándose a sí mismas que eran capaces de incursionar en caminos no transitados, aún, por el alma femenina y se convirtieron en faros de otras que al fin reconocieron su propio poder para, como decía Engels, refiriéndose a las personas, ser las arquitectas de su propio destino.

Cuando la mujer, como cualquier otra persona, confía en sí misma, ve la vida como una oportunidad, sabe y siente que tiene derecho a explorar nuevos caminos, a dejar el miedo de vivir con plenitud e intensidad y que si se equivoca o comete errores son parte de su crecimiento y puede asumirlos con responsabilidad y sin culpas o remordimientos porque sabe que no es "perfecta" ni tiene porqué serlo.

La mujer actual ha asumido, o en otros casos está en proceso de hacerlo, el autogobierno de su vida, ha dejado de jugar a la tonta para conservar a la pareja o para conseguir aceptación, ha cambiado de actitud en sus relaciones consigo y con los demás y sus conductas son más naturales, hay armonía entre lo que dice, hace, siente.

Comienza a tener nuevas experiencias de vida, y lo que es más importante, las provoca y está aprendiendo nuevos desempeños y su autoestima se fortalece y ella florece.

La mujer ha tomado en sus manos la decisión de liberarse de pesos impuestos, de ahogos marginales, ha elegido romper estructuras, dejar patrones cómodos de conducta y vale que lo haga. No puede seguir viviendo conforme las expectativas de otras personas.

Es grande la empresa iniciada, requiere de mucho tesón, voluntad, disciplina y una conciencia muy alerta y abierta a su autoconstrucción como persona.

En este proceso de autoconstrucción se requiere de introspección personal para autoanalizarse, conocerse, motivarse a la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades; para aceptarse con las fortalezas y debilidades tenidas, para reconocer y aceptar los sentimientos que afloren en el proceso, para manejarlos de manera adecuada y así tomar las riendas de la propia vida, siendo auténtica y congruente con su pensar, sentir y actuar.

Muchas mujeres se han atrevido en lo antes descrito y están viviendo una nueva realidad.

Esperemos que el número se incremente cada vez más.