El corazón de Ah' Canul - 40
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Mi ciudad a los cuatro puntos cardinales del horizonte
Carlos A. Fernández Canul
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Hermosa tierra que vio mi origen, enclavada en un semivalle abierto en la parte norte del estado de Campeche, rodeada de bellos paisajes,  vegetación exuberante, ojos de agua naturales, fauna y floras marinas, que la madre naturaleza le prodigó desde su fundación en 1541, justamente a los 100 años de haberse fundado el Cacicazgo, la población ha sufrido gran transformación a lo largo de su historia.

En las últimas décadas, ha crecido paulatinamente, de acorde a los tiempos y de sus autoridades que han tratado de brindarle los elementos necesarios para su desarrollo, cosa que no se ha logrado realizar tal vez por políticas erradas o falta de capacidad, para dotarle de un mejor plan de desarrollo para el sustento de sus pobladores; hace falta creación de fuentes de empleos, programas de apoyos, para incrementar la producción agrícola, artesanal, pesquera y otras.

Mi ciudad luce señorial, que se enseñorea a los puntos cardinales igual que su garbosa y única torre de su templo; ofrece a sus visitantes un atractivo centro histórico donde existen casonas coloniales, que en sus añejos muros nos hablan de la preeminencia histórica que tuvo en los anales mayas, luce el majestuoso inmueble arquitectónico del Convento construido por Frailes Franciscanos en 1561, que incluye el templo de San Luis Obispo, donde se guardan verdaderos tesoros que al recorrer por sus añejos pasillos te invitan a un espacio de recogimiento y meditación. Desde 1982 la parte poniente está habitada por monjas franciscanas de la Orden de Santa Clara. Tenemos el Palacio Municipal (recinto oficial de las autoridades), luce sus arquerías que fueron reconstruidas en 1872; en él se pueden admirar los "Murales” del pintor Sergio Cuevas, que hablan del origen, historia e ideales de este lugar. Cerca del centro, al poniente, existe un verdadero centro histórico para este servidor. Lo considero el “Corazón de la ciudad”, el “Tu’uk’ Ka’an” (Rincón del Cielo), ahí están el Ceibo (árbol sagrado de los mayas), el pozo “Halim”, mudos testigos de la rendición y entrega de la plaza a los conquistadores españoles que vinieron a imponerse a los fundadores, los Hermanos “Ah-Canul”. Y como muestra de ese dominio español erigieron un “Arco” que señala el sometimiento del cacicazgo maya Ah-canul”. El centro histórico, además, cuenta con sitios como son las casas que sirvieron de “Cuarteles militares”; igualmente la Casa donde durmió la Emperatriz Carlota en 1865; existen Paredones de casas, donde fueron fusilados generales imperialistas (enemigos de la República de Juárez, en 1867). Visitar el centro de la ciudad nos lleva de la mano por la historia de este lugar.

Encausemos una mirada a los cuatro puntos cardinales de esta tierra, y realicemos un viaje hacia los pueblos mágicos con que cuenta. Al norte, nos encamina al poblado de Tepakán, lugar alfarero por herencia ancestral, aquí la gente se dedica a la alfarería, produciendo objetos de barro en forma artesanal. Más adelante, se ubica la señorial y pintoresca villa de Bécal, donde los pobladores heredan de sus ancestros hermosa herencia mágica, el tejido de los sombreros de jipi y palma que le han dado fama nacional e internacional y que viene siendo la base del sustento de sus pobladores.

Continuamos hacia el poniente de la ciudad. Por carretera, podemos admirar al pueblo de Nunkiní, lugar de agricultores y artesanos (conserva sus tradiciones orales y religiosas); le sigue Santa Cruz Ex Hacienda (el casco de la ex hacienda luce hermosa), aquí sus pobladores son artesanos y últimamente tallan piedras, produciendo bonitos adornos. Le sigue Tankuché, que cuenta con el casco de su ex hacienda con estilo francés (a pesar de su abandono luce hermosa). Más hacia el poniente se encuentra el balneario “El Remate”, ojo de agua natural, lugar con selva alta de gran belleza. Más tarde, se llega a Isla Arena, pequeño puerto pesquero y rico en paisajes naturales, donde se dedican a la pesca, misma que por falta de una política de pesca, falta de  control de su producción, que acaparan los permisionarios voraces, están acabando con este tesoro de los calkinienses.

Al sur de la cabecera municipal se llega a la ciudad de Dzitbalché, población que se dedica a diversas ramas de las artesanías, como bordado de hipiles, joyas, talabartería, etc. Le sigue Bacabchén, pueblo agricultor por excelencia; igual que Santa Cruz Pueblo, Sahcabchén, Concepción, Chunhuás, Pucnachén, Xkakoch, ahí se centra el mayor núcleo de pobladores mayas  del municipio que viven de la agricultura, cría de animales, elaboración de hamacas y bordados. (hermosos  pueblos mágicos), ya que todavía conservan sus costumbres y tradiciones, que incluyen fiestas para venerar a sus santos patronos (esto es durante todo el año), que vienen siendo un escaparate lleno de tradición y colorido y que forman parte de nuestra identidad.

Miramos hacia el oriente de la ciudad, ahí se localizan viejos cascos de ex haciendas, allá están las mejores tierras del municipio; actualmente, existen numerosas cooperativas y ejidos de campesinos, que trabajan estas tierras, pero a baja escala, como son: maíz, verduras, cacahuates y frutas; ahí está el futuro de esta tierra, ojalá se pudieran implementar programas para cultivos de riego, dotarlos de mayor infraestructura agrícola, ahí se sentarían las bases del desarrollo de esta tierra para la producción, que aún no ve brillar el sol en el horizonte de su existencia.

Esta tierra ha sido cuna de grandes hombres que han destacado en todos los ámbitos de la cultura, vaya mi reconocimiento a todos ellos.

Calkiní, tierra donde camino con mis manos que hacen historia, admiro la diaria tarea del campesino que siembra los surcos como pudiendo encontrar un camino de luz y esperanza que ilumine su destino. Mi reconocimiento a todos estos hermanos de raza, que a diario se encaminan a sus trabajos. Tierra mía, quisiera adherirme a tus aguas, a tu atmosfera, volverme sol, tierra y viento, ser el rocío de tu aurora para mojar tus mejillas cual perlas cristalinas.

Los gobiernos tienen una deuda pendiente con esta antigua comarca maya, es acreedora a que se impulse su desarrollo económico y progreso, para que se les pueda forjar un mejor horizonte y devolverle la sonrisa al niño, al campesino, al artesano, y demás hijos, para que brille más esa luz, igual que la luminosidad de sus bellos atardeceres, y surjan caminos de progreso y bienestar.

Por último, amada tierra mía, quiero ofrecerte en este presente, que en la hora postrera de mi existencia, al igual que la cigarra, quiero dejar mi alma en tus auroras, en tus océanos. Acógeme en tu seno cuando expire; quiero ser parte de tu alma, que vibra en la presencia de las musas que te cantan. Calkiní, eterno parque de mi espíritu…