En cierto lugar de la provincia del Real Camino, caracterizado por sus fuertes raíces culturales, donde las costumbres y tradiciones ancestrales todavía permean en el diario acontecer de sus pobladores, a invitación de una familia fuereña avecindada desde años atrás en la localidad, llegó desde un país vecino una pareja de extranjeros con el propósito de promover su cultura, principalmente las festividades del Hallowen, y dar un toque de modernidad a las festividades de los días de muertos que se celebran en esta localidad en el último día de octubre y los dos primeros de noviembre de cada año.
Una vez instalados en el pequeño hotel que los albergaría en su corta estancia, se dieron a la tarea de invitar a una reunión para exponer su proyecto entre las familias conocidas de sus anfitriones. Para su sorpresa, sólo ellos estuvieron a la cita primera, por lo que los apenados anfitriones les explicaron que siendo el mes de octubre, a las cinco de la tarde, la gran mayoría de los invitados, como la población en general, acudía a la procesión del gremio que se celebraba en honor al santo patrono del pueblo, razón por la cual se convocó a una nueva reunión para las ocho de la noche, con similares resultados, ya que a esa hora, en esa noche, después del rosario a la puerta del templo, se quemarían tres “toritos” y dos “castillos de luces” e innumerables “voladores” y “morteros” que iluminarían con sus rayos multicolores la comba celeste y llenarían de alegría el espíritu festivo de quienes asistirían a “gustar” de ese bonito espectáculo.
No pudiéndose realizar en ese día la reunión, intentaron convocar para el día siguiente a las diez de la mañana, pero les informaron que a esa hora se celebraría la misa, la procesión de la salida del gremio, que se trasladaría a la casa del nuevo “mayordomo”, donde se iniciaría un festejo con música, tacos de cochinita, mucha cerveza, y que concluiría hasta muy tarde, “hasta que el cuerpo aguante”, según les explicaron.
Los extranjeros, un poco apesadumbrados, pero mucho más sorprendidos por no encontrar una hora apropiada, que no coincidiera con alguna festividad, para realizar su reunión, se atrevieron a preguntar… ¿Será que a las diez de la noche, puedan asistir?. La respuesta inmediata fue… ¡Imposible! Hoy por la noche, es el baile del gremio en turno, y toca la famosa Sonora Polvorita y todo mundo quiere asistir, incluyéndonos desde luego.
Ante esta situación, los extranjeros le pidieron a sus anfitriones que fueran ellos que fijaran el día, hora y lugar para celebrar la reunión, en tanto acudirían, sólo por conocer, a las celebraciones del nuevo gremio en turno. Así fue que, al día siguiente desde las seis de la mañana, ya se encontraba este par de extranjeros a la puerta del templo, participando muy divertidos en “las mañanitas”, y luego, en el desayuno en la casa de donde saldría la procesión de esa tarde. De ahí se trasladaron nuevamente al templo para participar en la misa, la procesión matutina y al convivio baile, organizado en un patio muy adornado de la familia que brindaba la recepción, donde conviviendo y disfrutando de los tacos, la cerveza y las atenciones de los lugareños se fueron adentrando e interesando de las viejas costumbres y tradiciones de este pueblo tan fiestero. Finalmente, por la noche, aunque cansados por un ajetreado día de fiesta, se les vio felizmente bailando hasta la madrugada del día siguiente, rodeados de sus nuevos conocidos.
Los toques a la puerta de su habitación los despertaron sobresaltados, se trataba de sus anfitriones que ya tenían el día, lugar y hora convenida para la reunión. Será el día de mañana a las dos de la tarde, en una comida que convocamos con nuestros amigos y conocidos en nuestra casa, les dijeron. A lo que los extranjeros de inmediato respondieron… ¡Imposible! Mañana es la fiesta del gremio de carniceros y el dueño del hotel, que también pertenece a esa agrupación, nos ha invitado y le prometimos no faltar por motivo alguno. Así es que mejor ustedes se encargan de esa reunión, ya que nosotros después de la fiesta en el mercado municipal, no retiraremos de esta población, con rumbo a nuestro país.
En la noche del día 31 de octubre, como es la costumbre, todos los lugareños, familiares y visitantes se trasladaron al mercado, que se mostraba abarrotado de gente que se avituallaba de todo lo requerido para la Celebración de los Muertos, los dulces, las frutas, las carnes, la hoja de plátano, los silbatos de barro para los niños y de todo lo necesario para el Hanal Pixan (Comida de los muertos).
Entre toda esa gente que se arremolinaba, casi imperceptibles un pequeño grupo de señoras conducían a unos niños vestidos de brujitos y brujitas, pero con tanta gente y ante el temor que alguno de los pequeños se fuera a extraviar, optaron por retirarse a sus hogares sin poder cumplir su propósito de celebrar el consabido Halloween.
Mucha fue la gente que dice que…, en momento que los brujitos y brujitas abandonaba el mercado, desde el interior se escuchó una sonora carcajada, seguramente la de la muerte que se moría… pero de risa.
Que viva la tradición. Pero que viva…