El corazón de Ah' Canul - 40
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Destellos democráticos
Estela Hernández Sandoval
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Recientemente, hemos vivido eventos políticos y procesos electorales no dados, en esa magnitud, en tiempos anteriores.

Surgieron candidatos independientes en diferentes lugares de la geografía nacional, dejando de lado la limitante de que para ser votado se debía pertenecer a un partido político. Aunado a esto el ciudadano común participó cumplimentando lo que sintió y pensó que debía hacer y se manifestó en algunos casos a favor de los independientes.

Elevó su voz y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo, se expresó,  como si escuchara las palabras de Martin Luther King: “Hay pocas cosas peores que el apabullante silencio de la gente buena”.

El ciudadano elector, haciendo gala de espíritu cívico, confrontó costumbres políticas establecidas e hizo valoración del desempeño de sus gobernantes en relación con la situación social en la que transcurre la vida cotidiana y votó conforme a derecho haciendo que por  primera vez ganaran  candidatos no impuestos.

Gran triunfo de la democracia. Realmente se viven momentos democráticos nuevos.

Sólo que en la evolución hacia la democracia, no todo es miel sobre hojuelas. Como campechanos asistimos a un fenómeno político fuera de toda lógica que ha sido ampliamente comentado tanto en la prensa local como en la nacional, sin que aquél a quien se culpabiliza como promotor haga algo para desmentir lo que se le atribuye.

 
 

Ciertamente el proceso diferenciador del voto, según José Woldenberg es manifestación de la pluralidad social, y también en la entidad campechana, asistimos a la implantación de diversas ofertas políticas, en competencia unas y otras; donde fueron los ciudadanos quienes tuvieron la última palabra.

Sin embargo, es un clamor general, y expresado fuertemente que, al igual que en el caso de los candidatos a gobernador, en municipios de la entidad se violentó la democracia, pues a ésta la caracterizan la libertad, el derecho a elegir libremente, la autodeterminación, la igualdad política, la transparencia los cuales se vieron contaminados por varios hechos, pero principalmente por “los juegos del hambre”.

Lo más alarmante no es lo que no se dio, sino lo que sí se dio. Y lo que se dio en las esferas locales  fue la falta de ética de responsabilidad personal, partidista y política que debieran ser inherentes a la tarea de todo político y que  denotó  la total ausencia de cultura y conciencia ciudadana y esto es lo más grave.

La masa informe, inhábil para percatarse del manejo de que es objeto, incapaz  de asumir  su ciudadanía activa y conscientemente comprometida con el bien común, se dejó llevar ya por desconocimiento de sus propios derechos constitucionales, por carecer de una capacidad crítica o por la rápida y efímera ganancia que mitiga por un momento su pobreza, haciendo patente lo expresado por Denise Dresser acerca de que “En México es más fácil jugar con las reglas existentes que exigir nuevas”.