|
El hijo del patrón observaba
a un indígena maya
trasladar grandes piedras
para construir una albarrada.
Queriendo reírse a sus costillas
le solicitó que trasladara
una ingente roca
que 500 kilos al menos pesaba.
Azorado, el viejo trabajador
la enorme roca contempló
y con agudeza propia de su pueblo
al “patroncito” respondió:
-Con mucho gusto niño,
súbala a mi espalda, por favor. |