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"Chunga"
es el sobrenombre de un singular personaje conocido
por la mayoría de los calkinienses.
I
Desde
que Chunga era un niño de 8 a 10 años,
comenzó a ir a la casa de mi abuela, Raquel Berzunza
Dorantes. Acompañaba a su madre que acudía
a efectuar labores domésticas a fin de obtener
un apoyo económico para el sustento familiar.
Mientras la mamá estaba en sus actividades, Chunga,
con el permiso de la dueña de la casa, subía
a las matas de naranja, mandarina, guayaba, etcétera,
a comer la fruta que pudiera.
Un
día doña Raquel, le pidió que tomara
una gallina que no se le quitaba la cloquera, y la fuera
a remojar en una de las pialas de agua del patio.
El
muchachillo obedeció; pero algo falló
en el procedimiento, pues sumergió tanto al pobre
animal que la ahogó.
Una
vez concluido el "trataniento", Chunga regresó
con mi abuela y le dijo:
-Doña
Laquelita (porque así hablaba), aquí está
la gallina, ya se le quitó la cloquera.
Mi
abuela, entre enojada y sorprendida, no tuvo más
que aceptar la situación. El propósito
se había cumplido, a la gallina se le había
quitado la cloquera.
II
(Desafortunadamente,
ya adulto, cayó en las garras del alcoholismo).
Estaba
Chunga en el parque principal cuando un conocido suyo
llegó en su vehículo, y bajó a
comprar un periódico. De inmediato lo abordó
y con una voz capaz de conmover al más sensible
corazón, le dijo:
-Hermano,
regálame diez pesos para comprar una torta de
cochinita. Tengo mucha hambre y desde hace mucho no
como. Te suplico que me ayudes.
El
ciudadano que ya se encontraba hojeando el periódico,
dirigió la vista hacia el que le hablaba, lo
observó detenidamente un momento, y para sorpresa
de éste le contestó:
-Si
me pidieras el dinero para tomar los tragos con mucho
gusto te lo daría; pero para comer no te doy
ni ma...
Y
con la misma se dirigió a su automóvil
para continuar su camino.
Chunga,
todo desconcertado por la respuesta recibida, logró
reponerse, y a la carrera dio alcance a su interlocutor,
y se vio que pudo cruzar palabras con él.
Al
poco rato regresó al parque con un billete de
$20.00 en la mano. Alguien le preguntó:
-¿Cómo
conseguiste el dinero?
Chunga
respondió:
-Le
confesé la verdad. Le dije que mi forma de pedir
es ésa; que pido para comer, pero que en realidad
lo quiero para tomar los tragos; y él, cumplió
su palabra y me lo dio.
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