El
año próximo, el 2010, se cumplen los 200
y los 100 años, de dos acontecimientos históricos
que en gran parte contribuyeron a la formación
del México actual; nos referimos a la Independencia
Nacional y a la Revolución Mexicana, respectivamente.
Consideramos
que la historia de nuestro país es tan rica y
profunda que en muchas ocasiones la enseñanza
que se recibe en la educación básica resulta
superficial, dado el conjunto de asignaturas que conforman
los planes de estudio, y por otra parte, porque poco
nos hemos motivado para el autodidactismo en la materia.
La
Independencia Nacional, por citar una de las fechas
que serán motivo de la magna celebración,
tiene aspectos que es preciso analizar para acercarnos
a la realidad de los hechos. Por ejemplo, citamos un
caso que debemos rescatar de los archivos para estudiar
y obtener conclusiones:
El
día 27 de Septiembre de 1821, el general Agustín
de Iturbide, al frente del Ejército Trigarante
entra en la ciudad de México, y al día
siguiente se firma el Acta de Independencia Nacional.
Dicho documento establece, como era de esperarse, los
fundamentos y los puntos básicos de la ansiada
independencia que normarían la vida de la nueva
nación. Fue firmada por 38 personas… pero
allí está el detalle, ninguna de ellas
era del grupo insurgente; todos o la mayoría
de los que la suscribieron eran de ideas realistas,
o sea afines al rey español. Esto lleva a preguntarnos
¿qué motivó a los españoles
o a sus descendientes a efectuar la independencia de
México respecto a España?. Lo que Hidalgo,
Morelos, Mina, Guerrero y tantos patriotas no lograron
se hizo posible cuando menos se esperaba. Vale la pena
analizar las causas;.
Al
hacer mención de este hecho es con el propósito
de sugerir que en la celebración de los festejos
citados, una gran tarea de la comisión respectiva
sea la de motivar a los mexicanos a compenetrarnos en
el análisis de las causas, consecuencias y el
papel de los actores de esos acontecimientos, y no sólo
pretender constituirnos en receptores pasivos de “verdades”
ya elaboradas que así ha convenido aceptar y
preservar.
Después
de 200 ó 100 años de los hechos, estamos
preparados y a buena distancia para verlos con la necesaria
objetividad.
|