El Corazón de Ah' Canul - 74
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Cuestiones escolares
Estela Hernández Sandoval
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Las labores del ciclo escolar 20-21 en Educación Básica están cerrando, y una de las decisiones a tomar para finiquitarlo es cómo conceder calificaciones a las y los estudiantes inscritos; este evento ha sido objeto de discusiones y controversias, unos dicen que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha girado instrucciones para que no se repruebe a nadie y, por lo tanto, según dicen, la calificación mínima que habrá que anotar en la boleta del alumno es 6 y, además la misma SEP dispone un período de “nivelación” durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, para que los alumnos “concluyan su ciclo escolar de manera integral y exitosa”, según expresara la secretaria del ramo en la LXI reunión con la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) al presentar el Calendario Escolar 2021-2022.

Si se piensa brindar atención a estos alumnos que se encuentran en riesgo escolar es necesario analizar qué es lo que realmente están necesitando y si lo que la escuela le está ofreciendo responde a esa necesidad y que esta acción no se concreta únicamente a contenidos académicos. Los estragos en la vida académica de las y los estudiantes no se podrán mitigar solo con la reapertura física de las escuelas ni tampoco con planes de atención hechos al vapor y solo por cumplir con un requerimiento administrativo.

El gran desafío que hoy estamos teniendo es poner en discusión la escuela de la prepandemia y analizar si es ésta la que hasta el día de hoy queremos, si es la que necesitan las nuevas generaciones o, si es necesario repensarla y ensamblar de una manera diferente las piezas de su organización, y crear ambientes de aprendizaje más a la medida de los sujetos que asisten a ella, con propuestas de trabajo más integradas e integrales, desarrollando proyectos con objetivos más justos, inclusivos e igualitarios, trabajados en redes colaborativas, tanto en el interior como en el exterior de la escuela,  partiendo desde los aprendizajes más relevantes; identificando las barreras a las que se enfrentan las y los estudiantes, analizando sus áreas de oportunidad, focalizando desafíos y fortalezas.

En las escuelas de educación básica se ha señalizado un Programa Escolar de Mejora Continua (PEMC), cuya finalidad finalidad es el diseño de acciones que ayuden a superar las áreas que se detecten necesitan ser reforzadas, vinculándolas entre sí para su atención, evaluando lo realizado, así como los logros obtenidos a través de su ejecución, poniendo en el centro de la mirada, durante todo el proceso, al que aprende. Resulta entonces, que este PEMC, no constituye un documento más, ni tampoco es para aumentar la carga administrativa, como se ha llegado a ver, y pensar y sí es una propuesta concreta y realista que la misma comunidad educativa, en conjunto, elabora para resolver su problemática particular.
 
Esta contingencia sanitaria nos mostró algo que desde antes era palpable: los programas escolares, las acciones áulicas que se han venido realizando, no habilitan a los escolares con las competencias requeridas para afrontar cuestiones de vida o para integrarse a la sociedad. Los alumnos, en su mayoría, no tienen capacidad para estudiar, para aprender por sí solos, no entienden las instrucciones escritas que se les da para que realicen determinadas tareas, no comprenden lo que leen, mucho menos resultan capaces para reflexionar, extraer o inferir información de lo que leen o para verter sus propias opiniones sobre lo leído y así lo demuestran los bajos resultados obtenidos en PISA, nacionalmente.

Entonces, además de una revisión de los programas escolares se hace necesario mirar desde diferentes perspectivas las estrategias de enseñanza y de aprendizaje que resulten más efectivas para el desarrollo de las competencias requeridas por la sociedad actual. En este análisis deben participar los padres de familia, sus asociaciones, sobre todo por la experiencia obtenida por los mismos durante esta contingencia sanitaria al convertirse, muchos de ellos, en grandes aliados del proceso educativo y en otros casos, al ser testigos de las dificultades encontradas en la resolución de las tareas; por supuesto, es indispensable e ineludible la participación del equipo directivo y la del profesorado. Todos ellos deben ser actores activos en estos procesos.

Para el logro de un mayor involucramiento de los actores educativos deben establecerse mecanismos de formación continua del docente a través de diversas formas: cursos, talleres, conversatorios, procesos de acompañamiento reflexivo, entre otros, para incrementar las competencias docentes, así como para fortalecer la tan necesaria formación del liderazgo escolar pedagógico de los directivos. Desde hace tiempo se ha hablado de convertir a las escuelas en comunidades de aprendizaje donde prime la colaboración entre los elementos de la comunidad educativa. Habrá que rescatar y fortalecer esta intención inclusiva para avanzar en los procesos de aprendizaje, lo que incluye el espacio de los CTE que debe ser revisado en su funcionamiento, además de contemplar la verdadera creación y funcionamiento de las Comunidades de Profesionalización Docente.

También debe repensarse la labor que realiza el personal de apoyo a la educación con que cuenta cada centro educativo: prefectos, trabajadores sociales y bibliotecarios y estructurarlos de tal modo para que la acción resulte en franco apoyo colaborativo con los docentes, con el firme propósito de brindar mejor atención al alumnado.

Para lograr las propuestas planteadas se requiere el compromiso y verdadero involucramiento de las autoridades educativas locales y estatales que, hasta ahora, se limitan a girar indicaciones.

Si de verdad obtuvimos algún aprendizaje de este confinamiento obligado por la pandemia, no debemos pretender seguir con lo mismo como si nada hubiera sucedido, tampoco copiar soluciones externas que en ocasiones resultan descontextualizadas a nuestros requerimientos. Algo que sí nos debe quedar muy claro es que es urgente y necesario empoderar a los equipos docentes y las familias, a las y los estudiantes para que aprendan a aprender e incluso para que lo hagan permanentemente y durante toda la vida.

Demos vigencia al derecho a la educación que tienen nuestras niñas, niños y jóvenes.