“Todas
las personas tenemos derecho a obtener la defensa efectiva
del estado en el ejercicio de los derechos e intereses
legítimos, sin que, en ningún caso, pueda
producirse indefensión " Hermosa palabra:
"defensión".
Y
qué terrible experiencia la de la "indefensión",
el término denota la situación en la que
se encuentra colocado un individuo a quien se impide
o se limita indebidamente sus derechos que por naturaleza
le corresponde en un procedimiento administrativo o
judicial.
En
nuestro México es muy común que los ciudadanos
nos encontremos en esa situación, pero aún
vamos más allá: casas y negocios con rejas,
circuitos cerrados, alarmas, toda clase de animales
guardianes (hasta guardaespaldas), etc. La frecuente
sensación de impotencia y vacío que provoca
la indefensión nos hace, desde algún tiempo,
meditar y reflexionar sobre lo vulnerables que somos
como ciudadanos, Ramón y Cajal expresó
este horror en su El pesimista corregido: "¡Desolador
era el espectáculo! ¡Enfrente de los enemigos
invisibles, en todas partes, como únicas armas,
la desidia, la indiferencia y la indefensión
más absoluta!"
Un
tal Seligman, psicólogo, en experimento con perros,
llegó a una conclusión que llamó
"indefensión aprendida" concepto útil
en psicología por su aplicación en el
campo de la depresión, y que bien podemos aplicarlo
en nuestro caso, aprendemos y nos acostumbramos lentamente
a no rechistar domesticados por esa campanilla de Pavlov
que es el hedonismo barato impulsado desde el poder.
No hay que protestar, no hay que investigar, no hay
que informar ni informarse,' no hay que-enjuiciar, no
hay que estudiar, ni entender, ni comprender, no hay
que esforzarse, no hay que sacrificarse (Epicuro admitía
que un bien mayor podía exigir el sacrificio
del bien menor), no hay que ser críticos, no
hay que desarrollar puntos de vista personales, no hay
que ser competentes, no hay que ser mejores, en fin,
no hay que cambiar... Vamos, no hay que ser personas
fines en sí mismas como quería Kant. Hay
que ser masa social amorfa, plastilina humana para los
gobiernos y partidos, medios humanos para unos fines
ajenos, los ciudadanos como personas hemos quedado fuera.
Aceptamos
la mentira una y otra vez sin que pase nada, que nos
desorienten una y otra, que nos roben con tasas de interés
altas, con impuestos más altos y rebuscados (la
tenencia), hipotecas y gravámenes, la
mayoría desconocidos y ocultos, que nos sustituyan
el razonamiento riguroso por la propaganda sin escrúpulos,
que nos cambien los valores necesarios para vivir en
comunidad y en libertad por banales refritos relativistas,
que hayan machacado nuestras ilusiones haciéndonos
creer que nada merece ser hecho salvo lo que nos hacen
y dictan.
Pueden
subir el recibo de la luz, obligarte a recibir asignaturas
doctrinarias, imponerte nuevos impuestos (valga la redundancia)
tras haberse cargado con proyectos millonarios, escribir
tu nombre en tenebrosas listas negras, succionar tus
dineros para financiar un cuerpo de políticos
ejecutivos, de liberados sindicales, de funcionarios,
de empresas públicas, aburrirte con trámites
para que no hagas, para que ni digas, para que no toques,
escandalizarte con sentencias que tú debes cumplir
pero que otros no cumplen, desesperarte con quienes
creías llamados a cambiar esta cochambre y que
se manifiestan como insensatos, como imbéciles
o como vulgares impostores de tus ideas...
En
fin, lo que necesitamos no es uno ni varios partidos
políticos, necesitamos aprender a defendernos
de esta democracia pervertida, de los partidos que votamos
y de la Administración que nos asfixia. Es decir,
necesitamos afrontar una dura batalla contra este Estado
que oprime en nombre de la democracia y contra su estado
de cosas. O sea, que necesitamos esbozar una Causa que
motive un Movimiento que dé lugar a una Organización
diferente con centro en las personas corrientes y molientes
donde la verdad sea verdad, la mentira mentira, la ley
sea la ley, los hechos sean los hechos y las personas
sean personas, fines en sí mismas, dotadas de
dignidad y respetadas y servidas por las instituciones
y no al revés.
Sufrimos
una indefensión grave, máxime cuando nos
enfrentamos a problemas tan comunes y banales, como
embotellamientos, causados sencillamente por vehículos
mal estacionados, en doble fila, transporte urbano,
taxis, vehículos oficiales y particulares, aunado
a un número creciente del parque vehicular, Por
otro lado, problemas que el ciudadano común y
corriente, tiene con la CFE, Telmex, por citar algunas
empresas no gubernamentales, no digamos de las famosas
obras públicas del gobierno, cierre de calles,
registros en banquetas abiertos, falta de mantenimiento
de los servicios públicos, autopistas caras y
malas, defectos que pueden provocar accidentes fatales,
como ya ha sucedido, en fin la lista sería interminable,
pero en este país no pasa nada, el pueblo no
tiene memoria.
Pero
es el sentimiento de horror y vacío que provoca
la indefensión el que más tiempo nos ocupa
o somos capaces de reformar esta democracia que nos
ha situado en la indefensión personal y colectiva
o la democracia mexicana no tendrá futuro.
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