
Vivimos
un tiempo de revaloración. El orden global no
ha podido borrar todas las inquietudes y prácticas
antiguas de muchos conglomerados rurales. Desde los
rincones -en muchas regiones- se continúa ejerciendo
conocimientos desconocidos para un público urbano
que cree que lo único real ilumina su contorno
en las pantallas de los televisores y las computadoras.
Tercamente
y por fortuna, la gente sigue buscando sentido a la
existencia con los referentes colectivos que le permitieron
sobrevivir durante siglos, pero hoy los pueblos con
culturas de larga duración toman conciencia de
lo importante que fue mantener vigente su saber, su
manera de lidiar con lo desconocido. También
los investigadores y los educadores comienzan a reconocer,
a tiendas, un pasado mesoamericano rico en procesos
y conocimientos, y la trayectoria -la cosmovisión-
que lo hizo fuerte y cohesivo.
Hoy
este cuerpo de saberes se rearma fragmentariamente,
y cuando los intereses de alguna comunidad coinciden
con las inquietudes de un grupo de investigadores respetuosos
el resultado es sorprendente y lleno de sugerencias;
son muchas las veredas abiertas hacia más descubrimientos
y guiños.
Medicina
maya tradicional es producto de un esfuerzo así.
Sus autores médicos de profesión, se sumergieron
en el trabajo de salud en algunas áreas rurales
de Campeche y comenzaron a atisbar, aunque fragmentario
y desarticulado, lo que parecía un sistema conceptual
en torno al tratamiento de las enfermedades y la ubicación
de sus causas. Lo más sorprendente es que tal
sistema no afloró con toda su fuerza sino hasta
que los investigadores, en un esfuerzo de imaginación,
desecharon muchas de las herramientas que habían
heredado de la práctica médica "occidental"
y comenzaron a usar como imaginario, como universo de
referencia, el sistema conceptual de la medicina china
que por lo menos alguno de ellos había estudiado
a profundidad. Este cambio de concepción, esta
audacia experimental, tuvo efectos que desencadenaron
una cantidad increíble de sucesos . Primero los
autores comenzaron a tender puentes entre los fragmentos
dispersos usando un sistema que les permitiera facilidad;
es la síntesis de milenios de acumulación
de tradiciones y concepciones del cuerpo humano, de
los procesos de salud y enfermedad y el equilibrio de
fuerzas distintas. Sobre todo los médicos mayas
obtuvieron el espejo necesario que les permitió
compartir con mayor soltura y fluidez muchos conocimientos
que otros muchos médicos o antropólogos
habían menospreciado en contactos anteriores.
Es decir, estos médicos mayas, conocedores entregados
a su práctica, sintieron que su búsqueda
era afín, que podían reconsiderar y explicarse
el mundo junto, que había quien recibiera su
saber en forma respetuosa y cercana.
A
éste aportaron su saber y su historia muchos
médicos tradicionales de varias comunidades de
Campeche y Yucatán, principalmente de la región
de camino Real en Campeche, pero ya no como "informantes".
El aprendizaje fue vasto y mutuo -diálogo intercultural
le dicen ahora- e hizo que pudiera conocerse el estado
actual de una acupuntura maya, (tok y su variante jup),
el de las enfermedades producidas por eventos naturales
con influencias de cargas de energía negativa;
xak olal susto, mal de ojo ( Ojo alux) ocasionado por
seres humanos, animales vientos (representantes de los
dioses y dioses de la, naturaleza), chup yo` dzibollal
enfermedades producidas por una insatisfacción,
enfermedades producidas por la maldad del hombre, hechizo
Meyak´as practicada desde mucho tiempo atrás
y que se inscribe en un cuerpo médico más
amplio anclado en la cosmovisión maya. Una visión
integral, a fin de cuentas, que no intenta aislar un
síntoma o fijar una enfermedad sino encontrar
el punto de equilibrio entre las acciones humanas y
las cualidades, fuerzas y fenómenos en que se
mueven.
Este
intento arroja algunas esperanzas: el conocimiento:
"local" sigue teniendo un valor que más
valdría no desperdiciar; este conocimiento será
accesible en la medida en la que se estudie en colaboración
estrecha con sus antiguos y dignos portadores; una colaboración
así será posible si quienes la intentan,
desde este lado de la frontera cultural, no heredan
la carga de menosprecio que nuestras escuelas siguen
prodigando; debemos asumir la responsabilidad compartida
de imaginar nuevas maneras de aproximarnos al saber
antiguo sin idealizar pero dispuestos a mirar, a maravillarnos
con el descubrimiento. Solo así podemos reconocernos
por encima del desperdicio.
|