Vas caminando con el ojo avizor por el Centro Histórico de Calkiní y te das cuenta que ha desaparecido, tal parece que fue secuestrado por seres extraterrestres, posiblemente marcianos. Para cerciorarte si tus sentidos no te están fallando, te acercas y esquivas un laberinto de vehículos de todos tipos que dificultan el paso: mototaxis, triciclos, coches particulares, pero principalmente taxis bicolores (rojos y blancos) que se han enseñoreado del lugar desde que tienes uso de razón. Entras en el corazón del parque y te encuentras una ringlera de vendedores de fritangas, carne asada con una humareda que envuelve y envenena parte del ambiente, frutas y boleteros que pregonan tranquilamente sus intereses comerciales. Todos tienen derecho a la vida, pero se necesita orden, actitud, y lugares a modo para determinada actividad.
Un Centro Histórico cercado por todos lados. Un Centro Histórico convertido en una verdadera Torre de Babel, en un espacio grotesco, triste, caótico; y además deslucido por la falta de atención en su imagen por la escasez de un remozamiento que le permita exhibirse con dignidad ante la ciudadanía, pero especialmente ante los ojos de los pocos turistas que nos visitan tal vez por la falta de atractivo.
No es posible que este desbarajuste continúe, es necesario que los supuestos colonizadores, especialmente los taxistas, reconsideren que no son los dueños legítimos de esos espacios, son lugares públicos dedicados al esparcimiento de la sociedad y, además, un lugar que necesita independencia para lucir una fisonomía digna para la gente que nos visita. Es muy penoso que una ciudad reconocida como Atenas del Camino Real aún no avance a tono con el desarrollo de los pueblos. Es una verdadera pena que otros poblados como Halachó, Campeche, Bécal, Mérida, últimamente Dzitbalché, están completamente despejados de vehículos y vendedores de baratijas.