Desde el principio de los tiempos a la mujer se le ha
concedido un segundo lugar, fue formada después
de Adán y únicamente porque al varón
se le vio demasiado solo. Se le dio vida, nos dicen,
para solaz del hombre, y se le concibió como
supeditada al hombre, su amo y señor; en una
interpretación hecha a la pintura del gran Miguel
Ángel Buonarroti leemos "Y Eva, (…)
dirige una mirada entre anhelosa y tímida a su
señor y dueño" y así considerada
objeto y posesión vivió durante muchos
años.
Cuando
en una familia nacía un nuevo miembro, la recepción
de que era objeto dependía de su sexo. Incluso
hasta nuestros días, muchos esposos se regocijan
ante el nacimiento de un niño y aceptan con resignación
la llegada de una niña.
En
nuestra cultura occidental, desde que se sabe el sexyo
al que pertenece el nuevo ser, comienza a educársele
de diferente manera. Si es una niña y los medios
económicos son suficientes puede permitírsele,
llegado el momento, asistir a una escuela de nivel superior,
si así lo desea; pero, cuando hay que elegir
se opta porque sea el varón quien tenga la oportunidad
de incursionar en el medio escolarizado porque, se dice,
él debe adquirir las competencias necesarias
para desenvolverse en la vida y a la mujer se le prepara
en las labores del hogar, subvaluadas y no remuneradas.
Para
cumplir con los roles asignados no era necesario dar
mayor educación a la mujer, que la doméstica,
nadie se preocupaba porque estudiara y esto lamentablemente
sucedía en todo el mundo. Bajo estas circunstancias
y a través de la historia nos enteramos de una
Josefa Ortiz de Domínguez que al querer avisar
al cura Hidalgo sobre el descubrimiento de la conspiración
libertaria, por ellos y otros tramada, se encuentra
incapacitada para mandarle un mensaje escrito por no
tener las habilidades ni los conocimientos necesarios,
para hacerlo, o también sabemos de una Leona
Vicario, preclara autodidacta, quien mucho se sorprende
cuando un día trabajando en la cocina con un
cuchillo se hiere un dedo y descubre su sangre era roja,
tan roja como la de las personas a su servicio.
Por
largas décadas a las niñas se les educó
para creer que tenían que encogerse en la sumisión,
en el miedo, es decir educadas en la desvalorización
de sí mismas. Sin horizontes ni futuro promisorio
para ellas.
Tras
muchas luchas y enfrentamientos contra quien decide
las cosas por ellas, en los momentos actuales la mujer
no tiene porque pensar en disfrazarse de hombre para
poder asistir a la universidad como lo deseara hacer
Juana de Asbaje, ahora se pone los pantalones para lucirlos,
para moverse con mayor comodidad y olvidándose
cada vez más de las faldas y de los zapatos con
altos y agudos tacones, se ha incorporado con soltura
al medio escolarizado.
Sin
embargo, hoy en día aunque la educación
básica es obligatoria para mexicanos
y mexicanas, observamos desigualdad entre el medio urbano
y el rural, pero fundamentalmente en el medio indígena,
tan marginado de por sí. Si bien debemos reconocer
son notables los avances desde aquel año de 1953
en que se le concede a la mujer carta de ciudadanía
y que ha habido transformaciones en el campo educativo
a favor de la misma, sabemos que las mujeres continúan
representando la mayoría de personas que son
analfabetas en México. Lo cual quiere decir aún
hay jóvenes que no saben leer y escribir, y aunque
el sistema escolar no ayuda mucho a ser personas autónomas,
responsables, con verdaderas capacidades para vivir
la vida, sí proporciona determinada preparación.
Niños y niñas asisten a la escuela conjuntamente
y continúan sus estudios más allá
del nivel básico y aunque la presencia femenina
no es del todo satisfactoria en educación superior
muchas de ellas continúan.
Ahora
ella sabe que puede, sabe que sabe y cultiva aún
más sus talentos. En la escuela como estudiante
ocupa, casi siempre, los primeros lugares y al graduarse
se inserta en el mundo laboral con éxito.
En
este proceso educativo y revolucionario la mujer ha
adquirido habilidades y desarrollado capacidades y competencias
que le han permitido convertirse en una persona productiva,
colaboradora, persistente y tenaz y ganar puestos y
terrenos antaño exclusivamente masculinos. Ha
comprendido que tiene mucho
que hacer y mucho que aprender. Estos cambios positivos
han nacido de la conciencia, antecedente y consecuente
de las transformaciones personales y sociales vividas.
Sin
embargo, es necesario no sólo intensificar las
vías de impulso para que la presencia femenina
se incremente en las áreas de conocimientos matemáticos,
física, química y los propios de las ingenierías,
sino que es indispensable, no ceder ante presiones sutiles
o abiertas para que las mujeres las abandonen cuestionando
su capacidad intelectual. No podemos transitar las mujeres
en el nuevo milenio, manteniendo ese miedo ante las
profesiones consideradas netamente masculinas.
En
este imaginario social, la mujer se ha hecho cargo de
ir construyendo, de ir creando ese mundo de igualdad
que dice querer y en este bregar el hombre se va sintiendo
más cómodo con la mujer como su igual.
Beneficiarios mutuos del bien obtenido.
Los
logros femeninos obtenidos han costado muchos esfuerzos
y sacrificios, y si fue difícil el problema de
cambiar la infraestructura, ha sido más, quitar
esquemas y representaciones para que, a la vez se fuera
formando una nueva mentalidad en torno a este hecho
y derecho de la mujer: su educación. No es momento
de hacer altos en el camino, hay que seguir adelante
en la consolidación de ese estatus al cual toda
mujer tiene derecho.
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