El corazón de Ah' Canul - 7
 
No. 7
Anecdotario de Calkiní
Carlos F. Suárez Arcila
 

"Chunga" es el sobrenombre de un singular personaje conocido por la mayoría de los calkinienses.

I

Desde que Chunga era un niño de 8 a 10 años, comenzó a ir a la casa de mi abuela, Raquel Berzunza Dorantes. Acompañaba a su madre que acudía a efectuar labores domésticas a fin de obtener un apoyo económico para el sustento familiar. Mientras la mamá estaba en sus actividades, Chunga, con el permiso de la dueña de la casa, subía a las matas de naranja, mandarina, guayaba, etcétera, a comer la fruta que pudiera.

Un día doña Raquel, le pidió que tomara una gallina que no se le quitaba la cloquera, y la fuera a remojar en una de las pialas de agua del patio.

El muchachillo obedeció; pero algo falló en el procedimiento, pues sumergió tanto al pobre animal que la ahogó.

Una vez concluido el "trataniento", Chunga regresó con mi abuela y le dijo:

-Doña Laquelita (porque así hablaba), aquí está la gallina, ya se le quitó la cloquera.

Mi abuela, entre enojada y sorprendida, no tuvo más que aceptar la situación. El propósito se había cumplido, a la gallina se le había quitado la cloquera.

II

(Desafortunadamente, ya adulto, cayó en las garras del alcoholismo).

Estaba Chunga en el parque principal cuando un conocido suyo llegó en su vehículo, y bajó a comprar un periódico. De inmediato lo abordó y con una voz capaz de conmover al más sensible corazón, le dijo:

-Hermano, regálame diez pesos para comprar una torta de cochinita. Tengo mucha hambre y desde hace mucho no como. Te suplico que me ayudes.

El ciudadano que ya se encontraba hojeando el periódico, dirigió la vista hacia el que le hablaba, lo observó detenidamente un momento, y para sorpresa de éste le contestó:

-Si me pidieras el dinero para tomar los tragos con mucho gusto te lo daría; pero para comer no te doy ni ma...

Y con la misma se dirigió a su automóvil para continuar su camino.

Chunga, todo desconcertado por la respuesta recibida, logró reponerse, y a la carrera dio alcance a su interlocutor, y se vio que pudo cruzar palabras con él.

Al poco rato regresó al parque con un billete de $20.00 en la mano. Alguien le preguntó:

-¿Cómo conseguiste el dinero?

Chunga respondió:

-Le confesé la verdad. Le dije que mi forma de pedir es ésa; que pido para comer, pero que en realidad lo quiero para tomar los tragos; y él, cumplió su palabra y me lo dio.