El corazón de Ah-Canul 4

No. 4

La Mujer Mexicana en la Educación Formal

Estela Hernández Sandoval

 

Desde el principio de los tiempos a la mujer se le ha concedido un segundo lugar, fue formada después de Adán y únicamente porque al varón se le vio demasiado solo. Se le dio vida, nos dicen, para solaz del hombre, y se le concibió como supeditada al hombre, su amo y señor; en una interpretación hecha a la pintura del gran Miguel Ángel Buonarroti leemos "Y Eva, (…) dirige una mirada entre anhelosa y tímida a su señor y dueño" y así considerada objeto y posesión vivió durante muchos años.

Cuando en una familia nacía un nuevo miembro, la recepción de que era objeto dependía de su sexo. Incluso hasta nuestros días, muchos esposos se regocijan ante el nacimiento de un niño y aceptan con resignación la llegada de una niña.

En nuestra cultura occidental, desde que se sabe el sexyo al que pertenece el nuevo ser, comienza a educársele de diferente manera. Si es una niña y los medios económicos son suficientes puede permitírsele, llegado el momento, asistir a una escuela de nivel superior, si así lo desea; pero, cuando hay que elegir se opta porque sea el varón quien tenga la oportunidad de incursionar en el medio escolarizado porque, se dice, él debe adquirir las competencias necesarias para desenvolverse en la vida y a la mujer se le prepara en las labores del hogar, subvaluadas y no remuneradas.

Para cumplir con los roles asignados no era necesario dar mayor educación a la mujer, que la doméstica, nadie se preocupaba porque estudiara y esto lamentablemente sucedía en todo el mundo. Bajo estas circunstancias y a través de la historia nos enteramos de una Josefa Ortiz de Domínguez que al querer avisar al cura Hidalgo sobre el descubrimiento de la conspiración libertaria, por ellos y otros tramada, se encuentra incapacitada para mandarle un mensaje escrito por no tener las habilidades ni los conocimientos necesarios, para hacerlo, o también sabemos de una Leona Vicario, preclara autodidacta, quien mucho se sorprende cuando un día trabajando en la cocina con un cuchillo se hiere un dedo y descubre su sangre era roja, tan roja como la de las personas a su servicio.

Por largas décadas a las niñas se les educó para creer que tenían que encogerse en la sumisión, en el miedo, es decir educadas en la desvalorización de sí mismas. Sin horizontes ni futuro promisorio para ellas.

Tras muchas luchas y enfrentamientos contra quien decide las cosas por ellas, en los momentos actuales la mujer no tiene porque pensar en disfrazarse de hombre para poder asistir a la universidad como lo deseara hacer Juana de Asbaje, ahora se pone los pantalones para lucirlos, para moverse con mayor comodidad y olvidándose cada vez más de las faldas y de los zapatos con altos y agudos tacones, se ha incorporado con soltura al medio escolarizado.

Sin embargo, hoy en día aunque la educación básica es obligatoria para mexicanos y mexicanas, observamos desigualdad entre el medio urbano y el rural, pero fundamentalmente en el medio indígena, tan marginado de por sí. Si bien debemos reconocer son notables los avances desde aquel año de 1953 en que se le concede a la mujer carta de ciudadanía y que ha habido transformaciones en el campo educativo a favor de la misma, sabemos que las mujeres continúan representando la mayoría de personas que son analfabetas en México. Lo cual quiere decir aún hay jóvenes que no saben leer y escribir, y aunque el sistema escolar no ayuda mucho a ser personas autónomas, responsables, con verdaderas capacidades para vivir la vida, sí proporciona determinada preparación. Niños y niñas asisten a la escuela conjuntamente y continúan sus estudios más allá del nivel básico y aunque la presencia femenina no es del todo satisfactoria en educación superior muchas de ellas continúan.

Ahora ella sabe que puede, sabe que sabe y cultiva aún más sus talentos. En la escuela como estudiante ocupa, casi siempre, los primeros lugares y al graduarse se inserta en el mundo laboral con éxito.

En este proceso educativo y revolucionario la mujer ha adquirido habilidades y desarrollado capacidades y competencias que le han permitido convertirse en una persona productiva, colaboradora, persistente y tenaz y ganar puestos y terrenos antaño exclusivamente masculinos. Ha comprendido que tiene mucho que hacer y mucho que aprender. Estos cambios positivos han nacido de la conciencia, antecedente y consecuente de las transformaciones personales y sociales vividas.

Sin embargo, es necesario no sólo intensificar las vías de impulso para que la presencia femenina se incremente en las áreas de conocimientos matemáticos, física, química y los propios de las ingenierías, sino que es indispensable, no ceder ante presiones sutiles o abiertas para que las mujeres las abandonen cuestionando su capacidad intelectual. No podemos transitar las mujeres en el nuevo milenio, manteniendo ese miedo ante las profesiones consideradas netamente masculinas.

En este imaginario social, la mujer se ha hecho cargo de ir construyendo, de ir creando ese mundo de igualdad que dice querer y en este bregar el hombre se va sintiendo más cómodo con la mujer como su igual. Beneficiarios mutuos del bien obtenido.

Los logros femeninos obtenidos han costado muchos esfuerzos y sacrificios, y si fue difícil el problema de cambiar la infraestructura, ha sido más, quitar esquemas y representaciones para que, a la vez se fuera formando una nueva mentalidad en torno a este hecho y derecho de la mujer: su educación. No es momento de hacer altos en el camino, hay que seguir adelante en la consolidación de ese estatus al cual toda mujer tiene derecho.