Un rescate fortuito dio lugar al descubrimiento de una joya literaria única en el llamado mundo maya. Corría el año 1947 cuando un anónimo campesino dzitbalchense, llegó hasta el establecimiento de un anticuario en la ciudad de Mérida.
Pretendía vender un legajo de dieciséis papeles escritos en maya yucateco con caracteres alfabéticos occidentales. El comerciante se negó a comprarlos debido al estado de deterioro del documento. En ese momento se encontraba ahí el destacado lingüista maxcanuense Alfredo Barrera Vásquez. Este, examinó brevemente los escritos y le pareció interesante su contenido, pagándole al labrador los diez pesos que pedía por ellos.
El ilustre lingüista yucateco tardo más de diez años en traducirlos del maya al español, dándolos a conocer al mundo como: El Libro de los Cantares de Dzitbalche, en 1965.
Los años pasaron volando. A principios de la década de los noventa del siglo XX, aparecieron en la revista Proceso, en la legendaria columna” Inventario”, del poeta con raíces campechanas, José Emilio Pacheco, unos versos con el título: “Poemas Mayas”.
En realidad se trataba específicamente de una versión del libro de los Cantares de Dzitbalché, pero que tiene como punto de referencia la traducción de Barrera Vásquez.
Es preciso decir que la buena fortuna reúne al misterioso Ah Bam, autor de los cantares con el poeta contemporáneo José Emilio Pacheco, recientemente fallecido, sin la intervención del tiempo, que en el mundo de la literatura es totalmente manejable.
Álvaro Abreu, destacado arqueólogo campechano puso en manos del no menos prominente artista del pincel, Damián Valencia a quien le propone llevar a cabo una versión ilustrada de los poemas. Valencia plasma en expresivos y coloridos catorce cuadros, la dinámica y la intensidad de los hechos y creencias de nuestros antepasados. Damián no vería la cristalización del proyecto, al sorprenderlo la muerte en el año 2002. Por tanto, las acciones se interrumpieron. Finalmente, unos años después lo que parecía un lejano sueño se convierte en realidad. Así nace la Estrella Humeante. Sin embargo, esta obra conjunta de Pacheco y Valencia no tiene la más mínima intención de desplazar la traducción de los Cantares de Dzitbalché.
Lo que hace José Emilio Pacheco en “La Estrella Humeante” es una “aproximación” como él mismo afirma. Como buen literato se da el privilegio de actualizar el lenguaje antiguo, dándole una vida más dinámica y concreta al lenguaje. Por su parte, Damián Valencia le imprime colorido a cada uno de los Cantares. Pero lo más importante, es que a través de su mágica habilidad plástica, dota a las escenas de vida propia.
Por cuestiones de espacio soló se presenta aquí, el cantar 1 de “La estrella humeante” para un análisis somero y claro. |