El corazón de Ah' Canul - 37
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El Códice de Calkiní
Estela Hernández Sandoval
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Los antiguos mayas dejaron textos escritos en diferentes materiales –piedra, muros, incluso en tiras de papel amate o de piel de venado−, desafortunadamente, hasta el día de hoy, pocos de los jeroglíficos utilizados han sido descifrados, por lo que su contenido, en su mayoría, aún nos es desconocido.

Antes de la llegada de los españoles, como durante mucho tiempo después, el dominio de la escritura no estaba al alcance de todos, era exclusivo privilegio de reyes y sacerdotes, el pueblo conocía mucho de su historia y cultura.

Esta memoria colectiva fue la que finalmente, preservó la identidad maya y algunos de sus hombres, una vez aprendido el alfabeto latino enseñado por los franciscanos, escribieron, con los nuevos caracteres, libros que contenían su pasado, sus vivencias y emociones ante los españoles y su conquista.

Bajo el establecimiento del régimen español, y para atender los conflictos entre los propios indígenas, en 1591, surge el Juzgado General de Indios de Yucatán y con él el escribano como un funcionario indispensable. Su función era escribir cartas, autos, memoriales, peticiones, probanzas de méritos y servicios; solicitudes y todo cuanto surgiera o quisieran comprobar los súbditos mayas ante la corona.

Estas circunstancias, su combinación, dieron origen a una serie de documentos que claramente manifiestan el sentir y el espíritu maya pero usando el alfabeto latino y que hoy en día nos permiten conocer la cultura de este pueblo y su transformación a partir del contacto con la cultura europea del conquistador.

En este tenor surge el Códice de Calkiní, que es una compilación de varias testificaciones producidas en diversas épocas, cuyo contenido nos permite calificarlo como un libro histórico y administrativo de la comunidad. Está conformado por once textos −según Alfredo Barrera Vásquez, porque Okoshi Harada afirma que son 13−, escritos en maya yucateco, redactado a fines de S. XVI, recolectados a mediados de la centuria siguiente −la fecha más antigua consignada data de 1579−, y finalmente copiados en un cuaderno alrededor de 1800. En esos mismos años se le integran dos textos, el último de ellos escrito el 20 de noviembre de 1821 y que a diferencia de los textos más antiguos, son escritos en español.

Según cuenta el historiador campechano don Gustavo Martínez Alomía, citado por Barrera Vázquez en su libro, Códice de Calkiní, (p. 11), hacia 1867 quien era la autoridad en Calkiní obsequió este documento al señor Faustino Franco. Esta es una versión, la otra, manejada por Okoshi Harada (2009), es que se lo prestó a dicho señor y nunca lo devolvió. La cuestión es que poco después, aparece una revisión del manuscrito hecha por Juan Francisco Molina Solís quien lo pasa a manos del obispo Crescencio Carrillo y Ancona; a la muerte de éste, comienza el nebuloso paradero del Códice de Calkiní. En 1897 el documento aparece agregado al Chilam Balam de Chumayel para, un poco después, desaparecer por mucho tiempo, luego aparece como parte de la colección privada de William Gates, quien el 1935 publica un facsimilar; posteriormente estuvo en poder de Robert Garret quien lo dona a la Universidad de Princeton lugar donde se encuentra actualmente.

El Códice de Calkiní pierde sus primeras diez páginas, pero, por lo tratado en las páginas 11 y 12 se colige que contenían una relación de los Batabes y oficiales de Chulihá, Tuchicán, Maxcanú, Nohcacab, Bécal y Tepakam, es de hacer notar que en esta relación no habla de los señores de Calkiní y Nunkiní.

Originalmente la Crónica era una sola pieza escrita por los bataob de Calkiní, Nunkiní y Kulkab, pero los Canché –antiguos gobernantes del Cuchcabal de Dzitbalché−, lo modifican, con lo que el Códice se convierte en una “historia compartida”, que habla de la historia prehispánica de los Canul y también de los Canché.

Los españoles reconocían la condición social previa a la conquista, por lo que los Canché queriendo demostrar la antigüedad de su linaje –su ch'ibalob−, lo intervienen y lo revuelven al dividirlo en tres partes, y lo único que queda claro, en una de ellas, es que Na May Canché, condujo a los canul, tras la caída de Mayapán, a esta zona occidental de la Península de Yucatán, y que ellos, los Canché, eran los habitantes más antiguos de la región y por lo tanto, quienes tenían más derecho que los Canul (ahora sí con mayúscula) a gobernar. Con esta argumentación los de Dzitbalché, adquirieron la legitimidad para acceder y conservar el poder; Na Pot Canché es el primer batab de los calkinienses en la etapa colonial.

Las declaraciones vertidas en la primera parte, por el orden que le dieran los Canché al Códice, no coincide con otra de las partes. Esta última y a la que hacemos alusión, sí presenta una relación de los principales de Calkiní, de lo que sucedió en tiempos de la invasión española y de la historia de los Canul y no aparece mención sobre los Canché, se presupone fue escrita por los Canul. Como quiera que sea, el Códice en definición del historiador campechano don Gustavo Martínez Alomía, (…) “es un cuaderno manuscrito muy antiguo que contiene varias relaciones de la manera como poblaron los indios de aquel lugar, después de la destrucción de Mayapán; del viaje de los conquistadores a través del cacicazgo de Acanul, de que Calkiní era la capital; de la resistencia que se hizo allí a Montejo y su entrada triunfal con otros datos curiosos acerca de las antigüedades mayas”.

La presencia del amanuense –el escribano surgido en 1591 con el Juzgado General de Indios−, se nota en la recopilación del evento acaecido el 21 de abril de 1579 en el que discuten el batab de Mopilá Ah Tzab Euán con su homólogo Na Chan Che Canul, sobre los límites de los montes de Calkiní. Ahí el batab de los calkinienses, según Barrera Vásquez en Códice de Calkiní”, 1984, (p.20) expresa: “Nadie meterá rencilla a nuestros hijos en los días que vienen ahora, ni meterán cizaña nuestros hijos en el futuro tampoco, porque somos hermanos con vosotros”. El escribano es Pedro Kuk quien recopila posteriormente el evento con el estilo diplomático español, del cual se habían apropiado los escribanos.

En fecha posterior pero sin datarla, el escribano Juan Canul, utilizando también el mismo estilo, habló también, sobre los montes de Calkiní, pero ahora con los batabob de Nunkiní. En este pasaje ya cuentan con nombre español los personajes firmantes: Francisco Chim, Alonso Canché, Gonzalo Canul, entre otros.

La autoridad española, cuando le eran presentados los escritos indígenas en el Juzgado General de Indios de Yucatán, reconocía su legalidad, lo que propició que los escribanos mayas calkinienses redactaran más documentos como los aquí mencionados.

El Códice nos habla, además, de otros sucesos como el de la gran congregación hecha hacia 1582, en la que 8 poblados –Halachó, Kinlakam, Kulcab, Mopilá, Nunkiní, Panbilchén, Sacalum, Siho−, son concentrados en Calkiní por los franciscanos, formando barrios en éste. Invitamos a todos, pero especialmente a los calkinienses a acercarse a este importante documento y conocer el pasado histórico.