El corazón de Ah' Canul - 42
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Calkiní en tiempos de la Revolución (Parte II)
Felipe J. Castellanos Arcila
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Al paso por nuestra tierra de las tropas beligerantes, de ambos bandos contendientes, las del rebelde Ortiz Argumedo, inicialmente de Halachó, Yucatán hacia Hecelchakán en territorio campechano, y pocos días después de vuelta ya en retirada hacia la ciudad de Mérida, seguidas muy de cerca por las de sus perseguidores, Joaquín Mucel y Salvador Alvarado, Gobernadores de Campeche y Yucatán, respectivamente, fieles al gobierno del presidente Venustiano Carranza, Calkiní vivió experiencias no vistas con anterioridad.

El Convento de San Luis Obispo fue utilizado durante unos días como cuartel por las tropas rebeldes de Abel Ortiz Argumedo, antes de iniciarse los combates, consecuentemente parte del archivo parroquial se perdió, al ser utilizado muchas de las páginas de los libros en las necesidades fisiológicas de los soldados.

Muchas familias calkinienses buscaron refugio en fincas y en parajes fuera de la población, tiendas y casas fueron saqueadas en busca de alimentos por soldados hambrientos, perseguidos  y perseguidores.

Algunas anécdotas de esos tiempos:

Doña Manuelita Berzunza, hermana de D. Sixto Berzunza, en esos tiempos recién casada y avecindada en el poblado de Dzitbalché, contaba que al paso de las tropas, algunos soldados golpearon con insistencia a las puertas de su hogar, por lo que se vio obligada a abrir y  preguntar lo que se les ofrecía, respondiéndole con exigencias que les entregara comida, al no contar con nada que darles, así se los hizo saber, éstos no conformes se metieron por la fuerza, literalmente, hasta la cocina,  y divisando a la puerta de salida al patio un petate con algunas tortillas puestas a secar al sol, tanta era su hambre, que al instante se abalanzaron sobre ellas arrebatándoselas para comérselas de inmediato. Nunca antes una “Chuchulhuá” (tortilla dura y seca) había estado más sabrosa que nunca.

Durante la estancia de las tropas de Argumedo, acuarteladas en Halachó, familias acomodadas de ese lugar les dieron buena acogida, brindándoles algunas atenciones y facilidades para su estancia. Salvador Alvarado enterado de esto, ordenó a un jefe militar subordinado, que a su llegada al primer pueblo de Yucatán, refiriéndose a Halachó, procediera a incendiar las casas de quienes habían actuado de esa manera, en apoyo a los rebeldes, este jefe militar, ignorante de la geografía local, confundiendo a Calkiní con la población de Halachó, pretendía dar cumplimiento a la orden recibida de su superior, ante el temor de los calkinienses. Una oportuna intervención aclaratoria por parte de D. Carlos Berzunza Ramón, hizo que este hecho, solo quedara en susto y hoy anécdota para contar.

Las tiendas más grandes y prósperas de Calkiní, en esa época, eran las de D. Sixto Berzunza y la de D. Tranquilino Briceño, lo que hacía de ellas preciado botín. D. Sixto,  resignado aguardó, lo que finalmente sucedió, el saqueo de su tienda. Don Tranquilino en cambio, astuta y rápidamente ordenó a sus empleados que gran parte de la mercancía la escondieran en una cueva ubicada en el patio, cubriendo la entrada con algunas ramas de árboles y atados de leña encima, retirándose después con sus empleados, confiando el lugar a la mejor suerte. Al llegar los soldados, rompiendo cerraduras, entraron a la tienda y procedieron a vaciarla, un soldado atisbó por una ventana que en el patio algunas gallinas comían tranquilamente, por lo que de inmediato salieron con intención de atraparlas, ante su sorpresa, las gallinas desaparecieron de su vista, éstas se habían introducido a la cueva, hasta ese momento oculta. Como era de esperar, el ingenio de D. Tranquilino, en este caso, no dio el resultado previsto. Acontecimiento que según se dice, más tarde contaría uno de los vecinos que, escondido en la copa de un árbol de ramón,  pudo dar cuenta de ello.

El temor de los atropellos de las tropas beligerantes era tanta, que muchas familias abandonaron sus hogares y buscaron refugio en cuevas, fincas o en otras poblaciones fuera del Camino Real, ruta que une las principales poblaciones entre las ciudades de Mérida y Campeche.

Mi abuelo materno, Luis, dispuso que su familia se refugiase en el paraje San Juan, ubicado en esos tiempos en montes apartados del centro de la población, parte posterior donde ahora se ubica la tienda Aurrerá, con la consigna a los niños de permanecer callados y a los adultos de no provocar señal alguna que pudiera delatarlos; en otra ocasión, para mayor seguridad, los trasladó a la Hacienda Chunchucmil, en el estado de Yucatán, donde fungía como  encargado de su administración.

Al proclamarse en el país la Constitución de 1917, promulgada el 5 de febrero en la Cd. de Querétaro, los Congresos de los estados la ratifican y promulgan la propia, participando en estas acciones D. Carlos Berzunza Ramón, como diputado suplente por el distrito de Calkiní, por ello el reconocimiento del Congreso del Estado hacia su persona, como Diputado Constituyente.

Por estas fechas regresa a su tierra, como militar retirado del ejército federal, el Capitán D. Alonso Rivero Medina quien participara en diversas acciones militares de la Revolución en  los Estados de Oaxaca, Veracruz e Hidalgo.

Ante las inquietudes y descontentos generados por el gobierno constitucionalista de Carranza, como en diversos puntos del país, la paz en Campeche se ve de nuevo perturbada, se forma el Partido Pro-Campeche en contra de Mucel.

Ante esta situación, en Calkiní el Cptn. Rivero organiza un grupo de combate compuesto de 200 hombres, los cuales  pone a disposición del Gobernador.

En 1918, D. Carlos Berzunza es electo como Presidente Municipal, quien con el apoyo del Cptn. Rivero, en ese momento  Diputado Local, gestionan y logran para Calkiní, el título de Ciudad.

A colación con el hecho anterior, bueno sería por parte de Autoridades Municipales y la ciudadanía organizada se prepararan, con la anticipación debida, para una digna celebración por el centenario de este acontecimiento.