El corazón de Ah' Canul - 37
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José Emilio Pacheco y Damián Valencia en...
La Estrella Humeante
Jorge Jesús Tun Chuc
Portada - 37
 

"El libro de las danzas de los
antiguos hombres que, era costumbre
hacer aquí en los pueblos cuando aún
no llegaban los hombres blancos”.

Ah Bam
Bisnieto del gran Ah culel del pueblo de Dzitbalche y autor de los Cantares.
 
Alfredo Barrera Vásquez
 

Un rescate fortuito dio lugar al descubrimiento de una joya literaria única en el llamado mundo maya. Corría el año 1947 cuando un anónimo campesino dzitbalchense, llegó hasta el establecimiento de un anticuario en la ciudad de Mérida.

Pretendía vender un legajo de dieciséis papeles escritos en maya yucateco con caracteres alfabéticos occidentales. El comerciante se negó a comprarlos debido al estado de deterioro del documento. En ese momento se encontraba ahí el destacado lingüista maxcanuense Alfredo Barrera Vásquez. Este, examinó brevemente los escritos y le pareció interesante su contenido, pagándole al labrador los diez pesos que pedía por ellos.

El ilustre lingüista yucateco tardo más de diez años en traducirlos del maya al español, dándolos a conocer al mundo como: El Libro de los Cantares de Dzitbalche, en 1965.

Los años pasaron volando. A principios de la década de los noventa del siglo XX, aparecieron en la revista Proceso, en la legendaria columna” Inventario”, del poeta con raíces campechanas, José Emilio Pacheco, unos versos con el título: “Poemas Mayas”.

En realidad se trataba específicamente de una versión del libro de los Cantares de Dzitbalché, pero que tiene como punto de referencia la traducción de Barrera Vásquez.

Es preciso decir que la buena fortuna reúne al misterioso Ah Bam, autor de los cantares con el poeta contemporáneo José Emilio Pacheco, recientemente fallecido, sin la intervención del tiempo, que en el mundo de la literatura es totalmente manejable.

Álvaro Abreu, destacado arqueólogo campechano puso en manos del no menos prominente artista del pincel, Damián Valencia a quien le propone llevar a cabo una versión ilustrada de los poemas. Valencia plasma en expresivos y coloridos catorce cuadros, la dinámica y la intensidad de los hechos y creencias de nuestros antepasados. Damián no vería la cristalización del proyecto, al sorprenderlo la muerte en el año 2002. Por tanto, las acciones se interrumpieron. Finalmente, unos años después lo que parecía un lejano sueño se convierte en realidad. Así nace la Estrella Humeante. Sin embargo, esta obra conjunta de Pacheco y Valencia no tiene la más mínima intención de desplazar la traducción de los Cantares de Dzitbalché.

Lo que hace José Emilio Pacheco en “La Estrella Humeante” es una “aproximación” como él mismo afirma. Como buen literato se da el privilegio de actualizar el lenguaje antiguo, dándole una vida más dinámica y concreta al lenguaje. Por su parte, Damián Valencia le imprime colorido a cada uno de los Cantares. Pero lo más importante, es que a través de su mágica habilidad plástica, dota a las escenas de vida propia.

Por cuestiones de espacio soló se presenta aquí, el cantar 1 de “La estrella humeante” para un análisis somero y claro.

 

Cantar 1
ALABANZA

Entre la milpa besaré tu boca.
Tienes que despertar, hermosa y blanca.
El día de dicha ha llegado
Ponte tu mejor ropa,
peina tu larga cabellera,
calza tus mejores sandalias,
Cuélgate grandes arracadas
Cubre tu cabeza con la mejor tela.
Que el collar adorne tu hermoso cuello
y se llenen de ajorcas tus brazos.
Es necesario que te vean como eres:
la más bella de todas
aquí en el pueblo de Dzitbalché.

Te amo
Quiero que luzcas de verdad hermosa,
parecida a la Estrella Humeante,
deseada hasta por la luna
y las flores del campo.

Blancos y puros son tus vestidos, doncella.
Ven a dar la alegría de tu risa.
Llena tu corazón de bondad
para que alegres a todos los que te aman.

Entre la milpa besaré tu boca.
Tienes que despertar, hermosa y blanca.

 

En el sentido estricto de la palabra, José Emilio Pacheco, juega, malabarea, cambia términos de la traducción original ya en desuso por otros actualmente vigentes. Incluso, Pacheco imprime un nuevo orden a determinados versos dentro de una estrofa. Veamos.

En el primer Cantar que Pacheco intitula “Alabanza”, los dos versos que forman la estrofa 1 son en realidad el 6,7,8 y 9 de la portada en la traducción de Barrera Vásquez , pero José Emilio Pacheco los condensa en solo dos. Las estrofas 2,3,4 y 5 de “Alabanza”, son originalmente los 25 versos que integran el Cantar 15, sin título; en la traducción de Alfredo Barrera Vásquez. Al final, la última estrofa de “Alabanza” es la repetición de la primera del mismo cantar.

José Emilio Pacheco va aún más allá. El cantar 4, “Vamos al Recibimiento de la Flor”, le da un nuevo título: “Recibimiento de la flor”, convirtiéndolo en el cantar 2. Originalmente está escrito en 47 versos cortos, Pacheco los transforma en prosa de tres párrafos.

Estos, son algunos de los ejemplos del reacomodo literario que hace el poeta José Emilio Pacheco en esta obra presentada en 2012. Con la observación de que El libro de los Cantares de Dzitbalché, traducido por el prominente lingüista yucateco, seguirá siendo el punto de partida ineludible para el estudio de la cosmogonía y la idiosincrasia de los antiguos mayas peninsulares. Sin duda, esta obra brillará por siempre como la hermosa Estrella Humeante que surge majestuosa entre los árboles del bosque.

 
José Emilio Pacheco