El Corazón de Ah' Canul - 68
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El Coronavirus en Calkiní.

El miedo es una sensación de angustia que trastorna la conducta humana, por circunstancias que se presentan repentinamente en la vida para exponerla al peligro, y cuando se extiende en una sábana extensa se convierte en pánico. Miedo cerval que se estira y se encoge, rompiendo la sociabilidad, sábana mortuoria que estremece el sentimiento colectivo, pájaro de mal agüero que se ha se adueñado casi totalmente del mundo moderno. Más miedo y huida de la razón.

Microbio subvisible, el Covid 19 (SARS-CoV-2) llegó a nuestra nación en avión, así como a los tatarabuelos, la viruela que les vino del mar hace 500 años. Por esa injerencia pandémica la vida social ha cambiado y para protegerla se ha usado la confinación, el cuidado higiénico en extremo, cubrebocas y la sana distancia como medidas preventivas. Este virus submicrocópico se aparece y se esfuma en los sueños y en todos lados como un tormento que no deja vivir. Una pandemia que destapó el rostro real de la gente en el cauce de la generosidad o egoísmo. Pero se tuvo el refuerzo de un gobierno federal y estatal que en su generalidad tendieron la mano a todos los mexicanos, sin distinción de clases sociales.

Es evidente que esta enfermedad caló muy hondo, física y mentalmente en todos los corazones mexicanos. Los niños adquirieron una nueva experiencia, a veces, indescifrable en su entendimiento; los padres de familia atolondrados por el destino de la sangre familiar y amistosa, pero también por la falta de obediencia de una parte de la sociedad civil en el cumplimiento de las normas precautorias que evitaran la multiplicación de enfermos; oídos sordos, tal vez, por la necesidad de trabajar porque las condiciones económicas en todo el país son disparejas. Una cuarentena en donde la mente viajó libre para darse cuenta de lo que en la vida normal no se advierte esa dependencia inobjetable de los servicios y negocios.

En el tránsito de estas letras ha habido 52 contagiados y nueve defunciones, Calkiní vive una tensión bamboleante porque el endemoniado ser subvisible aún se mantiene en su trono de maldad diabólica. Según los pronósticos de los especialistas se tendrá que aprender a convivir con ella y con una cultura redoblada en la higiene y no falseada. Nuestra esperanza: la creación del antídoto. Sigamos cuidándonos.

La recesión demográfica y económica, inevitables.