El corazón de Ah' Canul - 43
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La vida
Carlos Fdo. Suárez Arcila
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La vida es una ciencia y como tal hay que verla.

Como toda ciencia tiene leyes, principios y normas. De entre ellos, hay un principio que debemos conocer y comprender plenamente para su consiguiente aplicación y con ello obtener provecho y beneficios.

Ese principio es el siguiente:

“De acuerdo a los pensamientos y creencias que nos permitamos tener, así serán nuestras manifestaciones” De ahí que deduzcamos que la vida, en gran parte, no es sino un reflejo de nuestros estados mentales; esto es, del “clima mental” que nos vayamos formando.

Somos lo que pensamos; los pensamientos influyen en nuestra fisiología, querámoslo o no vivimos bajo el influjo de ese principio del mismo modo que estamos sometidos a las leyes de la gravedad y de la inercia. De esto debemos tener conciencia y aceptar que la suerte no existe para que a algunos les vaya bien y a otros les vaya mal.

Hay personas que han encontrado la manera de tener una mejor calidad de vida y la disfrutan por mucho tiempo. Han descubierto los beneficios de la conexión psicofisiológica y la han integrado a su sistema de vida.

La Biblia dice: “lo que el hombre siembre eso cosechará”, por consiguiente, en nuestras manos queda el compromiso de encauzar nuestra existencia; por eso debemos tener mucho cuidado con nuestros “decretos” (pensamientos, palabras, creencias, actitudes), pues en la medida en que los enfoquemos hacia lo positivo, esa será nuestra cosecha.

Muchas veces somos presa de las circunstancias que nos rodean, ya que nos hacen caer en estados negativos que nos inducen a la depresión y al pesimismo; sin embargo tenemos que aprender a reencuadrar, a reenfocar las situaciones y robustecer el “yo” ante las circunstancias. Debemos aprender a controlar nuestras emociones y sentimientos. Esta es una de las tareas más difíciles a la cual tenemos que enfrentar y superar. Recordemos que somos lo que pensamos, pero nosotros podemos controlar los pensamientos, somos los que tomamos las decisiones en lo que compete a nuestra existencia.

Aclaramos, no se trata de pensar que estaremos exentos de sufrir enojo o contrariedades, eso es imposible pues dejaríamos de ser humanos. De lo que se trata es que no debemos permitir que sentimientos, emociones o pensamientos negativos se enquisten en nuestra conciencia y se constituyan en un argumento de vida que nos esté manipulando y corroyendo a cada momento.

Los pensamientos positivos, la felicidad, la dicha, generan cambios bioquímicos que se reflejan benéficamente en nuestra función corporal. Nuestra mente es nuestro principal instrumento de creación, y reiteramos, de nosotros depende encauzarla hacia los propósitos que nos propongamos.

Este legado de sabiduría es lo que el poeta intuyó y plasmó en su diáfano verso cuando nos dice:

“Que si extraje la hiel o la miel de las cosas fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas”.