El Corazón de Ah' Canul - 61
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Pasajes de la historia regional: Calkiní durante la Guerra de Castas de Yucatán
Víctor M. Suárez Arcila
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A diferencia de la rebelión de Jacinto Canek en 1761 que duró menos de un mes, la Guerra de Castas de Yucatán se extendió por más de medio siglo, de 1847 a 1901.

En el primer caso, la rebelión de Canek estaba destinada al fracaso desde un principio, por las circunstancias políticas que prevalecían en ese entonces; La Capitanía General de Yucatán formaba parte del gobierno de España y Jacinto Canek se enfrentó al supremo poder de esa época formada por el gobierno colonial y la Iglesia.

Jacinto Canek era más bien un líder mesiánico y en el pueblo de Cisteil convocó a sus seguidores a luchar por la justicia y mejores condiciones de vida, pero carecía de formación militar al igual que la mayoría de los indígenas mayas de los poblados vecinos que se le unieron, no contaban con armas ni estaban organizados para enfrentar a las fuerzas militares del gobierno. Después de breve victoria, fueron sometidos y conducidos a Mérida donde se les juzgó y condenó a crueles tormentos; a Canek lo atenazaron, mutilaron y después quemaron, a los principales seguidores los ahorcaron y a los demás se les cortó una oreja como escarmiento. Después de esta rebelión, pasaron 86 años hasta 1847, cuando dio inicio la Guerra de Castas de Yucatán.

Con el inicio del México independiente a partir de 1821, Yucatán se incorporó a la  República Mexicana, proponiendo el sistema federalista, Por su posición geográfica y aislamiento después de la independencia permanecieron en ella numerosos españoles que junto con los criollos yucatecos formaron la nueva clase dominante, además estaban los indígenas mayas que formaba la inmensa mayoría de población que esperaba que sus aspiraciones de justicia social, económica y política mejoraran, pues durante el período colonial fueron sometidos, explotados y esclavizados por medio de la Encomienda (Institución que entregaba al español, conocido como Encomendero un pueblo de indígenas mayas para que le sirvieran y pagaran tributo), en el caso del pueblo de Calkiní, se le entregó a un cruel personaje de nombre Gaspar Pacheco.

Con la llegada de la nueva República Mexicana, en Yucatán la situación de injusticia no mejoró para los nativos mayas, al contrario, siguieron padeciendo las injustas cargas de antes y en algunos casos empeoraron; en el muevo gobierno no tuvieron cabida y se decidió que en los proyectos sociales y económicos nada cambiara, sólo el nombre de las cargas tributarias que debían pagar al gobierno y la iglesia. Un ingrediente más que generó consecuencias graves fue el continuo despojo de sus tierras por parte de hacendados y terratenientes criollos yucatecos con el fin de explotar la caña de azúcar en la rica región del sur de la península; todo ello contribuyó en el estallido bélico de 1847. En la clase dominante siguió predominando la ideología colonial para su provecho en los componentes económico y social y continuaron aplicando las políticas del periodo colonial hasta ya bien entrado el siglo XIX.

Un ingrediente que hizo más compleja la situación política, social y en particular la económica fue la imposición del régimen centralista por parte del gobierno de López de Santa Ana; esto avivó la lucha entre federalistas y centralistas y si se suma el malestar de los indígenas, la paz y la estabilidad de la Península estaba amenazada. El escenario tanto regional como nacional era bastante complicado:

La amenaza de intervención del gobierno central, el enfrentamiento entre simpatizantes de las fracciones centralistas y federalistas en la región, el malestar de la población indígena, la presencia del Imperio Británico en Belice (Honduras Británicas en ese entonces) con la intención de apropiarse por lo menos de una parte de la península; en este clima de inseguridad el gobierno yucateco se alistó para la contienda bélica y ante la necesidad de fortalecer su ejército, convocó a los indígenas mayas con la promesa de otorgarles tierras y suprimir los impuestos y contribuciones al gobierno y la iglesia; esto atrajo a muchos contingentes indígenas a luchar al lado del gobierno yucateco.

