El Corazón de Ah' Canul - 64
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Devoción al Cristo de la Misericordia
Teresita Durán
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Los pueblos tienen su propia idiosincrasia. Creencias, costumbres religiosas, prácticas heredadas o adquiridas, que al paso de los años, de generación en generación, se reafirman en familia y distinguen a las comunidades.

La tradición en el culto católico invoca la veneración de Cristo, oraciones, cantatas, ceremonias especiales se ofrecen en su honor, en los tiempos y fechas que el calendario litúrgico destine para ello. La festividad mayor considera el novenario, misas y ceremonias animosas a las que asisten los fieles. En la agenda parroquial, la fiesta anual más importante requiere tiempo, recursos, creyentes, sociedad civil (a veces agrupaciones no religiosas) para realizar solemnemente las actividades cada día, según el programa.

Cristo de la Misericordia

Parte del otoño, en la ciudad de Calkiní, octubre es un mes ferviente, dedicado al Cristo de la Misericordia. Una imagen centenaria cuya existencia inspira devoción.

Algunas fuentes, refieren que junto con el Cristo Negro de San Román (San Francisco de Campeche) y el Cristo de las Ampollas (Catedral de Mérida), las tres imágenes llegaron a la península yucateca en la segunda mitad del siglo XVI; la evangelización y la doctrina de los españoles fomentaron la fe cristiana en los mayas y habitantes de esa época.  

La imagen del sufrimiento y crucifixión en una pieza escultórica, labrada delicadamente en cada centímetro, dio forma al cuerpo desnudo, las huellas del martirio, expuestas en manos, pies, costado; el semblante de un rostro abatido, expresa el desconsuelo; una corona metálica ciñe la cabeza del hombre, cuya vida dedicó a profesar la palabra de Dios Padre y con su muerte, la resurrección. La muerte del Salvador de los hombres, símbolo de aflicción y perdón.  El Santo Cristo acerca a la espiritualidad de los calkinienses. En su honor, gran parte de la población lo venera y alaba.

Gremios

Del latín gremiun, “regazo”. Los miembros de cada agrupación comparten la misma ocupación o ejercicio social, cobijados por la fe y asociados bajo el mismo estandarte, así son los gremios católicos en honor al Santo Cristo.

 

El Gremio de la Acción Católica entra a la Parroquia.
Foto: Santiago Canto Sosa, 4 de octubre de 2019.

 

Agricultores, tricicleteros, canasteros, locatarios, tejedores de palma, choferes, jóvenes, señoras, señoritas por mencionar algunos, otros pertenecen a las capillas: Fátima, Villa de Guadalupe, San Judas Tadeo, San Juan, San Martín; en romería acuden puntualmente con estandartes, velas y música, con ofrendas para agradecer y obtener la bendición del Hijo de Dios. Año con año, la iglesia invita a la gran fiesta en su honor; niños, adultos y ancianos acuden al templo para ofrecer promesas.

A los pies del altar de San Luis Obispo, la magnífica figura del Cristo crucificado preside el festejo patronal de la ciudad. Un mes animado por canticos, tronar de voladores, repique de campanas y ritmos de la charanga, decenas de personas (algunas damas ataviadas con huipiles) ramos floridos y estandartes adornados desfilan rumbo al atrio de la iglesia.

Al interior del templo, misas y rosarios encienden la fe. Al término de la celebración eucarística, el espectáculo de pirotecnia, ilumina el cielo ante el silencio de la luna; familias, visitantes, creyentes y no, contemplan la llamarada de las luces y se resguardan de las chispas del toro petate. La oscuridad, el olor a pólvora, carreras y gritos hacen de la noche, una velada encendida de emociones y recuerdos. Así son las noches en octubre.

Desde algún tiempo, el ritual de entrada y salida de los gremios se ha convertido en una forma de convivencia social, después de cumplir con la festividad litúrgica, continúa el jolgorio con música, dulces, bebidas refrescantes (con o sin alcohol) y comida tradicional para socios e invitados. Ocasionalmente, el bullicio se prolonga hasta entrada la noche.

Entre música, incienso, flores, cantos y cohetes, los días de octubre encienden la esperanza en los religiosos; la iglesia y sus siervos entregan con fervor sus rogativas ante el milagroso Cristo. El pueblo alimenta las costumbres para los hijos de los hijos de esta ciudad. El pueblo vive el testimonio de su fe.