El Corazón de Ah' Canul - 69
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ARTESANOS.
Sergio Antonio Dzib Puc
Santiago Canto Sosa
Portada - 69
 

Sergio Antonio Dzib Puc.

Foto: Santiago Canto Sosa. 2020.
 
 

El municipio de Calkiní es tierra de cultura. El arte se escribe, se teje, se toca… Arte de cantos y palabras, de lienzos y pasos, de ritmos y colores. Obras artesanales y artísticas van de la mano de quienes las crean y reproducen.  Sergio Antonio Dzib Puc combina ambos quehaceres: el tejido -que destella en lámparas de huano- y la música -cultivada en su juventud-.

Sergio Antonio nace en el barrio Kilakán de la ciudad de Calkiní, el 9 de febrero de 1945; cuarto hijo de Eduardo Dzib y Mercedes Puc; sus hermanos: Bertha María, Elsy Noemí y Felipe de Jesús (los tres ya fallecidos).

A los siete años de edad queda huérfano de padre. Su mamá teje el huano para que la familia subsista.

Estudia la educación primaria en la escuela “Carmen Meneses”, de 1° a 3° grados, siendo sus maestros Dora Franco y Efraín Pérez; y en la “Mateo Reyes”, de 4° a 6°, recibe clases de la profesora Aurelia Madrazo. Sergio recoge lápices usados para hacer sus tareas y borra sus libretas para volverlas a escribir. Tiene una mala alimentación, pero su ánimo no decae. Durante seis meses, es alumno en la Secundaria del Colegio Superior de Calkiní.

Además de dedicarse a la música, don Toni elabora canastas, en forma de barril, y otras piezas. Va, en compañía de Daniel Mas, a vender productos artesanales en las ciudades de Campeche y Mérida. En otras ocasiones, va con su hermano Felipe y con José Turriza Balam a vender escobas y lámparas de pedestal.

En la década de 1980, se retira del ambiente musical. Se dedica al trabajo artesanal y se ocupa como triciclero. Además, en 1986-1988, durante la administración municipal de Rubén Uribe, es conserje en la Casa de Cultura de Calkiní.

Su primera artesanía fue una canasta de tambor. Con Felipe acude a su primera exposición y venta.

Recorre calles de pueblos de la región, pregonando lámparas hechas de palma de huano, triplay y madera. Viaja a Tabasco, Ciudad del Carmen y a otras localidades un poco alejadas, que ahora no frecuenta por “lo peligroso que son”; “antes todo era tranquilo”.

Lleva 40 años tejiendo lámparas, oficio que le permite -con mucho esfuerzo y sacrificio- dar profesión a sus hijos y mantener un hogar a pesar de las dificultades que se presentan. Don Toni dice que una lámpara se vende en 600 pesos; hace cuatro años, en 500.

Actualmente (antes de la pandemia de Covid-19), sólo hace dos viajes a la semana a Campeche, Mérida o Chetumal; los domingos va a Hecelchakán.