Las acciones de armas de 1840 y 1843 en contra del gobierno central donde participaron de forma destacada los indígenas mayas, hicieron conciencia en ellos de su fuerza y que no eran inferiores a los blancos; en estos acontecimientos se distinguió por su arrojo y ferocidad el Caudillo Cecilio Chí, quien años después encabezó la rebelión de 1847.

El resultado de estas contiendas bélicas donde participaron los mayas fue su organización y entrenamiento militar, difundiendo además entre las comunidades del  oriente y sur de la península su pensamiento orientado a la sublevación; el gobierno yucateco, como siempre, faltó a su promesa en su ofertas de tierra y bajar las contribuciones, de hecho las condiciones para la rebelión ya estaban dadas, sólo faltaba el detonador, el cual se dio en julio de 1847 con el ajusticiamiento de Manuel Antonio Ay, cacique de Chichimilá.

Fue una guerra entre los indígenas mayas del oriente y sur de la península en contra del gobierno yucateco, fueron tres los principales líderes de la insurrección: Manuel Antonio Ay del pueblo de Chichimilá, Cecilio Chí del pueblo de Tepich, y Jacinto Pat del pueblo de Tihosuco; el primero fue fusilado por el gobierno yucateco y junto con otras atrocidades como la política de exterminio y fuego contra los indígenas fue lo que ocasionó el surgimiento de la insurrección en el pueblo de Tepich, el 30 de  julio de 1847. De los líderes sobrevivientes, Jacinto Pat era el más racional y el que mejor pensaba, en tanto que a Cecilio Chí el odio y la violencia era lo que lo caracterizaban, al grado de decretar el exterminio de toda la gente blanca de Yucatán.

Como consecuencia de esto se desató una guerra de exterminio y violencia por ambos bandos y tanto hombres, mujeres y niños fueron violentamente asesinados; con el propósito de detener esta violencia, en abril de 1848 se firmaron los tratados de Tzucacab entre el gobierno de Barbachano y Jacinto Pat; desafortunadamente el otro caudillo, Cecilio Chí, los desconoció, impulsando a los demás líderes a continuar con la rebelión, su paso por Peto e Izamal fueron arrasadores y en mayo sitiaron Mérida; sin embargo, poco después, se retiraron y entonces la fortuna se inclinó para el gobierno yucateco que recibió refuerzos del gobierno federal a cambio de su incorporación definitiva a la Republica Mexicana de la que se había separado durante la lucha contra el centralismo. Poco tiempo después, tanto Cecilio Chí como Jacinto Pat fueron asesinados por sus seguidores por diferentes motivos.

Según Nelson Reed, en su libro La Guerra de Castas de Yucatán, la población de oriente de Yucatán fue la más devastada en la fase más intensa de la guerra entre 1847 y 1851, más del 40% de la población del estado que se estimaba en poco más de medio millón de personas fue asesinada o emigró a Belice y otras partes de la península como Tabasco y Campeche. Las poblaciones que más bajas tuvieron fueron Tekax, Valladolid y Peto, en menor grado Izamal y Mérida, en tanto que las poblaciones del Camino Real de Mérida a Campeche (Calkiní) no sufrieron algún tipo de agresión durante los 54 años que duro la guerra. En el oriente y sur del estado, el saldo de la contienda fue funesto, se destruyeron ranchos, haciendas, iglesias, casas que tardaron años en reconstruir.

Después, los indígenas mayas sublevados se retiraron a las selvas del hoy estado de Quintana Roo donde crearon la sociedad Cruzob, en la hoy ciudad de Carrillo Puerto, desde donde salían a atacar las poblaciones cercanas para obtener alimentos y armas. En 1901, durante la época porfirista, el gobierno envió al Gral. Ignacio Bravo quien logró someter a los indígenas de esa región, dando con esto el término oficial de la Guerra de Castas, teniendo como resultado la creación del Territorio de Quintana Roo a costa del Estado de Yucatán.

Parte de este escrito se tomó del libro “La Guerra Social en Yucatán”, cuyo autor es el ilustre calkiniense Ramón Berzunza Pinto.