El corazón de Ah-Canul 4

No. 4

Medicina Tradicional Maya

Alejo Jesús Zúñiga Bautista

 

Vivimos un tiempo de revaloración. El orden global no ha podido borrar todas las inquietudes y prácticas antiguas de muchos conglomerados rurales. Desde los rincones -en muchas regiones- se continúa ejerciendo conocimientos desconocidos para un público urbano que cree que lo único real ilumina su contorno en las pantallas de los televisores y las computadoras.

Tercamente y por fortuna, la gente sigue buscando sentido a la existencia con los referentes colectivos que le permitieron sobrevivir durante siglos, pero hoy los pueblos con culturas de larga duración toman conciencia de lo importante que fue mantener vigente su saber, su manera de lidiar con lo desconocido. También los investigadores y los educadores comienzan a reconocer, a tiendas, un pasado mesoamericano rico en procesos y conocimientos, y la trayectoria -la cosmovisión- que lo hizo fuerte y cohesivo.

Hoy este cuerpo de saberes se rearma fragmentariamente, y cuando los intereses de alguna comunidad coinciden con las inquietudes de un grupo de investigadores respetuosos el resultado es sorprendente y lleno de sugerencias; son muchas las veredas abiertas hacia más descubrimientos y guiños.

Medicina maya tradicional es producto de un esfuerzo así. Sus autores médicos de profesión, se sumergieron en el trabajo de salud en algunas áreas rurales de Campeche y comenzaron a atisbar, aunque fragmentario y desarticulado, lo que parecía un sistema conceptual en torno al tratamiento de las enfermedades y la ubicación de sus causas. Lo más sorprendente es que tal sistema no afloró con toda su fuerza sino hasta que los investigadores, en un esfuerzo de imaginación, desecharon muchas de las herramientas que habían heredado de la práctica médica "occidental" y comenzaron a usar como imaginario, como universo de referencia, el sistema conceptual de la medicina china que por lo menos alguno de ellos había estudiado a profundidad. Este cambio de concepción, esta audacia experimental, tuvo efectos que desencadenaron una cantidad increíble de sucesos . Primero los autores comenzaron a tender puentes entre los fragmentos dispersos usando un sistema que les permitiera facilidad; es la síntesis de milenios de acumulación de tradiciones y concepciones del cuerpo humano, de los procesos de salud y enfermedad y el equilibrio de fuerzas distintas. Sobre todo los médicos mayas obtuvieron el espejo necesario que les permitió compartir con mayor soltura y fluidez muchos conocimientos que otros muchos médicos o antropólogos habían menospreciado en contactos anteriores. Es decir, estos médicos mayas, conocedores entregados a su práctica, sintieron que su búsqueda era afín, que podían reconsiderar y explicarse el mundo junto, que había quien recibiera su saber en forma respetuosa y cercana.

A éste aportaron su saber y su historia muchos médicos tradicionales de varias comunidades de Campeche y Yucatán, principalmente de la región de camino Real en Campeche, pero ya no como "informantes". El aprendizaje fue vasto y mutuo -diálogo intercultural le dicen ahora- e hizo que pudiera conocerse el estado actual de una acupuntura maya, (tok y su variante jup), el de las enfermedades producidas por eventos naturales con influencias de cargas de energía negativa; xak olal susto, mal de ojo ( Ojo alux) ocasionado por seres humanos, animales vientos (representantes de los dioses y dioses de la, naturaleza), chup yo` dzibollal enfermedades producidas por una insatisfacción, enfermedades producidas por la maldad del hombre, hechizo Meyak´as practicada desde mucho tiempo atrás y que se inscribe en un cuerpo médico más amplio anclado en la cosmovisión maya. Una visión integral, a fin de cuentas, que no intenta aislar un síntoma o fijar una enfermedad sino encontrar el punto de equilibrio entre las acciones humanas y las cualidades, fuerzas y fenómenos en que se mueven.

Este intento arroja algunas esperanzas: el conocimiento: "local" sigue teniendo un valor que más valdría no desperdiciar; este conocimiento será accesible en la medida en la que se estudie en colaboración estrecha con sus antiguos y dignos portadores; una colaboración así será posible si quienes la intentan, desde este lado de la frontera cultural, no heredan la carga de menosprecio que nuestras escuelas siguen prodigando; debemos asumir la responsabilidad compartida de imaginar nuevas maneras de aproximarnos al saber antiguo sin idealizar pero dispuestos a mirar, a maravillarnos con el descubrimiento. Solo así podemos reconocernos por encima del desperdicio.