El corazón de Ah' Canul - 41
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El Camino Real Campechano
Álvaro Villanueva Martín
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Fue en el año de 1865, 23 de noviembre, cuando el repique a vuelo de las campanas, cuetes, voladores y las aclamaciones del pueblo, anunciaban que su Majestad la Emperatriz de México, María Carlota Amalia, esposa del Emperador Maximiliano de Habsburgo, llegaba a la engalanada ciudad de Mérida.

La acompañaban un numeroso séquito de funcionarios del gobierno, políticos, su médico, un sacerdote y sus damas de honor. El motivo de su visita era afianzar los lazos con esta región de Yucatán, pues era considerada un punto estratégico por su demostrada adhesión al imperio, su economía, su densidad poblacional y su posición geopolítica para futuros planes imperiales.

Su largo viaje había iniciado en la ciudad de México el 6 de noviembre, llegando a Veracruz el día 15; en esta ciudad y sus alrededores se entretuvo visitando centros de beneficencia, escuelas, hospitales, mercados, cárceles; hizo donativos, tuvo pláticas con autoridades, como correspondía a su posición de primera dama de la Nación.

El lunes 20 de noviembre, partió a bordo del barco de vapor “Tabasco”, bajo un fuerte “norte”, hacia el puerto de Sisal, Yucatán, a donde llegó el 22. Después de descansar, partió hacia Hunucmá donde pernoctó y al día siguiente salió rumbo hacia la ciudad de Mérida,  llegando a media mañana.

Por supuesto no fue un viaje árido, todo el camino de Sisal a Mérida fue adornado con palmeras, ramas, flores, músicos, jinetes; recibió innumerables regalos de la gente que bailaba, gritaba, reía, así era recibida en todos los pueblos, la gente subida en árboles, azoteas, bancas, montículos, gritaba ¡viva la Emperatriz! ¡Viva el Emperador! ¡Viva Mérida!

Su estancia en Mérida y sus alrededores fue de casi dos semanas, visitando colegios, hospitales, asilos, iglesias, mercados, fábricas, etc. haciendo donativos, entrevistas con funcionarios y notables personalidades; toda la ciudad era una locura, de los balcones llovían flores, cintas de colores, poemas, se erguían arcos de triunfo, todas las casas adornadas con papel de colores, banderitas, vítores en todas las calles por donde pasaba.

A las siete de la mañana del 5 de diciembre, dejó la ciudad, sumida en un silencio sepulcral, partiendo hacia Ticul, Muna y Uxmal que visitó el día siete. Dos días después, el sábado 9 llegaba al pueblo campechano de Bécal, donde “me recibió una gran multitud con música verdaderamente típica: se trataba de tambores y carapazones de tortugas a las que golpeaban con cuernos de ciervo”i. Estando  en Bécal, se alojó en la casa del señor Sixto García.

Al día siguiente, estuvo en Calkiní, Hecelchacán y Pomuch, lugares en donde fue recibida con grandes muestras de afecto, ceremonias en su honor, banquetes, te deums, por parte de autoridades locales, de la ciudad de Campeche y caciques de los poblados, etc. Por la tarde continuó hacia Tenabo donde le organizaron un gran recibimiento y una gran fiesta que duró toda la noche. Al día siguiente, partió hacia la ciudad de Campeche.

En Campeche se le  preparó un gran recibimiento, pues ya se sabía de su arribo desde un mes antes y se formó una comisión para organizar los festejos en su honor. La ciudad se volvió un caos, todo mundo quería participar, las telas se agotaron rápidamente en los almacenes pues todos querían trajes nuevos para la ocasión. La ciudad fue adornada profusamente.

Carlota llegó a la ciudad por el barrio de San Francisco donde fue recibida, por una gran multitud con vítores, vivas, discursos, flores y banquete; entró a la ciudad amurallada por la puerta de Guadalupe que fue decorada con un arco triunfal. Fue recibida por autoridades municipales y del clero, una banda de música y casi toda la ciudad.

Al igual que en Mérida, en su visita a Campeche, que duró seis días, desplegó gran energía pues su agenda fue muy apretada: visitas oficiales, a hospitales, escuelas, asilos, cárceles, institutos, actividades altruistas, talleres, fábricas, pueblos vecinos, hizo innumerables donativos, entre las principales actividades.

En todos los sitios que visitó, por todos los lugares por donde pasó fue recibida con grandes muestras de admiración, respeto y afecto, que escribiría: “el pueblo se nos echa encima y estamos en peligro de ser aplastados, raras veces he visto recibimientos tan sinceros, me habéis dado vuestros corazones, recibid el mío”ii.

La mañana de su partida el 16 de diciembre de 1965, visitó una casa de beneficencia, se embarcó rumbo a Veracruz y de allí a la ciudad de México.
Por eso, al camino que la Emperatriz Carlota recorrió, de Bécal a Campeche, se le conoce como “Camino Real Campechano”.

Fuentes consultadas:
Libro “Del mar y la tierra firme”. Ruz, Mario H. UAC, 2011.
Crónicas del diario Tribuna.

 
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i Carlota, el imperio de una mirada. Relación de mi viaje de regreso. P. 182-183.
ii Carlota, el imperio de una mirada. Relación de mi viaje de regreso. P. 186.