El Corazón de Ah' Canul - 73
Inicio
¡Quiero ser!...
Gaspar Herrera Farfán
Portada - 73
 

Importante reflexión en la vida de todos; más aún cuando se establecen modelos que sin más ni más van creando a un alguien muy diferente tan solo por la imitación y la falta del más grande valor humano: “la aceptación”, como punto de partida y elemento de mejora sin perder la originalidad del producto. Desafortunadamente se nada en un océano en que los esquemas son los que marcan los parámetros de medida y los puntos de resistencia o de cárcel personal; caer bien, vestir como tal o cual, realizar acciones sin pensar en repercusiones, como la mayoría de ese todo que aqueja, en fin, sin defectos de acción para no tener elementos de represión, ¡vaya mundo tan hermoso que se quiere, olvidando que todo se construye con las bases sólidas de la causa y consecuencia!

¡Qué hacer ante esta interrogante tan difícil, en que se escurren mil y una respuestas para lograr ser y dar ejemplo de vida, si cada cual te corrige de acuerdo a visiones diferentes, poniendo en la encrucijada del conocimiento el discernimiento sobre lo bueno y lo malo! ¡no es corrigiendo a ultranza como se enseña, sino proponiendo alternativas para que uno mismo sea capaz de observar lo incómodo y sea capaz de cambiar por perspectiva propia y no por mandato “divino”, aquello que vaya conformando esa característica única y personal (porque para eso de educar todos se creen Dios).

Tal vez acá haya un espacio para la introspección al aceptar que uno jamás llega a ser al 100 % lo que quiere ser, primero por el desconocimiento, tal vez por la inmadurez, y después por las necesidades, pero aún así, la definición de defectos y virtudes son la indefinición de cada uno en sus proyecciones y en su conducta. Sin embargo, gracias a múltiples y diversas intervenciones, se ha logrado hacer de cada cual, lo que hasta el momento se es con o sin aceptación, pero con la congruencia de que ahora el ¡quiero ser! es personal para hacer lo que quieran; que quede en el espacio esa imagen para recrear con la siguiente anécdota.

En algún momento didáctico, el responsable de la asesoría dio indicaciones acerca de la realización de una actividad a realizar con plastilina, la cual los veinte integrantes del grupo ya tenían de antemano; la primera indicación fue de amoldar la plastilina hasta darle la textura para realizar una pequeña escultura con ella; posteriormente se dio la indicación de que se iba a construir un hermoso muñeco; a la de ya, todos empezaron de manera entusiasta con la actividad hasta que la facilitadora pronunció ¡alto! y dio la indicación de hacer un cambio de plastilina con el compañero de la derecha; habiendo todos realizado el cambio dio la orden de continuar con el muñeco; a determinado tiempo se daba la orden del cambio hasta que el muñeco inicial regreso a las manos de inicio; posteriormente y ya que todos recuperaron su propia plastilina la pregunta fue: ¿ese muñeco que tienen en las manos es el que querían construir? ¡Y todos al unísono respondieron que no!

¡Pues esa es la vida!, ¡eso es lo que rompe con el quiero ser!, ¡esa es la más grande prueba de lo que sucede cuando un producto pasa de mano en mano y cada cual intenta darle lo poco o mucho que pueda tener!, ¡Que respuesta se puede encontrar en ese sencillo ejemplo! Tal vez para evitar complicaciones la rebelión del QUIERO SER, acepta con resignación todos los motivos y con una frustrante resignación se pierde en la satisfacción del ser como se es, aunque no sea ¡LO QUE QUIERO SER!